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Después de tener que oír a los tertulianos de Podemos "moviendo ficha para empoderar a la ciudadanía y rescatar la democracia secuestrada por el poder financiero", un título así despierta expectativas: ¿hablará por fin Anguita de república obrera y popular? ¿de república socialista? Inmediatamente salimos de dudas: "Anguita no quiere ponerle apellidos a su propuesta de tercera república. Ni socialista, ni comunista, ni nada que se le parezca"

"El ciudadano debe ser necesariamente la clave. Ese es precisamente, dice, uno de los fallos de la Constitución del 78. Los partidos no pueden ser únicamente los órganos que encaucen la participación. Ahora dice, el rey es capaz de pastorear a los partidos"

Los derechos Humanos y la separación de poderes, así como entre la Iglesia y el Estado son la clave en la República sin apellidos, pero burguesa, que preconiza Julio Anguita.

La separación de poderes (la clave de la democracia según Anguita) fue la piedra angular, recordémoslo, de la construcción del Estado burgués, asegurando el libre desenvolvimiento de la iniciativa individual, el mercado y la concurrencia mercantil, separando el ámbito privado y patrimonial de las injerencias públicas y administrativas, impidiendo el intervencionismo estatal, protegiendo los derechos del "individuo" (burgués), señaladamente el derecho a la propiedad de los medios de producción y al robo de la plusvalía . Alguien que como Anguita dice que "Ante un movimiento obrero que ha perdido la batalla, apostemos decididamente por la educación; hasta que los sindicatos no les digan a sus afiliados que hay que leer y aprender no se va a conquistar nada”, es curioso que no haya leído o haya olvidado que “El constitucionalismo expresa el acceso al poder de la burguesía, eufemísticamente llamada a sí misma "pueblo", que acota en su beneficio una determinada área del mismo: el Parlamento, y su producto por antonomasia: la ley... "

El reformismo resucita el cadáver de Montesquieu y se pasa por el forro dos siglos de lucha de clases.