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«Estamos ante una situación trágica que no puede prolongarse».  «Primero, es urgente que cese la violencia.» «Estamos totalmente de acuerdo en la necesidad de estudiar sanciones graduales contra todos los responsables de la violencia.» «Esperamos del Gobierno ucraniano que garantice las libertades democráticas, especialmente la posibilidad de manifestarse pacíficamente, que defienda vidas y que no aplique violencia»  «Es deber de todo gobierno garantizar las posibilidades de libertad de expresión. Actualmente esto no es suficientemente posible en Ucrania» «Estamos extremadamente preocupados e indignados por la manera en que se fuerza el dictado de leyes que cuestionan esas libertades»

 

Las anteriores declaraciones, hoy día, bien podrían entenderse como una exigencia al gobierno de Kiev de cesar el asesinato en masa de la población de Donetsk y Lugansk. En realidad, las declaraciones son de Angela Merkel, canciller alemana y a la cabeza de la política de la Unión Europea. Se hicieron cuando en Ucrania gobernaba Yanukovich y no el actual gobierno “maidanista”, con una participación activa en varios ministerios del partido fascista Svoboda. Las declaraciones alemanas trataban de prohibir cualquier represión contra los militantes de Sector Derecho, organización nazi, a quienes hoy se reconoce oficialmente en Ucrania como fuerza armada, bajo el parapeto de la Guardia Nacional. Y, por supuesto, estas declaraciones “pacifistas” caen hoy en el olvido, cuando Yanukovich ya no preside el gobierno y el ejército ucraniano y la Guardia Nacional encabezan la represión contra las repúblicas populares fundadas en la parte oriental del país.

En el terreno militar, las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk demostraron en un primer momento una capacidad sorprendente de lograr equilibrio en el campo de batalla en enfrentamientos de infantería. Los asesores de la OTAN, sin embargo, sugirieron al mando militar ucraniano una forma nueva de enfrentarse a las repúblicas: aprovechar la superioridad en armas pesadas del Ejército Ucraniano para evitar los enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Los bombardeos con artillería pesada y el uso de la aviación, cumple un papel fundamental en estos momentos. Se ha reportado el uso de armas químicas en zonas urbanas de Slaviansk, incluyendo el fósforo blanco. Este tipo de bombardeos cumplen un objetivo estratégico: no tanto desarmar o aniquilar a la “milicia rebelde”, sino sobre todo, generar una oleada de refugiados que huyan de las ciudades: si no puedes pescar a los peces, quítales el agua.

En el momento en que se escribe este artículo, las últimas noticias son la captura por parte de la milicia de Donestk de 250 tanques en una base de reserva ucraniana, con el que pretenden formar su primera división blindada; así como el despliegue de tropas rusas en la frontera con Ucrania. Esto, podría devolver una situación de equilibrio estratégico  a la guerra.

En el plano político, parece claro que el actual conflicto tiene dos aspectos. La rebelión en Donetsk y Lugansk tiene un claro carácter antifascista y un importante componente obrero y popular. Sin embargo, el movimiento está dirigido por fuerzas cuyo proyecto consiste en escapar del dominio del imperialismo reaccionario de la UE... ...para unirse al imperialismo regional ruso. Rusia, con un apoyo limitado a la rebelión, puede jugar un papel coyuntural de apoyo a las fuerzas antifascistas, pero sus intereses a largo plazo en Ucrania son de defensa militar, influencia geopolítica, comercial, de exportación de capitales y zona de paso de hidrocarburos con destino a la Unión Europea. El proyecto de la clase obrera ucraniana, no sólo consiste en derrotar a la maquinaria del imperialismo europeo y sus títeres fascistas asentados en Kiev, sino en tomar las riendas de su propio destino y construir el socialismo.

Por otro lado, las últimas noticias parecen refrendar que en el “bando occidental” quien domina los acontecimientos es el imperialismo estadounidense. Recientemente, ha sido cancelado el proyecto “South Stream”, para construir un gasoducto entre Rusia y Bulgaria a través del Mar Negro, evitando el territorio ucraniano. Las presiones de la embajada estadounidense han sido claves. El corte de suministro de gas a través de Ucrania, intentos de sabotaje de los gasoductos y los intentos de compra del sistema de gasoductos por monopolios estadounidenses parecen confirmar que Estados Unidos pretende arreciar el conflicto entre Rusia y la UE, haciendo a esta última más dependiente del imperialismo norteamericano.

La respuesta rusa no se ha hecho esperar, firmando un macro-acuerdo comercial con China, para el abastecimiento energético, el intercambio de mercancías y la construcción de infraestructuras entre los dos países.

Hace 100 años, Lenin escribió su famoso tratado “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. En él, refutaba la posibilidad del “ultra-imperialismo”, es decir, de un único gobierno mundial, con una única potencia dominando el conjunto del globo pacíficamente. La supremacía de los Estados Unidos tras la contrarrevolución en la URSS en los años 90, pudo hacer parecer que esta situación podría llegar a darse. Sin embargo, parece claro que poco a poco, los bloques imperialistas van creciendo, desarrollando sus ejércitos, firmando sus acuerdos públicos y camuflando su diplomacia secreta, en un proceso en que el imperialismo muestra todas sus contradicciones y que plantea sólo dos alternativas: o la burguesía nos lleva a la guerra imperialista o la clase obrera toma las riendas y construimos el socialismo.

Juan Nogueira