Se materializa la continuidad del gobierno de la socialdemocracia para mantener en la desmovilización y el empobrecimiento progresivo al pueblo trabajador frente a las ganancias del capital. La alianza PSOE-SUMAR no solo se sustenta en esta ocasión por las fuerzas socialdemócratas y reformistas del Congreso, también cuentan con el apoyo de la derecha nacionalista. El nuevo gobierno no varía ni un milímetro la senda del anterior Ejecutivo, nace determinado por su sometimiento a los intereses dictados por la Unión Europea y la OTAN, intereses que no son otros que los del capital y la guerra imperialista. A su vez, se acrecientan las confrontaciones internas de las formaciones que lo componen. En el PSOE sus facciones más conservadoras se levantan airadamente contra los pactos con el nacionalismo, mientras que SUMAR muestra su naturaleza individualista y sin principios por las luchas de poder entre PODEMOS e IU-PCE, acólitos de Yolanda Díaz. No nos equivocamos al afirmar que el escenario parlamentario emanado del 23J no ha hecho más que reforzar las conclusiones que el PCPE viene plasmando en sus comunicados y publicaciones y confirma las dificultades para recomponer la aritmética parlamentaria del bloque de poder.

La coyuntura muestra un horizonte en el que las consecuencias generadas por este sistema agonizante son incuestionables y atacan directamente a la vida de la clase trabajadora. En el contexto internacional de crisis general del capitalismo, se aboca a la Humanidad a un escenario de empobrecimiento, de sobreexplotación de su fuerza de trabajo, de saqueo de los recursos naturales, de guerra y de terror. Se multiplican las agresiones a los pueblos soberanos, a través de las armas, de la guerra tecnológica y del bloqueo; el genocidio y el crimen gozan de absoluta impunidad entre las instituciones internacionales; se esquilman los bosques, los campos, los mares y los acuíferos, el capital desangra la naturaleza con sus garras criminales.

En España, los índices de pobreza avanzan sin freno entre la clase trabajadora. La carestía de la vida; el recrudecimiento de las imposiciones bancarias; la constante pérdida del poder adquisitivo; la precariedad laboral; el progresivo desmantelamiento de lo público, entre otras tantas cuestiones, sitúan al pueblo trabajador frente a unas condiciones de vida extremadamente complejas. Y frente a todo ello y como si nada de esto estuviese ocurriendo, destaca la falta de una respuesta obrera y popular generalizada. Sin menospreciar las luchas que puntualmente se vienen manteniendo y que logran importantes victorias parciales, se evidencia cómo las grandes centrales sindicales, las organizaciones del ámbito del reformismo y el propio Gobierno, alimentan interesadamente una paz social en la que impera el adormecimiento de la conciencia de los trabajadores y de las trabajadoras.

No nos dejemos engañar, el nuevo gobierno continuará navegando en estas aguas del pacto social sin cambiar un ápice su rumbo. Los acuerdos adoptados tras las negociaciones para la investidura no son más que parches y efectos de mero maquillaje. La tan nombrada Amnistía, compromiso clave para recibir los apoyos de quienes representan a la burguesía en Catalunya, en absoluto supone un avance para los intereses de la clase trabajadora ni para el pueblo catalán, se trata de un documento enmarcado en el campo jurídico de la constitución del 78 y cuyo fin es, principalmente, eludir el debate político de fondo y no afrontar cuestiones fundamentales, asegurando a través del campo de lo jurídico la normalización autonómica. Es más, se trata de un texto que, atendiendo a la legislación burguesa vigente, augura un dudoso recorrido. Desde el PCPE no concebimos otro camino que el de apoyar una Amnistía que avance sin tapujos en el derecho de autodeterminación de los pueblos, así como que afecte plenamente al conjunto de represaliados y represaliadas políticas del Estado español. El resto de fórmulas son falacias sin mayor recorrido que el de legitimar lo establecido, tal y como se traduce del texto legislativo para la Amnistía presentado en el Congreso.

Aun así, y pese a que constituyen una cortina de humo que impide centrarse en la categorización real del modelo de gestión capitallista que representa el nuevo Gobierno, no podemos dejar de denunciar la movilización de los elementos más fascistas y reaccionarios de la sociedad que, en un alarde de españolismo carpetovetónico, propician sin tapujos un golpe de estado ajustado a su ideal de España nacional-católica, absolutamente excluyente. 

En su conjunto, los acuerdos que conforman el compromiso de gobernabilidad para la legislatura, ahondan en propuestas vagas que poco o nada favorecerán las condiciones de vida de la clase obrera y las capas populares de la sociedad. Por situar alguno de los aspectos fundamentales del acuerdo, en lo concerniente al trabajo y al empleo cabe destacar que no se aborda ninguna cuestión estructural que modifique significativamente las condiciones laborales: compromisos de subidas salariales que no absorben la carestía de la vida; modificaciones en los sistemas de contratación que, en la práctica, sustentan la precariedad al mantener allanada la vía para la explotación y el despido; reducciones de jornada vagamente proyectadas y que no se acompañan de iniciativas que garanticen su viabilidad y cumplimiento. Y estos son solo algunos ejemplos de los puntos que recoge la alianza de gobierno, un documento con propuestas que destacan por su inconsistencia y que se alinean con los postulados del sistema, sin tan siquiera rozar aspectos que aspiren a revertir el desmantelamiento de lo público en favor de lo privado, o a reducir el gasto militar y no apoyar de facto las guerras imperialistas y el genocidio, como ha venido haciendo mientras estaba en funciones desplegando, en apoyo de la entidad sionista, la fragata Méndez Núñez y el buque de combate Patiño. No hay duda de que nos enfrentamos a una etapa de enorme detrimento para el futuro de la Humanidad y del Planeta y que este Gobierno, ni aun colocándose el apellido de progresista, moverá un ápice para impedirlo.

Y como ya hemos situado, es en este devenir de ambigüedades y efímeras proposiciones, que la ultraderecha ha encontrado un nuevo filón para la intervención. El Partido Popular, VOX y sus satélites fascistas sacan de nuevo sus banderas de odio y xenofobia. La falsa información interesada que han venido vomitando los medios de comunicación de masas, unido al discurso populista entonado por una derecha ansiosa de recuperar su hegemonía en las instituciones, ha favorecido el campo de cultivo para organizar una respuesta popular que no podemos obviar. No son pocos los trabajadores y las trabajadoras que se han sumado a las protestas de las últimas semanas, embaucados por el discurso fascista. Esta realidad debe ser combatida desde el análisis, la autocrítica y el reforzamiento de la intervención directa entre las masas. Solo el pueblo organizado vencerá al fascismo, no hay otro camino.

Desde el PCPE, en el convencimiento de que a través de las instituciones burguesas nunca se podrá alcanzar el objetivo de romper con el sistema opresor y avanzar hacia la construcción del socialismo y el comunismo, entendemos la organización de la lucha obrera y popular como el único camino para derrocar la dictadura del capital. Sustanciarse en práctica política de masas, trascender nuestros marcos organizativos y construir espacios participativos de movilización es la vía para crear poder obrero y popular, para enfrentar la lucha por un mundo mejor desde el carácter de clase que le corresponde. La militancia comunista del PCPE, con la experiencia de 40 años de lucha, trabaja por fomentar las estructuras de base que conformarán el Frente Obrero y Popular por el Socialismo (FOPS), herramienta imprescindible en el objetivo emancipador del pueblo trabajador.

Tu lucha decide. ¡Toma Partido!

Comité Ejecutivo del PCPE

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