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Qué gente más jaranera, cuánta bulla, qué tremenda escandalera, qué cencerrada, qué estrépito y qué alboroto, qué polvareda levantan algunas gallinas para anunciar que ponen huevo.

No resulta excepcional que se pasen por nuestras gradas personajes con aficiones melodramáticas que tratan de encaramarse, de un solo brinco, en el escenario para hacer un debut que los deleite con un ratito de gloria.

Se presentan al público como difusores, protectores, intérpretes y casi creadores del marxismo. Son anotadores, comentaristas, especialistas, solemnes y hecatómbicos, si se les calienta la boca son capaces de inmolarse en el tablao por el marxismo-leninismo pero cuando se pasan los efectos de las materias fumables van dejando atrás los escarceos y antes de que se baje el telón caen de patas en el oportunismo. No es que actúen en manada pero siempre hay uno que ejerce de primer cabestrillo.

La trascendentalidad de su complejidad ideológica la escriben en interminables folios y exponen con indignados argumentos las infinitas bellaquerías que han tenido que padecer por defender el leninismo. Son capaces de componer grandes volúmenes y se sienten mal pagados porque sus alegatos no son recibidos por el respetable con el regocijo y el entusiasmo que esperan.

Se esfuerzan, son obstinados, envían a los medios sus peroratas sobre las fuentes, los ríos, los manantiales, los cauces y las corrientes del marxismo pero los medios se desesperan ante tanta palabrería y se limitan a animarles a que les sigan enviando sus quejas, si pudiera ser, en una escueta sinopsis.

Menos mal que twiter y facebook permiten hoy poner en ejecución las innumerables desdichas que puede sufrir una troupe en cuatro meses de militancia.

Ante el espejo ensayan larguísimos soliloquios y se entrenan pronunciando palabras de incontables sílabas, son capaces de decir sin vacilar y de tirón esternocleidooccipitomastoideo y a veces, cuando tienen un corrillo relatan de memoria citas, menciones, alusiones, versículos e invocaciones pero los pobres no interiorizan, o sea, es como si sus introspecciones nunca llegaran a asentarse en los órganos, una cosa muy rara.

Eso sí, no les des un pliego en blanco que se te vuelven locos. Tienen la habilidad de mezclar en la misma cuartilla La revolución proletaria y el renegado Kaustky, el Análisis de las clases en la sociedad china o la Crítica del programa de Gotha, oye, y lo hacen bien, los jodíos, no logramos explicarnos cuál es su técnica pero una vez que lo relees, tres o cuatro veces, te das cuenta de que el que escribe tiene el mueblebar llenito de libros, es evidente que consideran la literatura como el motor único de la historia, lástima que en el arte de la ortografía todavía cometan alguna “guarradilla”, nadie es perfecto.

Con el paso de los años van acumulando cartapacios repletos de viejos papeles que degluten con nostalgia mientras recuerdan los tiempos en que aún con dientes de leche menudeaban a toda prisa, entre paja y cebada, buscando la piedra filosofal del marxismo y cuando creen encontrarla se dedican, como el caballero de la Mancha, a enderezar entuertos o como los primeros apóstoles, a predicar el evangelio a toda la creación,en una palabra, a dar cumplimiento a la función histórica para la que han nacido: redimir a los comunistas que se escaldan en las llamas del PCPE.

Nosotros comprendemos, porque estamos en el mundo, lo malo que puede llegar a ser un brote de fiebre asiática y comprendemos también que alguna gente se empeñe en ungirnos con el viático del reformismo pero hace muchos años que nos hemos hecho impermeables a esos ungüentos. 

Telva Mieres