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A pesar de que aparentemente han desaparecido de las portadas de los medios de comunicación burgueses las noticias sobre Venezuela, podemos decir que el golpe de Estado que se empezó a gestar en la calle el pasado 12 de febrero ha entrado en una fase distinta, pero la esencia continúa en la clave de derrocar al gobierno o de llevarle a una ruta diferente a la transitada hasta el momento.

Desde mediados del mes de abril las llamadas que el gobierno de Nicolás Maduro venía realizando  a la MUD (organización que agrupa a la derecha venezolana que encabeza Capriles)  para dialogar sobre la violencia que vive el país y otros aspectos de la política bolivariana, se han mostrado como un espacio donde se discuten elementos fundamentales que competen a la Asamblea Nacional, que es el órgano real de representación institucional del pueblo de Venezuela.

La violencia de carácter fascista que comenzaron encabezando Leopoldo López y María Corina Machado, tuvo voceros suficientes a nivel internacional que fueron encauzados por el imperialismo norteamericano desde distintas áreas. Ya hemos analizado en números anteriores  de Unidad y Lucha el papel que los medios burgueses han jugado en la difusión manipulada y  tergiversada de la violencia que se desataba en Venezuela, tanto en el aspecto de mostrarla como una “insubordinación social” (término utilizado por El País) que se extendía por todo el estado, como por la naturaleza de la violencia que, según estos medios, “respondían a la desproporcionada represión de la policía bolivariana”.  Pero estos personajes son los títeres de la Fundación Nacional para la Democracia (NationalEndowmentforDemocracy, NED) y la Agencia Internacional de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID), organismos del imperialismo norteamericano encargados de sustituir a la CIA en la elaboración de los llamados “golpes blandos”. Se conoce que estas agencias han financiado a los grupos opositores venezolanos (principalmente Primero Justica y Voluntad Popular) con más de 14 millones de dólares entre 2013-2014, es decir, con fondos legales procedentes del presupuesto de la Administración de Obama. Estas agencias operan en el proyecto de intervención imperialista en Venezuela prácticamente desde los meses siguientes al triunfo electoral de Chávez en 1998. Efectivamente, en el 2001 ya elaboraban con una especial financiación lo que supondría el golpe de Estado de abril de 2002, fracasado por la reacción del pueblo venezolano al secuestro de su presidente. La USAID, después de esta intentona, abrió la Oficina de Iniciativas hacia una Transición (OTI) en Caracas, que ha contado hasta 2010 con un presupuesto de 100 millones de dólares, es decir, con un presupuesto para derrocar al gobierno bolivariano.

Este tipo de intervención imperialista norteamericana está contando también con otros aliados, incluidos organismos regionales que inicialmente manifestaban una posición de defensa de la soberanía y legalidad gubernamental. Desprestigiada la OEA, podría parecer que UNASUR jugara un papel deslegitimador de la violencia fascista y terrorista de la oposición venezolana, pero, lejos de pronunciarse en este sentido, ha adoptado un papel de presunta neutralidad invitando a las dos partes (gobierno y oposición) a tomar medidas y hacer concesiones mutuas. Lula Da Silva, incluso, insistía en un “gobierno de coalición” con los pro-imperialistas. Es decir que estos organismos están adoptando una posición de forzar a los gobiernos considerados como progresistas a pactar con la gran burguesía; también Argentina y Bolivia, en situaciones diferentes, están siendo presionados en este sentido.

También, cómo no, la UE, como polo imperialista, está adoptando una posición injerencista. A la “preocupación” que mostraba Cahterine Ashton ya el 14 de febrero, se ha unido recientemente Maja Kocijancic, vocera de la Alta Representante de Política Exterior y de Seguridad Común de UE, al manifestar el 24 de marzo “estar alarmada por la detención de estudiantes y políticos venezolanos”.

Estamos, pues, en una fase atenuada del acoso y derribo de la Revolución Bolivariana por parte del imperialismo y de la oligarquía venezolana. La lucha de clases en Venezuela adquiere unos niveles agudos de confrontación que obligan al pueblo venezolano, con la clase obrera al frente, a ser el auténtico protagonista de la victoria decisiva contra la burguesía y el imperialismo.

Víctor Lucas