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Analizamos anteriormente la poca relevancia de la negociación colectiva para el avance de la emancipación de las trabajadoras, las razones de esa escasa repercusión y, abordamos ahora, la explicación para la falta de respuesta.

Por duro que parezca, es la derrota ideológica de unas organizaciones que debiendo defender a la clase obrera y dedicar una especial atención a su mitad más sometida, las mujeres trabajadoras, la que provoca su silencio clamoroso. Han sustituido el pensamiento propio por la dependencia respecto a la ideología de las clases dominantes. No conciben ni en lo teórico ni en lo práctico “otro mundo” que el capitalista ¿Exagerado? No lo parece si vemos sus propuestas.

Una de las bazas para “recuperar” la negociación o sus cláusulas más favorables se coloca en los tribunales. Se confía todo al quehacer y la interpretación de la judicatura, como si no formaran parte de la estructura del estado y no obedecieran a un interés de clase. Qué mala digestión de esa píldora burguesa de la independencia judicial y la separación de poderes. Lo que arrancamos con la lucha, ninguna sentencia nos lo devolverá. Las posibilidades no ya de avanzar, sino de mantener o no retroceder en las conquistas, a través de cualquiera de los instrumentos del Estado burgués, han sido y son limitadísimas. Hoy, en la actual fase de descomposición capitalista, además es imposible. Obviarlo es de pura bobería, en el mejor de los casos… que en el peor es apuntalar y contribuir a mantener el moribundo sistema. Estas posiciones, en lo general, desmovilizan, siembran el desconcierto y obstaculizan la necesaria respuesta clasista. En lo particular para las trabajadoras, con este tipo de respuestas basadas en la legislación y su interpretación jurisprudencial, se nos parcela y segmenta. Se hace una separación entre nuestro empeoramiento en las condiciones de vida, el aumento de la opresión y de las tareas de cuidados, las dobles y triples jornadas, las pésimas condiciones laborales, la discriminación y la sobreexplotación; como si no estuviesen intrínsecamente relacionadas y, mucho menos se relacionan con el sistema de dominación. Eso impide a las mujeres trabajadoras unir su causa y reivindicaciones de género a las del movimiento obrero. La ayuda desde organizaciones del feminismo para la separación de género y clase es inestimable.

Tan ajeno ha permanecido el discurso feminista sobre la negociación colectiva que ni en la protección de las víctimas de violencia patriarcal ha sido capaz de desarrollar sus potencialidades. Quedándose en lo lacrimógeno, ha dado la espalda a incidir, para erradicarlos, en los efectos perniciosos que en la vida laboral de las trabajadoras tiene. Confiándolo todo a leyes y fondos sociales, uniformizan a las víctimas por su condición de mujeres, sin hacer de los convenios una herramienta de protección de las trabajadoras frente a la violencia de género. Al perderlos, por tanto, ni se inmutan.

Sin embargo, lo definitivo para la inmovilidad es la convicción de las organizaciones del reformismo político, sindical, feminista, de que se trata únicamente de distinta gestión del sistema. Unas hablan de cambio de modelo productivo, quieren decir “patrón deja de explotar”. Si no atienden ese llamado, en lugar de lucha consciente para acabar con la oligarquía, imploran que el fiel de la balanza sea el gobierno de turno que haga capitalismo de rostro humano, ese conocido también como Estado de Bienestar. Otras, cuando hablan de liberación de la mujer, únicamente apuntan al patriarcado. Se confía todo a la llegada de gestores de refresco dentro del capitalismo. 

Así como “No puede existir, no existe, ni existirá jamás igualdad entre opresores y oprimidos, entre explotadores y explotados” tampoco hay hermandad interclasista de mujeres, ni comunidad de intereses de género. El género no es una variable más, es un elemento indispensable en la formulación de una sociedad nueva para la clase obrera. Organizarse y luchar, no por otro capitalismo, sino por el único mundo posible, el del socialismo-comunismo, es la única posibilidad de emancipación para las trabajadoras. 

Lola Jiménez