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Para entender bien y en profundidad este proceso que hace de la UE el instrumento fundamental para disciplinar al mundo del trabajo, y para iniciar la guerra social que reestructure las fuerzas sociales, nada mejor que Irlanda como paradigma del desarrollo de las políticas neoliberales y capitalistas en Europa.

 

Irlanda era un país que dentro del concierto económico europeo apenas tenía importancia y trascendencia. Pero se convierte en los años 90 en laboratorio social del capital europeo y la Comisión Europea decide liquidar los mecanismos de control más o menos democráticos y las empresas dejan de pagar y contribuir con sus impuestos al tesoro público. El tipo impositivo a las empresas instaladas en la isla pasa del 41% al 12%, en algunos casos hasta el 3%, los salarios siguen esa tendencia y pasan de ser el 70% del producto al 40%. Se produce como reacción el boom especulativo, miles de empresas se instalan en Irlanda y con el estallido de la crisis se evidencia lo etéreo de la propuesta del capital: hasta 2007 la isla tenía superávit en 3 años, los posteriores, Irlanda pasa a tener un déficit del 42%. ¿Producto de qué? De pagar por parte del Estado irlandés, y por tanto, de todos y todas las irlandesas, la deuda privada acumulada en la banca irlandesa e internacional. 

Vemos, por tanto, con el ejemplo irlandés, que la UE es un instrumento, un mecanismo político-burocrático que sirve, en exclusiva, a los intereses de la fracción hegemónica de la burguesía internacional: la oligarquía financiera. Y esto se constata a partir, fundamentalmente, de 1992, con el Tratado de Maastricht y la implantación del euro, posteriormente, que son pasos necesarios en ese proceso de desmantelamiento de las soberanías nacionales como marco limitado de expansión del capital hegemónico que hace imprescindible vaciar de contenido real los poderes de los elementos estatales de cada nación, así, de esta manera, la creación del Banco Central Europeo, como entidad totalmente independiente de cualquier poder soberano y democráticamente constituido, evidencia ese proceso de concentración de poder que es la base real que sustenta a la UE. La creación de una casta burocrática no sometida a ningún poder constituido, y que tiene en sus manos unos potentes mecanismos de control monetario, político, y económicos, como el BCE y el FMI.

La crisis actual viene no sólo a consolidar esos pasos de concentración monopolísticos de poder, sino a reforzarlos, a potenciarlos. El último, tal vez, paso en esa dirección de consolidación de los mecanismos de dictadura directa del capital es el llamado PACTO POR EL EURO PLUS, pacto suscrito el 23-25 de marzo del 2011. En ese pacto queda, negro sobre blanco, definidas de una manera absolutamente clara y diáfana, las directrices de la Comisión Europea en este periodo histórico. De estas directrices podemos extraer tres puntos básicos y clarificadores de lo que es la UE. Esto es, primero, que todo los países deben constitucionalizar, inscribir como un artículo más de sus constituciones políticas, el obligado pago de la deuda a la banca, como prioridad absoluta frente a cualquier otro gasto del Estado; segundo, los Estados de la UE ceden,  dejan de tener potestad sobre el volumen de los impuestos; y tercero, la subordinación total en materia económica de esos mismos Estados al Fondo Monetario Internacional, único organismo capacitado y legalizado para diseñar las políticas económicas, presupuestarias y monetarias.

Por tanto, las economías nacionales europeas quedan intervenidas para siempre por el FMI, que unidas a la cesión de la soberanía política en cuanto a la posibilidad del diseño de la política nacional, otorga a los Estados nacionales y su soberanía popular el papel de meras máscaras bajo la que subyace la realidad del gran capital, de la oligarquía y de sus políticas de ajustes y de guerra social.

Para dejar bien claro esto, este enorme chantaje a que son sometidos los pueblos por la UE, queremos expresarlo a través de la enorme trampa que la oligarquía construyó para los pueblos de Europa: la deuda y la lucha contra el déficit. Esto tiene su expresión institucional en el Tratado de Estabilidad, Gobernanza y Coordinación de la Unión Europea y Monetaria suscrito en el 2012. Aquí se establecen las normas  que determinan las formas y los plazos en los que Ayuntamientos, Comunidades Autónomas, Estado, y Seguridad Social deberán asegurar hasta 2020 que el déficit estructural –básicamente el gasto en empleo y servicios públicos– sea cero (actualmente es del 5.8%) y la deuda pública no supere el 60% del PIB (actualmente supera el 94% del PIB, más de 900.000 millones de euros). Para ello se debe reducir el gasto público en torno a los 400.000 millones de euros de aquí a 2020; esto equivale, en sentido estricto, a la liquidación del empleo y de los servicios públicos. Lo más grave es que está previsto el mecanismo legal para intervenir por parte del Estado a la Comunidad Autónoma o a la disolución del gobierno municipal que no cumpla en los plazos previstos. El argumento legal es el incumplimiento de las obligaciones constitucionales, es decir, del artículo 135 de la Constitución, el que establece la prioridad absoluta del pago de la deuda tras la reforma constitucional de 2011. No cabe ninguna duda de que el mecanismo de la Deuda –que es el escandaloso resultado de trasladar la deuda privada de empresas y bancos a deuda pública– es utilizado como brutal e interminable chantaje para imponer privatizaciones, liquidación de servicios públicos y sucesivas contrarreformas laborales a cualquier gobierno que acepte el pago de la Deuda y el marco de la Unión Europea y Monetaria.

Por tanto, la UE no es más que un conglomerado de intereses políticos, burocráticos y económicos ajenos a las verdaderas necesidades populares. Es una enorme pantalla, llena de mentiras, falsedades y ocultaciones, tras la que se esconde toda una política de desmantelamiento de derechos, conquistas y libertades democráticas. La UE es incompatible con el progreso y la democracia. No es reformable, por tanto, no es mejorable. Está diseñada, construida para atacar, atentar contra los pueblos, contra los trabajadores, contra la inmensa mayoría social. La única alternativa real, viable, necesaria, factible es la salida inmediata dentro de un proceso internacional de unidad a la ofensiva de la clase obrera europea que desmantele, de arriba abajo, la UE, y que construya las bases para la puesta en pie de una Europa de los pueblos y los trabajadores, unida, solidaria, libre y socialista. Para emprender ese camino, mas temprano que tarde, se presenta voluntario el Partido Comunista de los Pueblos de España. E instamos a la puesta en pie de una clase obrera unida, organizada, consciente y decidida.

Alexei Dorta