¿Se imaginan que hace 7 años alguien les hubiera dicho que sus condiciones laborales iban a ser las de trabajar nocturnamente en una explotación hotelera de conserje: 48 horas semanales, 6 días a la semana, sin ningún día de fiesta libre y 15 días de vacaciones al año? ¡Y todo por 700 euros y una nómina de media jornada de 374 euros! Irregularidades en la contratación todas. Así funciona la subcontratación hoy.

 

Hace 7 años nadie hubiera cogido ese trabajo, ningún trabajador o trabajadora en su sano juicio hubiera aceptado esas condiciones de esclavitud y miseria. Pero han pasado 7 años desde que estallara la crisis capitalista en verano de 2007, una crisis que crearon los mismos capitalistas y, tras haberse cargado más de 5 millones de puestos de trabajo, las necesidades aprietan. ¿Cómo iba a decir que no un joven titulado de 27 años con 8 personas viviendo en su casa con la sola pensión de su abuelo y la baja de su hermana? Esa es la verdadera violencia que ejerce el capitalismo sobre la clase obrera y más sobre la juventud obrera con la que está recuperando su tasa de ganancia a costa de pagar salarios de miseria. 

Esta empresa de servicios, Gegloservi, situada en el municipio de Ingenio en Gran Canaria es gestionada por Héctor Betancor y Ruymán Suárez, dos explotadores canarios sin escrúpulos que han tenido por escuela la empresa SEGURIDAD INTEGRAL CANARIA, perteneciente al empresario y condenado a tres años de cárcel, Miguel Ángel Ramírez. Estos dos terroristas empresariales se salieron de su antigua empresa para comenzar una andadura empresarial por su cuenta, montando una empresa de servicios que como subcontrata coloca a trabajadores (no contratan mujeres) en distintos servicios tales como vigilancia, conserjería, jardinería, socorrismo, etc. Muchos hubiéramos pensado que al salir de una empresa de explotadores, podría habérseles ablandado el corazón y optar por mejorar las condiciones laborales a las que les sometía su antiguo jefe. ¡Pues no! Para quitarles servicios al resto de empresas del sector (la llamada competitividad en el capitalismo) optaron por bajar las condiciones laborales al máximo de la esclavitud con los datos que ya aporta nuestra cabecera. Así es como compiten los capitalistas, rebajando salarios, robando vacaciones, quitando días libres o contratando a media jornada para poder entrar en el mercado. Los únicos perdedores: la clase obrera. 

Esta es una historia más de las cientos de miles a las que se enfrentan a diario los trabajadores y trabajadoras de este país, sobreexplotados, al límite del despido y con la justicia dándonos la espalda, siempre a favor del empresario. Son estas líneas, esta denuncia pública lo poco que puede hacer un joven trabajador ante la falta de defensa de los intereses a la clase obrera.

Tras dos años de dura esclavitud llega el despido y en esos dos años de regalar el trabajo al empresario, solo disfruté de quince únicos días de vacaciones. Y con la triste muerte de 3 familiares (inevitables en la vida), dos abuelos y un padre, sólo recibí en esos dos años un día libre por cada defunción y siempre sin cobrarlo, porque debe constar, que muy fiel a este capitalismo del siglo XXI, si enfermas o no puedes ir a trabajar, aunque sea justificadamente, ese día no lo cobras. Esto está pasando y seguirá pasando de manera generalizada.

Pero como el capital es insaciable, la empresa, desalmada de toda empatía hacia el trabajador, se negó a pagarme el último sueldo, a pagarme las vacaciones que aún me correspondían, ni a pagarme el finiquito. ¡A los empresarios les da igual si los trabajadores no comemos o si vivimos debajo de un puente! Revelar también que los contratos siempre fueron de tres meses y que te obligaban a firmar que habías recibido el finiquito pero ¡sin cobrarlo! Y al que lo exigiera (70 trabajadores tiene la empresa), pues de inmediato estabas en la calle. No daban las nóminas, ni copias de contratos, ni ingresaban en cuenta, vamos, unos explotadores en toda regla; la regla a la que todos los empresarios se están sumando. 

Y ese fue mi caso, que por exigir mis derechos la tomaron conmigo: me extorsionaron para que firmara el finiquito y si se me ocurría poner “no conforme” como así me asesoraron los abogados, decían los dueños de la empresa: “no te daremos nada”. Y mira si sus amenazas fueron ciertas, si su terrorismo laboral fue tal que se negaron incluso a mandar el certificado de empresa y los contratos al INEM, de manera que por obra y gracia de estos explotadores, ni tan siquiera he podido cobrar el paro.

Y ahora estoy con una mano delante y otra detrás, sin cobrar mi último sueldo, sin testigos que avalen que allí trabajaba de conserje en una explotación de bungalows 48 horas semanales, por temor a ser despedidos. El INEM me ha llamado y me ha dicho que a lo sumo cobro 4 meses de paro a poco más de 100 euros al mes. Dos años de vida regalados al empresario para luego tener que vivir con poco más de 100 euros al mes. Este es el fin que nos espera a la clase trabajadora en este capitalismo del siglo XXI, sobreexplotación y más sobreexplotación, hasta que nos enfermemos de puro agotamiento y al igual que en la esclavitud clásica, ser reemplazados de inmediato por otro esclavo, hoy otro esclavo asalariado.

No obstante, soy combativo y en mi caso particular, como militante comunista sé lo duras que están las cosas; mi conciencia de clase, el apoyo de mi familia y camaradas me ayuda a salir animoso de tan tremenda explotación y tortura. Pero, ¿y el resto de la clase obrera? Tras este trance reflexioné mucho sobre las motivaciones del suicidio en muchos hombres y mujeres. El suicidio relacionado con la crisis en el Estado español es la primera causa de muerte no natural, por encima de los accidentes de tráfico. Cuántos trabajadores y trabajadoras no se ven completamente desamparados al ver que mientras sus jefes o ex-jefes los extorsionan, la justicia les das la espalda, sus sindicatos no hacen nada digno por ellos y se quedan en la calle sin nada que echarse a la boca ni a la de sus familias. Es una situación muy trágica en la que, a día de hoy, 2014, se encuentran 4 millones de trabajadores/as, los cuales no cobran absolutamente ninguna prestación. Y la solución es difícil pero no imposible, la solución sólo pasa por la construcción de poder obrero y del socialismo, uniéndose al partido comunista, formando Comités de Unidad Obrera y luchando sin tregua hasta la victoria. 

En todo este proceso de concienciación que me han dado varios años de lucha, en mi cabeza cobra mucha fuerza aquella frase de Marx: <<El obrero está más necesitado de respeto que de pan>>. Ya nos han robado el pan y solo algunas migajas nos dan, pero nosotros no queremos migajas: lo queremos todo para la clase obrera. Salud.

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