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El Manifiesto Comunista estableció la tesis fundamental del marxismo sobre la táctica de la lucha política: “Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero al mismo tiempo defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de este movimiento.” En nombre de ello, en 1848, Marx apoyó en Polonia al partido de la “revolución agraria”, es decir, al “partido que efectuó en 1846 la insurrección de Cracovia”. En Alemania, Marx apoyó en 1848 y 1849 a los demócratas revolucionarios extremos, y jamás se retractó después de lo que entonces dijo en materia de táctica.

La burguesía alemana era para el un elemento “inclinado desde el primer instante a traicionar al pueblo [sólo la alianza con los campesinos hubiera permitido a la burguesía alcanzar plenamente sus objetivos] y a llegar a un compromiso con los representantes coronados de la vieja sociedad”. Veamos el análisis completo hecho por Marx de la posición de clase de la burguesía alemana en la época de la revolución democratico-burguesa, análisis que es, entre otras cosas, un modelo de materialismo que enfoca a la sociedad en movimiento y, por cierto, no sólo desde el ángulo del movimiento hacía atrás: “ ... sin fe en sí misma y sin fe en el pueblo; gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo; intimidada por la tempestad mundial; sin energía en ningún sentido y plagiando a todos; sin iniciativa; un viejo maldito que está condenado a dirigir y a desviar, en su propio interés senil, los prime- ros impulsos juveniles de un pueblo robusto [...]” (Nueva gaceta renana, 1848; véase La herencia literaria, t. III, pág. 212). Unos veinte años después, en carta dirigida a Engels (III, 224), decía Marx que la revolución de 1848 había fracasado porque la burguesía prefirió la paz con esclavitud a la sola perspectiva de luchar por la libertad. Cuando se cerró el periodo revolucionario de 1848-1849, Marx se opuso a cualquier intento de jugar a la revolución (lucha contra Scliapper y Willich), y exigió capacidad para trabajar en la época de una nueva fase de preparación, supuestamente “pacífica”, de nuevas revoluciones. Por la apreciación que sigue acerca de la situación de Alemania en los tiempos de la más cerrada reacción, en 1856, se ve con qué espíritu exigía Marx que se realizara esa labor: “Todo el asunto dependerá en Alemania de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con una segunda edición de la guerra campesina” (Correspondencia con Engels, t. II , pág. 108) Mientras la revolución democrática (burguesa) en Alemania estaba in- completa, Marx concentró toda su atención en la táctica del proletariado socialista, en desarrollar la energía democrática de los campesinos. Opinaba que Lassalle había cometido, “objetivamente, una traición al movimiento obrero en beneficio de Prusia” (III, 210), entre otras cosas porque se mostraba demasiado indulgente con los terratenientes y el nacionalismo prusiano. “En un país agrario -escribía Engels en 1865, en un cambio de impresiones con Marx a propósito de una proyectada intervención conjunta en la prensa- es una cobardía atacar únicamente a la burguesía en nombre del proletariado industrial, olvidando la patriarcal ‘explotación a palos’ de los obreros rurales por parte de la nobleza feudal” (t. III, 217). En el período que va de 1864 a 1870, cuando to Marx exigía una táctica revolucionaria que fuera tan implacable en la lucha contra Bismarck como contra los austrófilos, una táctica que no se adaptara al “vencedor”, al junker prusiano, sino que reanudase inmediata- mente la lucha revolucionaria contra él, también en la situación creada por las victorias militares de Prusia (Correspondencia con Engels, 111, 134, 136, 147, 179, 204, 210, 215, 418, 437, 440-441). En el famoso llamamiento de la Internacional del 9 de setiembre de 1870 Marx prevenía al proletariado francés contra un alzamiento inoportuno; no obstante, en 1871, cuando éste a pesar de todo se produjo, acogió con entusiasmo la iniciativa revolucionaria de las masas que “tomaban el cielo por asalto” (carta de Marx a Kugelmann). En esta situación, como en muchas otras, la derrota de la acción revolucionaria representaba, desde el punto de vista del materialismo dialéctico de Marx, un mal menor en la marcha general y en el desenlace de la lucha proletaria, que el abandono de las posiciones conquistadas, que la capitulación sin lucha. Esta capitulación habría desmoralizado al proletariado y disminuido su combatividad. Marx, que apreciaba en todo su valor el empleo de los medios legales de lucha en los períodos de estancamiento político y de dominio de la legalidad burguesa, condenó severamente, en 1877 y 1878, después de promulgarse la ley de excepción contra los socialistas(37), las “frases revolucionarias” de un Most; aunque se lanzó quizá más severo aun contra el oportunismo que por entonces se había adueñado temporalmente del partido socialdemócrata oficial, que no había sabido dar pruebas inmediatas de firmeza, decisión, espíritu revolucionario y disposición a pasar a la lucha ilegal en respuesta a la ley de excepción. FIN.