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Desde hace unas semanas el Pueblo Trabajador Venezolano, junto a su gobierno popular, ha tenido que salir a la calle a defender los logros de la revolución bolivariana. El intento de golpe de estado está dirigido por el imperialismo norteamericano y ejecutado por los sectores más reaccionarios de la oligarquía venezolana y latinoamericana (paramilitares colombianos incluidos). 

 

La estrategia imperialista es muy parecida a la seguida en otros momentos en el país (2002) o en otros países (Chile en 1973 o, sin ir más lejos, Ucrania en la actualidad). El objetivo es la movilización en la calle de los sectores más fascistas y reaccionarios de la oligarquía para desestabilizar el país. Dicha movilización está encabezada por Leopoldo López (oligarca educado en las esferas intelectuales de los EEUU) y María Corina Machado (educada también en universidades católicas, en la Universidad de Yale y con vínculos de sobra conocidos con George W. Bush). Ambos dos, no ocultan su relación con el imperialismo norteamericano y no dudan en plantear su propuesta para Venezuela, una república capitalista fiel a los EEUU donde se respete por encima de todo la propiedad privada y la no intervención del Estado en la economía, es decir, neoliberalismo puro y duro. Las manifestaciones utilizan la excusa de la inflación o la escasez de productos (otra estrategia de la burguesía que especula con los productos básicos para atacar al pueblo) y otras contradicciones de la todavía economía capitalista venezolana, como base para atacar al gobierno.

Las violentas movilizaciones estudiantiles, hijos de clases acomodadas y antirrevolucionarios, buscan generar sensación de caos y el intento de bloqueo de las instituciones, como por ejemplo atacando y destrozando Mercal, mercado que reparte comida subvencionada por el gobierno para hacer frente a la inflación y carestía. A pesar de su intimidación, las manifestaciones reciben la respuesta obrera y popular, con el sector petrolero de la clase obrera a la cabeza. A la edición de este artículo, más de 15 días de destrozos, heridos y muertes. Todas estas movilizaciones reaccionarias reciben el aliento y soporte mediático de la prensa burguesa nacional (recordemos que el 80% sigue siendo privada) e internacional (CNN, grupo Prisa, etc.), el dinero y apoyo de la embajada de los EEUU y la ayuda de paramilitares en la frontera con Colombia para atacar instituciones revolucionarias. Todo ello genera las condiciones favorables para la justificación de un golpe de Estado. 

A pesar de la detención de Leopoldo López, los sectores más fascistas de la oligarquía continúan encabezando los disturbios por el país. El PCV ha llamado a la “más amplia unidad nacional contra el fascismo”, recordando que es un momento clave para la revolución bolivariana y que es necesario “estar alerta... y permanecer movilizado, elevar la organización, el debate ideológico y político y a profundizar la unidad”. Ciertamente, es necesario que la revolución bolivariana se pregunte si es posible, llegados a este punto, seguir en la misma vía o acelerar hacia una revolución marcadamente socialista.

Álvaro Luque