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María Teresa León parece ser un nombre más en esa lista interminable de mujeres relegadas a ese olvido que el patriarcado y la dictadura franquista habían reservado a todas las mujeres en general, aún más si estas habían sido además militantes comunistas y defensoras de la II República.

Ser, durante más de cuarenta años, la compañera del poeta Rafael Alberti no la ayudó a derrumbar este muro de silencio. Novelista, ensayista, dramaturga, poeta, traductora, conferenciante, actriz, directora… estuvo siempre a la vanguardia en la defensa de los intereses de la clase obrera y fue adalid de la expansión de la cultura entre las masas trabajadoras y campesinas en una España ahogada por el analfabetismo y asediada por el fascismo.

Durante la República destaca por participar en la fundación de la revista revolucionaria “Octubre”; asiste al Consejo Mundial contra la Guerra celebrado en Ámsterdam y al Congreso de Escritores Soviéticos y, a través del Socorro Rojo Internacional, recauda fondos para los obreros de la Revolución Asturiana.

Una vez estalla la guerra, colabora en la fundación de la Alianza de Intelectuales Antifascista para la Defensa de la Cultura, editando, en calidad de responsable de Agitación y Propaganda, la revista “El Mono Azul”. Dentro de la Alianza también será la responsable de la sección teatral “Nueva Escena” y participa en la Junta de Defensa y Protección del Tesoro Artístico Nacional, que consigue salvar de los bombardeos aéreos las obras de arte del Museo del Prado y del Escorial.

Vicepresidenta del Consejo Central del Teatro, directora del Teatro de Arte y Propaganda instalado en el teatro de la Zarzuela, dirigente de la política cultural del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes… no se puede entender la política teatral republicana ni la propia historia del teatro republicano durante la Guerra Nacional Revolucionaria, sin estudiar la figura de María Teresa León.

Consideraba que el teatro se había convertido en una de las herramientas de propaganda más importantes al servicio del Frente Popular y de la causa republicana para conseguir ganar la guerra, y por tanto debía estar dirigido sobre todo a las masas. En este contexto funda “Las Guerrillas del Teatro”, como compañías itinerantes que desarrollan lo que dio en llamarse un “teatro de urgencia”, un teatro de agitación y propaganda al servicio de la revolución, comprometido ideológicamente, fiel reflejo de la realidad; que sirviera, sobre todo para educar, tanto a las trincheras como a las fábricas, y se convirtiera en un instrumento de guerra que sumara fuerzas al frente. “El pequeño grupo que se llamó «Guerrillas del Teatro» obedecía a las circunstancias de la guerra. Fue nuestra guerra pequeña [...]. La guerra nos había obligado a cerrar el gran teatro de la Zarzuela y también la guerra había convertido a los actores en soldados. Este llamamiento a las armas nos hizo tomar una resolución y la tomamos. ¿Por qué no ir hasta la línea de fuego con nuestro teatro? Así lo hicimos […]”

Tras la guerra, el exilio; y tras el exilio, el regreso a la patria en 1977 ya aquejada de alzheirmer. Fallece en 1988 con la memoria vacía, borrada de recuerdos. María Teresa León merece que la recordemos hoy por su obra, sí, pero sobre todo por un entusiasmo revolucionario y un compromiso militante capaces de sobrevivir al olvido.

Luisa de la Torre