La primera vuelta de las elecciones presidenciales argentinas ha dejado una foto fija muy interesante. Más allá de lo histriónico que pueda parecer el personaje de Javier Milei, su candidatura, aupada por los medios y los think tanks neocons como la Fundación Atlas (hermana de la FAES española), es toda una declaración de principios de la oligarquía terrateniente y compradora de Argentina.

Después de la hecatombe provocada en 2018 por el expresidente Mauricio Macri, que endeudó a la Argentina con el FMI por más de 57.000.000.000 de dólares, hubiera sido más fácil escribir 57 mil millones, pero visualizar los ceros ayuda a entender la dimensión del drama; el peronismo kirchnerista volvió a ganar la presidencia del país. Ese préstamo representa 127 veces la capacidad de endeudamiento del país austral, que hoy ve cómo su economía está quebrada por la deuda y la hiperinflación.

Ante el retorno del peronismo “popular” de Sergio Massa, heredero de Néstor Kirschner, y la bancarrota de la derecha oligárquica; la apuesta ha sido un personaje llamado Javier Milei, economista de verbo fácil y lengua viperina, que se llegó a presentar como ganador seguro de las elecciones presidenciales. Autodefinido como anarco-capitalista, sus intervenciones, cargadas de insultos, grandes mentiras y medias verdades al estilo de nuestro Federico Jiménez Losantos, proponían rebajar el Estado a su mínima expresión, es decir, dejando sólo el ejército y la policía, dejando el resto a la benévola mano invisible del mercado. Propone dolarizar el país, y niega los crímenes de la dictadura militar, al contrario, la reconoce como salvadora del peligro comunista (¿te suena?).

En definitiva, un fascista con ínfulas de youtuber.

Los medios “mainstream”, y todo el trabajo en redes sociales, crearon a un personaje capaz de ganarse la presidencia “de la nada”. Pero, todo lo contrario, hay mucho detrás de Milei. Hay mucho dinero y muchos medios empresariales, humanos y tecnológicos. Es la apuesta de la oligarquía ante un peronismo que representa, fundamentalmente, a cierta burguesía nacional enfrentada a una oligarquía sin proyecto de país, que solo pretende saquear las riquezas y llevárselas a Miami, Madrid o París.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 22 de octubre, dejó un sabor agridulce. Por un lado, el peronismo ganó las elecciones con un 37 % de los votos, frenando el hipotético tsunami de Javier Milei. Pero Milei, quedó segundo con un 30 % de los votos.

El próximo 19 de noviembre se celebrará la segunda vuelta. La democracia burguesa se debatirá entre dos caminos.

Por un lado, el representado por Milei. Que pretende que Argentina sea la finca de una oligarquía ociosa, extractivista y totalmente entregada a los intereses del imperialismo estadounidense.

Por el otro, el peronismo, representante de una debilitada burguesía nacional, pero que sigue manteniendo importantes bolsas de apoyo popular. Su apuesta estratégica es formar parte de los BRICS, y promover una integración regional, especialmente con Brasil, que permita un desarrollo autónomo sin romper las reglas del capitalismo.

Lo más probable es que el peronismo gane las elecciones presidenciales, y que Argentina insista en su camino de integración regional con Brasil y de integración en el bloque de los BRICS. Si esto sucede, la pregunta es: después de Milei, ¿qué hará la oligarquía y el Departamento de Estado yankee? Sus cartuchos tienden más al fascismo, y en el marco de un gran conflicto mundial, la apuesta del imperialismo puede ser, simplemente brutal.

Es muy tópico, pero Argentina es un tango, pura tragedia.

Ferran N.

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