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Entre marzo y junio de 1999, la OTAN bombardeó Yugoslavia. Es lo que se conoce como Guerra de Kosovo. Durante 3 meses murieron dos mil personas, el país quedó destrozado, dividido y la OTAN fomentó la limpieza étnica de serbios en Kosovo a manos del grupo paramilitar fascista, UCK (Ejército de Liberación de Kosovo). Se calcula que el 80-85% de las víctimas fueron civiles inocentes.

El objetivo del ataque de la OTAN era controlar los Balcanes por su interés geopolítico. Llevar la guerra a Europa (fue por ejemplo la primera guerra en el que participó Alemania desde la 2ªGM) y la instalación de una de las bases de los EEUU en continente europeo, la base de Camp Bondsteel, la más grande del mundo fuera de territorio estadounidense, con 10.000 soldados y la segunda más grande de todas las norteamericanas, no es un dato casual.

La estrategia fue la de otras veces; guerra mediática previa para criminalizar al enemigo, en este caso acusar a Serbia de la limpieza étnica en Kosovo, limpieza que la propia OTAN, de manos de su portavoz Jamie Shea, reconoció que no era del todo cierta. En esa estrategia de criminalización dirigida por el imperialismo la prensa burguesa participó de manera activa con editoriales incendiarios… La socialdemocracia, el trotskismo y otros izquierdistas aplaudieron la intervención imperialista para garantizar la “autonomía” de Kosovo. En 1999 la propaganda de guerra tenía un objetivo claro para la clase obrera; saber situar en un mapa Kosovo, lo malo que era Milosevic y los serbios y multitud de razones para bombardear Yugoslavia, eso sí, la misma propaganda servía para garantizar que esos mismos obreros/as no supieran casi nada de su convenio, sus derechos, indemnización por despido, etc, etc. Una estrategia que conocemos bien por hechos recientes; Irak, Afganistán, Venezuela, Siria, Libia, Ucrania, etc. El imperialismo señaló con el dedo sus nuevos objetivos y fueron muchos los que le aguantaban el mapa [1].

Tras la guerra mediática, escenificaron unas negociaciones en la llamada Conferencia de Rambouillet, donde el socialdemócrata Javier Solana amenazó a Yugoslavia con que, o aceptaban la propuesta de “paz” (algo que ningún estado soberano aceptaría, como es la división de su territorio y aceptar la intervención militar extranjera), o habría guerra. Al acabar la Conferencia, Solana ordenó bombardear Yugoslavia. La socialdemocracia se manchaba nuevamente las manos de sangre con tres meses de bombas.

El imperialismo conseguía así un objetivo clave en Europa; debilitar y dividir un estado soberano non-grato como era Yugoslavia, una base militar crucial para controlar a Rusia y otros devenires y el control de rutas energéticas en los Balcanes. El petróleo y el gas del Cáucaso y Asia Central pasa por ahí y EEUU y empresas multinacionales hacen y deshacen en un pequeño territorio como Kosovo con importantísimos recursos energéticos como el carbón.

Álvaro Luque


 

[1]     Buscando información sobre Yugoslavia y el apoyo de la “izquierda” he encontrado un artículo del líder y teórico de PODEMOS (Pablo Iglesias) criticando sus propias posiciones de entonces y alabando la oposición a Milosevic, el llamado OTPOR (actual CANVAS), organización que se sabe que fue financiada por la USAID de los EEUU con varios millones de dólares, hay artículos al respecto y con vínculos con el Maidán de Ucrania y otras revoluciones exportadas por los EEUU. (http://www.sindominio.net/~pablo/papers_propios/los_conductores_de_buldozer.pdf)