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El crecimiento del oportunismo no va a alejarnos del objetivo que nos hemos marcado.

 

Los resultados de las elecciones europeas han arrojado un resultado relativamente positivo para las fuerzas del oportunismo europeo. Especialmente se ha notado esto en Grecia, donde Syriza se ha situado como primera fuerza política, y en España, donde Izquierda Unida y Podemos han sumado 11 escaños.  

Si bien el resto de organizaciones miembro o aliadas del Partido de la Izquierda Europea (PIE) han mantenido sus resultados anteriores, sin sufrir fuertes altibajos en su número de escaños (Die Linke en Alemania, Frente de Izquierdas en Francia), está claro que una de las lecturas que se puede realizar de estos resultados es que el eje de gravedad del oportunismo europeo se ha desplazado hacia el Sur, hacia los países del Mediterráneo que son los más castigados por el desarrollo de la crisis capitalista en Europa.  

Ésta es una realidad que se venía manifestando por indicios como la aparente ubicuidad de  Alexis Tsipras, máximo dirigente de Syriza, o los constantes viajes de dirigientes españoles del PIE a países europeos y americanos con váyase a saber qué peregrinos propósitos. Hasta tal punto ha llegado la influencia de Tsipras que en Italia, por ejemplo, él mismo designó a los cabezas de lista para las europeas, relegando con su elección a las organizaciones del PIE y alrededores al papel de meras comparsas.  

No deja de ser curioso el viraje que algunos han dado en estos años desde el estallido de la crisis capitalista. Quienes tengan memoria recordarán cómo, hace no mucho, entre la militancia de las organizaciones “a la izquierda del PSOE”, se jaleaba al Partido Comunista de Grecia por mantener posiciones de principios, por ser capaces de convocar en Atenas manifestaciones masivas sin necesidad de hacer concesiones al discurso reformista o por jugar un papel esencial en el establecimiento de marcos de coordinación comunista internacional. Hoy vemos cómo estos mismos militantes, para regocijo de sus dirigentes, se han subido al carro de “la Syriza” y llegan a mostrarse condescendientes, cuanto menos, con nuestros camaradas griegos porque no se han sumado al vendaval oportunista y, como consecuencia de ello, no tienen el mismo apoyo electoral que entonces. 

Lamentable es que en la militancia “a la izquierda del PSOE” el criterio para medir lo adecuado de las posiciones políticas sean únicamente los resultados electorales, pero más lamentable todavía (y muy preocupante) es que se haya instalado en ciertos sectores de la “izquierda” estatal una conciencia de que lo único que vale hoy es la retórica socialdemócrata encaminada a servir nuevamente de tapón de las luchas obreras y populares.

En esta tesitura, imagino que no tardarán en surgir voces críticas con la decisión de los camaradas del KKE de abandonar el Grupo parlamentario europeo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica (conocido por sus siglas GUE/NGL). Esas voces vendrán motivadas, no me cabe duda, por la frágil y transitoria sensación de superioridad que conceden los escaños y que se manifiesta en acusaciones de “dogmatismo” o “sectarismo” hacia quienes no se dejan engañar por los cantos de sirena del oportunismo, del capitalismo de rostro humano y de la refundación de la UE y, en cambio, siguen desarrollando su trabajo, a buen ritmo, en los centros de trabajo. 

La decisión del KKE de abandonar el GUE ha sido un acierto y demuestra nuevamente una firme posición de principios que se echa en falta en otras muchas organizaciones, al renunciar a las ventajas que supone estar en un grupo parlamentario constituido con el fin de no verse atrapado en el cada vez más férreo control que el PIE impone sobre ese grupo, sobre las iniciativas que lleva a cabo y sobre los acuerdos que quiere adoptar en el nuevo marco parlamentario europeo. 

Se abre así una nueva etapa en la lucha contra el oportunismo a nivel europeo que, sin duda, se manifestará en un desarrollo más rápido de la Iniciativa Comunista de Partidos Comunistas y Obreros que, no olvidemos, tiene menos de un año de vida. 

Frente a nosotros tenemos un largo camino a través del cual ir superando las reticencias y los temores que existen hacia la abierta lucha ideológica en el seno del movimiento comunista europeo. Hemos de ser conscientes de que la actual aparente fortaleza de las organizaciones oportunistas tiene los pies de barro, pues se fundamenta en los apoyos electorales, que son cambiantes e inestables, sometidos a los vaivenes de una opinión pública muy maleable por los aparatos de propaganda ideológica burgueses.

Es hasta cierto punto lógico que, en un momento como el actual, donde se visualizan con claridad las terribles consecuencias de la crisis capitalista, la clase obrera y los sectores populares se vuelvan inicialmente hacia organizaciones oportunistas que prometen la solución a todos los problemas con meros retoques al sistema político, social y económico. El factor subjetivo se ha desarrollado un poco como consecuencia de la crisis capitalista pero aún está en una fase primaria, en la que se rechaza la noción, ya en el aire pero sin concretarse, de la necesidad de cambios verdaderamente revolucionarios si se quieren garantizar los más mínimos derechos de la mayoría obrera y popular. La debilidad de las organizaciones comunistas consecuentes a nivel europeo también ha tenido que ver con esta situación y por ello debemos ponerle remedio cuanto antes. 

En estos momentos, las soluciones “fáciles” tienen mayor predicamento pero no tardarán en desvelarse como lo que realmente son: callejones sin salida orientados a canalizar el descontento social hacia posiciones que no cuestionan la raíz de los problemas que sufren los trabajadores y las trabajadoras. 

El futuro descrédito de las posiciones oportunistas, bien porque su deriva derechista termine por alejar de ellos a quienes honestamente les han apoyado hoy pensando que era la forma de cambiar las cosas, o bien porque dejen de tener utilidad en el marco de dominación capitalista que surja de la crisis, debe encontrar a las fuerzas consecuentemente revolucionarias con la maquinaria engrasada, con el músculo bien ejercitado, con la fortaleza que da la presencia en el lugar donde se manifiesta la contradicción básica y fundamental del capitalismo: en los centros de trabajo. 

Igualmente, las fuerzas comunistas hemos de desarrollar rápidamente nuestra unidad ideológica para plasmarla en una táctica lo más coordinada posible, según las condiciones de cada país, claro está. Es el momento de encarar sin medias tintas los debates pendientes sobre el papel de la clase obrera, del partido comunista, de las uniones imperialistas y de las alianzas necesarias para el avance revolucionario, de modo que podamos presentar a la clase obrera de nuestros respectivos marcos de lucha de clases un programa contundente, claro y comprensible para sumar a amplias masas a la lucha.

El PCPE, con la creciente fuerza militante que va desplegando y con el cada vez más sistemático y organizado trabajo entre la clase obrera y los sectores populares, pondrá todos sus esfuerzos en que estas tareas se realicen con éxito. 

Ástor García