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El pasado mes de junio moría un joven (Clément Méric) sindicalista y antifascista en París a manos de un militante fascista.

 

El asesinato es sólo un episodio más en la escalada de aumento del fascismo organizado en Francia, sobre todo a partir de la aprobación de la ley sobre el matrimonio homosexual (ley Taubira). Manifestaciones de miles de personas durante meses, la derecha y ultraderecha parlamentaria de la mano de grupos fascistas bajo la llamada “printemps française”, manifiesto que aúna a todos los grupúsculos y grandes partidos de carácter anticomunista y fascistizante.

Ahora toda la prensa se apresura a escandalizarse y preguntar; ¿cómo es posible que esto pase en nuestra democracia? ¿Cómo es posible en la Francia de Hollande? Pues pasa porque el fascismo está ahí, latente en el sistema capitalista como recurso de la burguesía. Brecht decía que “no hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado” y no le faltaba razón. En cuanto las cosas se ponen difíciles o complejas para la burguesía no duda en sacar el fascismo a las calles. Pero también es un arma de la socialdemocracia, la cual lejos de acabar con ella, la utiliza cuando la necesita. Su retórica antifascista la conocemos todos. Cuando llegan las elecciones siempre hay un llamamiento a “unirse para vencer a la derecha”, todo se reduce en vencer al PP, al Front National en Francia, y empiezan a utilizar conceptos que son llamativos y forman parte del imaginario colectivo de la clase obrera; el fascismo avanza, la unidad de la izquierda, todos unidos contra el fascismo y la iglesia, etc. Pero todo cambia cuando se ejerce la dictadura del capital o toca la hora de ser consecuentes en la lucha antifascista y esto ¿por qué será? Porque no se quiere buscar la raíz del problema del fascismo, su componente social, el sistema que lo sustenta, y eso sin entrar en la posibilidad de investigar vías de financiación, organización, vinculación con cuerpos represivos, etc.

En Francia se demuestra que el fascismo no es algo folclórico anclado en países o tiempos pasados, ésa es la visión que muchas veces nos da la socialdemocracia de manera interesada cuando ejerce la dictadura del capital (“son cuatro locos que no van a ningún lado”). La ultraderecha o el fascismo buscan adaptarse a una nueva situación, tanto en Francia como en España aunque siempre haya excepciones, claro está. En Francia sobretodo centran en gran parte su discurso en torno al tema de la inmigración; caso del Front National y que formalmente rechaza el asesinato de Clement jugándoselo todo al parlamentarismo, y/o a la retórica identitaria-ultranacionalista; es el caso de Generation Identitaire o Les Antygones (organización de mujeres). Ambas organizaciones de corte fascista no hacen uso de la simbología tradicional y refuerzan el concepto identitario, europeísmo y planteando la vuelta de la mujer a su papel doméstico, como madre, etc. No llegan a ser organizaciones de masas pero su presencia en las manifestaciones no es anecdótica; una de estas organizaciones fue la que ocupó la sede del PSF y tiene una “declaración de guerra”.

Si analizamos desde un análisis marxista el fascismo en su conjunto veremos más claves de las que la prensa burguesa nos enseña. Deberemos ser rigurosos en el análisis para no caer en la caricatura y diferenciar el eco de internet (no es real) del eco entre la clase obrera, pero es más que necesario entender la formación de la bestia fascista.

Álvaro Luque