Tras la atenta lectura del importantísimo artículo firmado por Eduardo Uvedoble en el anterior número de UyL con el título “La postmodernidad, una ideología reaccionaria contra la clase trabajadora”, en el que se sitúa con absoluta claridad el análisis que realiza el PCPE en relación a este tema que tantas líneas ocupan y preocupan en el autodenominado campo de la izquierda política y social, se hace necesario empezar a desarrollar algunos de los aspectos únicamente señalados por el autor, pero que requieren de un posicionamiento que, no solo marque una referencia inequívoca del campo revolucionario en relación a ellos, sino que también,  y en la medida de lo posible, ayuden a mantenerse fuera de la charca, a quienes luchan por situarse en el campo de la Revolución y el Socialismo en todo lugar y momento.

Sin duda, el nuestro será un abordaje limitado, pues viene determinado por el tiempo disponible para ello, por las capacidades reales que albergamos y, sobre todo, por la prudencia que impone el tratamiento riguroso y fundamentado de cualquier hecho. Para quienes, desde el  compromiso con un Partido, vamos conformando una posición política destinada a ser una directriz de intervención práctica en el desarrollo de la lucha de clases, no podemos hacerlo de otra forma, pues es mucho lo que está en juego y no es posible abordarlo desde la improvisación irresponsable o la frivolidad de opiniones infundadas que se construyen ante el espejo y sin más fundamento que opiniones que se hacen hueco en las redes sociales.

Por nuestra parte, iremos poco a poco, tratando de conformar una posición que, en todo caso, responda siempre a categorías científicas y se construya desde la independencia de clase.

Marcando posiciones fundamentadas en el rigor y en la responsabilidad de entender que, cada una de las determinaciones que adoptemos en el complejo proceso de construcción de la Vanguardia, acabarán definiendo nuestra realidad como herramienta revolucionaria, en un constante e ininterrumpido proceso de contraste con la realidad. Una reválida constante, marcada por la lucha de clases y en la que, si bien se cometerán errores que habrá que corregir y aprender de ellos, no cabe, en ningún momento, ni el aventurerismo, ni renunciar a los principios que nos constituyen como organización revolucionaria y Partido Comunista. 

Sin embargo, en el contexto de la inmediatez y superficialidad del uso social que impone la realidad de unas redes sociales propiedad de complejos monopolios mediáticos, lo que más abunda es justo lo contrario; la falta generalizada de rigor.

Un ejemplo de ello en el espacio político de la izquierda, es la supremacía del individualismo,  que se expresa en el uso prolijo e irresponsable de las redes sociales por quienes sin representarse más que a si mismos, buscan constituirse en referencia colectiva pasando por encima de la necesaria legitimación de la vinculación de su quehacer a un proyecto real –con personas y órganos colectivos de elaboración y decisión-. 

Hoy, desde la ventana que ofrece Internet, son legión las voces que revelan su verdad “urbi et orbi”, y lo hacen sin ningún tipo de contraste con la realidad, ni  proceso colectivo de rendición de cuentas sobre su actuación y las consecuencias que pueden tener determinadas opiniones.

Una nueva realidad que no es posible ignorar, que es necesario enfrentar con el máximo rigor posible y que, en definitiva, exige un abordaje supeditado a las necesidades de la construcción del proceso político y social revolucionario.

Una consideración dirigida a valorar en cada caso:

- El alcance real de su realidad para transcender los reducidos límites de la influencia de masas que hoy condiciona la intervención política de las organizaciones del campo revolucionario.

- Su disposición  para revertir esta situación y convertirse en actores con capacidad efectiva para vertebrar organización del movimiento obrero y popular y propiciar su movilización en la calle.

- Su capacidad y valía intelectual  para profundizar en la conformación de posiciones políticas y análisis, fundamentados en interpretaciones rigurosas de la realidad y un conocimiento científicamente informado  de la misma.

- Su aporte real al proceso de articulación de una alternativa revolucionaria en el doble sentido, absolutamente vinculado y retroalimentado, de construcción de la Vanguardia política y compromiso con la organización de las más diversas y complejas estructuras protagónicas del movimiento obrero y popular.

Situamos la necesidad de usar estos criterios de evaluación, no solo para separar el grano de la paja, sino para abrir un debate sincero con todos aquellos compañeros y compañeras que estén dispuestos a convertir su experiencia en semilla fecunda para el desarrollo revolucionario y romper con las dinámicas propias de tertulianos de medios burgueses que opinan de todo sin el más mínimo conocimiento que respalde sus opiniones.

La responsabilidad con la organización del sujeto revolucionario y el Partido, requiere estos debates que situamos porque exige que sus referentes se construyan en la intervención concreta de masas, generando una creciente capacidad de dirección política de la militancia comunista. No hay otro camino, y las redes sociales solo pueden ser un complemento a esta tarea titánica,  que solo es posible desarrollar pisando calle y participando de la multitud de conflictos que genera esta sociedad fundamentada en la explotación y la opresión.

Es urgente salir de la endogámica realidad del universo virtual de las redes sociales y ponerlas al servicio de proyectos colectivos con todo el rigor y compromiso que conlleva la construcción de espacios de participación política y social colectivos.

Solo si somos capaces de enfrentar la compleja y dinámica realidad de la lucha de clases,con todas las exigencias que la dialéctica social impone a las fuerzas revolucionarias, y lo hacemos desde la irrenunciable perspectiva de avance hacia una sociedad de personas libres e iguales, estaremos en condiciones de desmantelar los discursos que nos dividen como clase y poner a nuestro servicio las nuevas formas de comunicación social.

 Julio Díaz

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