No deja de ser paradójico que quienes ondean banderas franquistas o constitucionalistas bicolor, son quienes más se oponen al derecho de huelga. Hay que ver cómo se ponen cuando una manifestación obrera les corta una calle y les hace llegar tarde al gym.

Pero otra cosa son sus “manifestaciones” y “huelgas”, inocuas para su propio sistema y donde desaparece cualquier pretensión de jodienda para el resto de ciudadanos. Ellos son pacíficos comerciantes, aunque atropellen o apedreen a los antidisturbios, que en estos casos suelen ser más comprensivos. Los scratches (en inglés que duelen menos) que la derecha casposa hacen en Ferraz o ante el chaletarro de Galapagar, son legítimos, los cortes de carretera y tractoradas de los agricultores también.

Y hete aquí que nos encontramos con la penúltima de las manifestaciones del facherío patrio. Al calor de otras manifestaciones y protestas en Europa (sobre todo en Francia, odiosos franceses que odian y envidian nuestros productos agrícolas, no como nosotros que odiamos y envidiamos los que vienen de Marruecos), “nuestros” agricultores se manifiestan contra el gobierno, la agenda 2030 y la ley de amnistía. Solo los agricultores vascos se fueron contra los grandes intermediarios, que parece a primera vista que son los culpables de pagar a precio de miseria y vender a precio de oro…aunque no todo es verdad.

Frente a los grandes terratenientes españoles, andaluces, extremeños y castellanos sobre todo, que se llevan más del 80% de las ayudas europeas, están los pequeños agricultores que sólo le sirven de palmeros a éstos y cuya plusvalía sale, en muchos casos, de la explotación de inmigrantes sin papeles y en el resto de la explotación de los jornaleros nacionales o extranjeros con papeles.

Todos ellos negocian con las grandes superficies a precios de hambre y los más avispados venden sus productos a otros países europeos, con lo que la clase obrera que va al supermercado o al mercadillo agrario se encuentra precios disparatados.

No se entiende, pues, esa “ruina” continua en la que dicen que viven, salvo que para comer también tengan que comprarle productos a otros agricultores o ganaderos o compren directamente en el super que anteriormente les ha “estafado”. Porque al final son empresarios y buscan el máximo beneficio, no son “hermanitas de la caridad” como los pinta el pijoprogrerío haciéndolos opositar al nobel de la paz por el reparto y mantenimiento de la comida de la humanidad. De hecho, arrancan árboles centenarios, destrozan tierras cultivables, tiran cosechas enteras o dejan que se pudran en los surcos si se trata de conservar el precio. No, no son nuestra gente, no son clase obrera, son empresarios de la agricultura.

Hay un último reducto de agricultores que trabajan su propia tierra, más propio de Galicia con sus minifundios o de otras zonas del país, donde las grandes extensiones agrícolas no existen.

Estos agricultores tendrían el derecho a manifestarse, pero en su estulticia acaban apoyando a las banderas del águila y a los patronos de Vox. Aun así, respetemos su derecho, pero a la hora de comprarles sus productos que vendan directamente y a precios asequibles para todos. Porque so pretexto de ecológicos o con el marchamo de producto local, te venden un kilo de tomates a 4 €, los pimientos a 7€ y las patatas al mismo precio que el supermercado o más.

Por poner un ejemplo sangrante como es el del aceite de oliva, la cooperativa de Marinaleda lo vende casi al mismo precio que El Corte Inglés, con una diferencia, que el mismo Corte Inglés, vende el mismo aceite que aquí en Portugal a la mitad de precio.

Protestan nuestros magnates agricultores por la competencia de los productos de Marruecos, pero no nos cuentan que la mayoría de exportadores agrícolas marroquíes son empresas pertenecientes a nuestros lindos y maravillosos magnates (qué difícil no poner mangantes) agricultores de Almería y Murcia, que produciendo allí, tienen mano de obra más barata y se saltan las prohibiciones sobre pesticidas y el resto de cuestiones ecológicas y sin miedo, porque aquí igual lo hacen, pero si les pillan y no pueden sobornar al funcionario, les cae una buena multa. Pero argumentando ese mayor coste, importan y suben precios aquí, con lo que obtienen un doble beneficio que aplasta cada vez más a la clase obrera.

La TIERRA PARA EL QUE LA TRABAJA, todo lo demás son zarandajas de gobiernos fachos y pijo progres, que van al unísono en este tema. Y que en realidad y visto el abuso de los precios, quienes deberíamos echarnos a la calle a protestar por el precio de los alimentos somos los trabajadores y trabajadoras, cuyo esfuerzo diario se va en los bolsillos de unos y otros especuladores.

Juan Luis Corbacho

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