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Hoy en día se da por hecho eso de que por estar "en el siglo 21" las cosas cambian milagrosamente. Es decir, según avanzan los siglos parece que tenemos la obligación de modernizarnos "para ir con los tiempos". Vamos a ver cómo se aplica este concepto a las familias "del siglo XXI". Hagamos un repaso de los orígenes de la familia.

Hasta aproximadamente el siglo XIX los matrimonios se hacían exclusivamente por razones económicas, uniendo a miembros de diferentes familias burguesas para así perpetuar ese poder y riqueza a través de la unión. Para asegurar que el poder de tal o cual familia iba a seguir reproduciéndose de la misma manera, era necesario cerciorarse de que los hijos e hijas que alumbraba una mujer fueran de su marido. El cuerpo de las mujeres fue reducido a una función meramente reproductiva y considerado un objeto de posesión del hombre. Esta garantía era especialmente importante en lo tocante a los varones, ya que gozaban de mayor poder y posición social, con cierto margen a la hora de elegir mujer, cosa en la que ellas tenían menos o ningún margen, ya que tenían que hacerse valer para ser dignas de ser elegidas por este o aquel apuesto joven de buena familia. ¿Cómo cambió esto? Los habitantes de aquel siglo tan poco fashion decidieron modernizarse, ya que el siglo XXI estaba a la vuelta de la esquina y nos iba a pillar el toro con aquel sistema tan anticuado de matrimonio.

Feministas pequeñoburguesas como Jane Austen empezaron su acoso y derribo contra el viejo concepto de matrimonios concertados e hicieron bandera del amor romántico. Total, que lo que antes era una imposición se convirtió en algo precioso en donde mujeres y hombres podían elegir con quién casarse. No obstante, la fidelidad seguía siendo considerada una virtud para las mujeres, cuyas vidas seguían dependiendo económicamente de su marido, ya fuera campesino o terrateniente, de quienes dependía su subsistencia. ¿Qué cambió entonces? Nada. El paso del matrimonio de conveniencia al amor romántico fue una transición española: cambiarlo todo para que nada cambie, así aplacamos los ánimos de rebelión. Ambos géneros fueron acogiendo aquel concepto, sin darse cuenta las mujeres de que las peores enemigas de este nuevo concepto eran ellas mismas: hacerles desear una posesión que antes era impuesta y ahora una muestra de amor.

Apliquemos esto a nuestro moderno siglo: si bien la fidelidad es socialmente considerada negativa para ambos sexos, ellas siguen siendo "putas" si son infieles y ellos unos cabrones. Pero cabrón es un insulto que no alude a la sexualidad, se puede decir del vecino que arrastra muebles a las tres de la mañana. ¿Podemos decir que la familia moderna no somete a ninguno de los dos sexos? Las mujeres pueden trabajar y divorciarse si quieren. La familia moderna seguirá perpetuando los antiguos roles porque las mujeres pueden hacer todo lo anterior, pero se les sigue transmitiendo lo que querían sus abuelas: un marido e hijos. Si se divorcian, lo primero que se les dice es que ya son libres para buscarse a otro, como si fuera un objetivo obligatorio. Y ellos quieren una mujer lo suficientemente lista para no dejarles mal pero lo suficientemente tonta para no hacerles sombra. Esto no sólo es aplicable a las familias heterosexuales, ya que los y las homosexuales también reproducen roles de género. Sobre este colectivo se piensa que ya está todo hecho, ya que hasta tienen su día. Pero no debe confundirse visibilizar a los y las homosexuales, como también pasa con el maltrato de género, como luchar contra ello. Si no existe una organización combativa y clasista, no servirá de nada.

Múltiples ejemplos de este concepto de familia pueden ser extraídos de películas como “3 Metros Sobre el Cielo” o “Crepúsculo”, que hacen las delicias de millones de adolescentes -y no tan adolescentes- que son incapaces de ser críticos y críticas con los roles que se les están transmitiendo. Prueba de ello es que, cada vez más, vemos escandalosos artículos sobre adolescentes que afirman que su pareja les controla "lo normal" o que todavía se conserva esa idea de "chica fácil para una noche" y "chica difícil para formar una familia", sin darse cuenta de que esa "dificultad" que se imponen hace difícil el camino a su vagina, trasmitiendo la idea de que efectivamente lo único que hay de valor en ellas es eso, por lo tanto lo único a lo que hay que poner trabas para ser alcanzado. Pero tranquilidad, que trabajamos y nos divorciamos, así que somos muy modernos y modernas.

L. V. M-J.