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(BREVE ESBOZO BIOGRÁFICO CON UNA EXPOSICIÓN DEL MARXISMO)

(Continuación)

La plusvalía

Al alcanzar la producción de mercancías determinado grado de desarrollo, el dinero se convierte en capital. La fórmula de la circulación de mercancías era: M (mercancía) - D (dinero) - M (mercancía), o sea, venta de una mercancía para comprar otra. Por el contrario, la fórmula general del capital es D-M-D, o sea, la compra para la venta (con ganancia).

Marx llama plusvalía a este incremento del valor primitivo del dinero lanzado a la circulación. Que el dinero lanzado a la circulación capitalista "crece" es un hecho conocido por todo el mundo. Y precisamente ese "crecimiento" convierte el dinero en capital, como relación social, peculiar, históricamente determinada de la producción. La plusvalía no puede brotar de la circulación de mercancías, pues ésta sólo conoce el intercambio de equivalentes; tampoco puede provenir de un alza de los precios, pues las pérdidas y las ganancias recíprocas de vendedores y compradores se equilibrarían; se trata de un fenómeno masivo, común, social, y no de un fenómeno individual. Para obtener plusvalía "el dueño del dinero necesita encontrar en el mercado una mercancía cuyo valor de uso posea la propiedad peculiar de ser fuente de valor", una mercancía cuyo proceso de uso sea, al mismo tiempo, proceso de creación de valor. Y esta mercancía existe: es la fuerza de trabajo del hombre. Su uso es trabajo y el trabajo crea valor. El dueño del dinero compra la fuerza de trabajo por su valor, valor que es determinado, como el de cualquier otra mercancía, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción (es decir, por el costo del mantenimiento del obrero y su familia). El dueño del dinero que compra la fuerza de trabajo tiene derecho a consumirla, es decir, a obligarla a trabajar durante el día entero, por ejemplo, doce horas. Ahora bien, durante seis horas (tiempo de trabajo "necesario") el obrero crea un producto suficiente para cubrir los gastos de su mantenimiento, y durante las seis horas restantes (tiempo de trabajo "adicional") crea un producto "adicional" no retribuido por el capitalista, que es la plusvalía. Por consiguiente, desde el punto de vista del proceso de la producción, en el capital hay que distinguir dos partes: capital constante, invertido en medios de producción (máquinas, instrumentos de trabajo, materias primas, etc.) y cuyo valor se trasfiere sin cambios (de una vez o en partes) al producto terminado; y capital variable, invertido en fuerza de trabajo. El valor de este capital no permanece invariable, sino que se acrecienta en el proceso del trabajo, al crear la plusvalía. Por lo tanto, para expresar el grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital hay que comparar la plusvalía, no con todo el capital, sino sólo con el capital variable. La cuota de plusvalía, como llama Marx a esta relación, será, pues, en nuestro ejemplo de 6: 6, es decir, del 100 por ciento.

Las premisas históricas para la aparición del capital son: en primer lugar, la acumulación de cierta suma de dinero en manos de ciertas personas, cuando existe un nivel general de desarrollo, relativamente alto de la producción de mercancías; en segundo lugar, la existencia de obreros "libres" en un doble sentido –libres de todas las trabas o restricciones impuestas a la venta de la fuerza de trabajo, y libres de tierra y, en general, de medios de producción–, de obreros desposeídos, de obreros "proletarios" que nada tienen para subsistir, excepto la venta de la fuerza de trabajo.

Hay dos métodos principales para poder incrementar la plusvalía: mediante la prolongación de la jornada de trabajo ("plusvalía absoluta") y mediante la reducción del tiempo de trabajo necesario ("plusvalía relativa"). En su análisis del primer método, Marx describe el impresionante cuadro de la lucha de la clase obrera por la reducción de la jornada de trabajo y de la intervención del poder estatal para prolongarla (siglos XVI a XVII) y para reducirla (legislación fabril del siglo XIX). Desde la aparición de El capital, la historia del movimiento obrero de todos los países civilizados ha aportado miles y miles de nuevos hechos que ilustran este cuadro.

En el análisis de la producción de la plusvalía relativa, Marx investiga las tres etapas históricas fundamentales de la elevación de la productividad del trabajo en el capitalismo: 1) la cooperación simple; 2) la división del trabajo y la manufactura; 3) las máquinas y la gran industria. La profundidad con que Marx ha revelado los rasgos básicos, típicos del desarrollo del capitalismo, queda evidenciada, entre otras cosas, por estudios sobre la llamada industria de los kustares en Rusia, que dan un riquísimo material, para ilustrar las dos primeras etapas de las tres mencionadas. En cuanto al efecto revolucionario que produjo la gran industria maquinizada –que Marx describió en 1.867–, el medio siglo trascurrido desde entonces ha venido a ponerlo de manifiesto en toda una serie de países "nuevos" (Rusia, Japón y otros).

(Continuará)