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En los últimos años se ha ido produciendo un proceso de privatización del Sistema Público de Salud. Comunidades como Castilla-La Mancha o Madrid son verdaderos experimentos de nuevas formas de gestión privada de la sanidad que pretenden abrir un nuevo mercado para beneficiar a grandes grupos empresariales.

La crisis capitalista ofrece a las marionetas políticas la excusa perfecta para acelerar este proceso. Con la excusa de los elevados niveles de endeudamiento de las administraciones públicas, los distintos gobiernos han aplicado recortes sistemáticos en el Sistema Público de Salud por mandato del capital monopolista y de su soporte político-jurídico, la Unión Europea.

Uno de los requisitos de entrada en la Comunidad Económica Europea (futura UE) era permitir el desarrollo de la libre competencia, es decir, deshacerse de los monopolios estatales en todos los sectores económicos, incluyendo la función pública. Así, las diferentes leyes introdujeron formas jurídicas que fueron abriendo mayores espacios al capital privado dentro de la sanidad pública hasta llegar a la Ley de Habilitación de Nuevas Formas de Gestión (Ley 15/97).

Desde entonces, las figuras legales de gestión privada o mixta se han multiplicado. Privatización de la financiación, de la gestión del aseguramiento, utilización de criterios privados en la gestión de centros de titularidad pública, provisión de servicios por parte de empresas privadas, privatización de la gestión con titularidad mixta o privatización de la gestión con titularidad privada son los modelos más extendidos.

Ante esta situación no cabe engañarse añorando un tiempo pasado mejor que no volverá. No cabe esperar resignados que un gobierno más social dé marcha atrás a todo este proceso y devuelva la sanidad pública a la clase obrera y los sectores populares. No cabe esperar directrices de una UE más social que de verdad entienda la Sanidad como un derecho inalienable de las masas trabajadoras. No cabe tampoco rechazar los últimos ataques privatizadores sin desenmascarar la raíz del problema.

¿Qué es pues lo que cabe hacer? De momento resistir y parar las nuevas medidas antipopulares, lograr una victoria que nos insufle fuerzas para el contraataque general para asegurar todos los derechos conquistados a lo largo de largos periodos de lucha.