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Las consecuencias de esta situación son claras: por un lado se potencia la no finalización de estudios con todas las dificultades económicas y de transporte y se obtiene una mano de obra barata; por otro, las alternativas de ocio y culturales son mínimas, abocando a la juventud al consumo de drogas (el consumo de alcohol en el medio rural está 10 puntos por encima del del medio urbano y el consumo de drogas ilegales se triplica) 

 

En España apenas el 22% de la población vive en el denominado medio rural y esta población es una población muy envejecida (una media del 31% en todo el Estado). Aunque el INE no ha desarrollado estudios sobre el porcentaje de jóvenes que viven en el medio rural, con estos datos en la mano, se nos antoja escaso.

Precisamente por ello el medio rural es uno de los grandes abandonados. Los jóvenes de este medio se encuentran con más dificultades que la juventud de las ciudades para acceder a servicios tan básicos como bibliotecas, aulas de informática, transporte público… la falta de infraestructuras es considerable y ello repercute negativamente en el desarrollo de estos jóvenes.

Así, en el terreno sanitario, por ejemplo, destaca la escasez de Centros de Salud y Consultorios, lo que obliga a la población a desplazarse a localidades cercanas para ser atendidos. En el caso de la juventud, por la falta de transporte propio, este problema se agrava. Así lo demuestran los estudios, ya que en 2007 el menor gasto sanitario (apenas 300 euros anuales por persona) se daba en las localidades más pequeñas. Esto no es porque la población rural sea menos propensa a enfermar sino porque la falta de recursos obliga al auto-tratamiento, con los riesgos que ello entraña.

Otro ejemplo se da en el terreno educativo. Muchos jóvenes han de desplazarse diariamente para ir a la escuela y al instituto por no contar con uno en su localidad. Además, han de salir sí o sí del pueblo para acudir a la Universidad y con el recorte actual de becas esta situación supone que muchos jóvenes del medio rural no puedan acceder a los estudios superiores por no poder costearse el transporte o el alojamiento. En 2001, sólo el 6% de la población rural tenía estudios universitarios frente al 11% de la población urbana. Evidentemente, estos números aumentarán con el progresiva elitismo de la Universidad.

En relación al ocio y a la cultura, la oferta es ínfima y se suele concentrar en las fiestas. Muchas localidades no cuentan ni con los servicios más básicos, como es el caso de la localidad de Villamediana de Iregua (La Rioja), que con más de 5000 personas empadronadas y un plan de creación de una nueva biblioteca en 2003 ésta sigue sin ser construida.  El acceso a las nuevas tecnologías también es limitado, en 2008 sólo el 47% de la población rural tenía acceso a banda ancha de internet.

Esta situación se produce porque no es rentable invertir en infraestructuras y servicios en los pueblos, ya que es deficitario. Ni Estado ni empresas invierten en un medio que supone pérdidas y no satisface sus intereses de lucro. 

Las consecuencias de esta situación son claras: por un lado se potencia la no finalización de estudios con todas las dificultades económicas y de transporte y se obtiene una mano de obra barata; por otro, las alternativas de ocio y culturales son mínimas abocando a la juventud al consumo de drogas (el consumo de alcohol en el medio rural está 10 puntos por encima del del medio urbano y el consumo de drogas ilegales se triplica) 

Los pocos jóvenes que, por una serie de circunstancias, se centran en estudios o trabajo deben salir del medio rural para poder optar a algún tipo de futuro, lo cual deprime todavía más las zonas rurales convirtiéndolas en potenciales focos de exclusión social.

Ana Escauriaza del Pueyo