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Vivimos en un mundo sucio, en el sentido más amplio del término. No sólo avanzamos hacia la destrucción acelerada del Medio Ambiente, sino que asistimos a la perversión de los términos y a la transformación de todas las relaciones humanas de acuerdo al mercado capitalista. En el caso del lenguaje, el patrón a imitar es el de la publicidad.

El capitalismo ha demostrado una gran versatilidad a la hora de usar para su propio interés símbolos propios y extraños. No hace mucho, el Banco Santander nos regalaba un homenaje a la flexibilidad publicitaria, calificando sus ventas de activos financieros como “Revolución”. Y, acostumbrados a un papel marginal en la gestión del capitalismo, Izquierda Unida, como si de una subasta se tratase, sube ahora el órdago proponiendo no una, sino siete revoluciones.

Pero más allá del lenguaje y leyendo con atención la nueva reformulación del programa oportunista, nos encontramos con que sus revoluciones pretenden una “Europa social, democrática y equitativa, (…) una alternativa social para salir de la crisis.” IU no está sola en este camino, le acompañan todos los partidos agrupados en torno al Partido de la Izquierda Europea (PIE). Lástima que de las siete revoluciones, ninguna sea la que tumbe al capitalismo; que hablen de consecuencias de la gestión neoliberal y no del sistema mismo; que el propósito sea gestionar el capitalismo y que, en definitiva, las siete revoluciones no sean más que otra perversión del lenguaje con el que nos repiten un programa de siete reformas y ninguna revolución.

En este mundo sucio en el que vivimos, vamos a ver qué dice el sucio oportunismo y qué no dice sobre la protección del Medio Ambiente.

Lo que no dice el documento

El documento, sin un hilo conductor claro, nos propone numerosos remedios concretos a las maldades del “neoliberalismo”. Así, descubrimos la revolución de la bicicleta y del “ir caminando”, las bondades del ferrocarril y de la pequeña producción local, un curioso término como “empleo verde” y un llamamiento a romper con las grandes aglomeraciones urbanas, tendiendo a una nueva estructura poblacional que funda el campo y la ciudad. Incluso se proclama la necesidad de nacionalizar determinados “recursos naturales”.

Ahora bien, el documento no aclara cómo se va a conseguir aplicar dicho programa. El capitalismo ha demostrado que, independientemente de qué partido gestione su gobierno, el poder político está siempre en manos del capital y la adopción y aplicación de leyes y medidas se hace de acuerdo a sus intereses. Las necesidades del capital van ligadas a la tendencia a la acumulación infinita. Cualquier gobierno “democrático” que pretenda ir contra los intereses de acumulación del capital, sin destruirlo, está condenado a la asimilación o al fracaso. Pero si no hablamos de gestionar el sistema, sino de destruir el poder de una minoría capitalista y construir el poder obrero, entonces sí nos dirigimos a una revolución: la socialista.

Sólo la revolución socialista puede poner solución a la destrucción del Medio Ambiente. No hay tecnología que, por sí misma, garantice la protección del ecosistema. El capitalismo nos demuestra en Andalucía cómo la energía solar puede ser responsable de la destrucción de campos de cultivo y del medio rural; y en Navarra nos muestra cómo el mayor campo eólico de Europa puede ser una aberración destructiva. No es cuestión de tecnología.

Sólo la propiedad sobre el conjunto de todos los recursos de la sociedad y la planificación y dirección sobre los mismos por parte de la clase obrera garantiza los objetivos de ahorro, satisfacción de las necesidades humanas y preservación del Medio Ambiente.

El problema es que ésto, IU o bien lo oculta, o bien no lo sabe.

¿De qué habla el documento?

a) Mercancía, riqueza y valor.

El documento menciona una larga lista de remedios de tipo económico: “fiscalidad verde” (para “incentivar” al capital a “cambios profundos” en la producción), “economía solidaria” (sin explicación), “tarifas progresivas”, etc.

Sin embargo, lo que más repite es la necesidad de evitar que determinados bienes y servicios se transformen en mercancías, mediante su propiedad y gestión pública. Este remedio se propone para los “recursos naturales estratégicos” y “la energía”.

En este caso, no podemos estar más de acuerdo. Sin embargo, tememos que sea porque IU confunde el término mercancía. Mercancía es todo aquello que se compra y que se vende, un producto elaborado para su venta en el mercado. La propiedad pública en el capitalismo no elimina el carácter mercantil de la producción de estos bienes, sino que incorpora al Estado capitalista como agente de redistribución secundaria de valor. El Estado burgués no es la solución a la producción mercantil ni a la destrucción del Medio Ambiente, sino una parte más del problema.

Las tendencias del capitalismo hoy día son a confundir riqueza y valor. La primera es una categoría natural, la segunda una categoría social, resultante del proceso de trabajo. Dice Marx “el trabajo, por tanto, no es la fuente única de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es el padre de ésta y la tierra, su madre.”

Hoy, el capitalismo calcula el valor de los insectos polinizadores en 190.000 millones de dólares al año, el de las abejas en 153 millones, el de los murciélagos en 22.900 millones y así sucesivamente. La tendencia del capitalismo, imposible de parar sin destruirlo, es a extender relaciones mercantiles incluso donde no existen, no a abolirlas. Las propuestas de fiscalidad verde de IU quizás sean asumibles en una determinada coyuntura para el capital, pero difícilmente para quienes vivimos en este planeta, en la medida en que prorroguen su vida al capital.

b) Energías verdes.

Omitido el socialismo, la lista de remedios que el oportunismo propone en cuanto a la energía es largo: “energía fotovoltaica en techo, la energía solar térmica para climatización y agua sanitaria, la energía minieólica y la geotérmica, la eólica marina, la solar termoeléctrica con posibilidad de cogeneración, la geotérmica, la undimotriz y la mareomotriz.”

El mayor peligro, paradójicamente, es la posibilidad de éxito de éstas propuestas entre las masas populares. Hoy día, el capitalismo tiene resuelto con las actuales capacidades productivas el abastecimiento energético. Para proseguir la acumulación, se requiere acumular más capital, al margen de la satisfacción de la demanda -es decir, crear más centrales eléctricas aunque no se necesiten- y esto se hace por vía de fragmentar artificialmente la energía entre “sucia” y “verde”, acusando a la ya existente de sucia. Esta política ya ha sido aprobada por la UE bajo iniciativa de Alemania. El peor aspecto del oportunismo es movilizar las masas para los objetivos del capital.

La solución efectiva es una política de ahorro y planificación de la producción en base al socialismo, único modo de producción que se basa en la satisfacción de necesidades y no en las necesidades de venta del capital.

c) La vuelta a la pequeña producción

Otro aspecto reiterado en el documento de IU es la eterna voluntad de volver al pasado. Al pasado del capitalismo, desde luego. De la misma forma que se pretende volver al llamado Estado de Bienestar -al margen de las condiciones que lo vieron nacer-, en vez de avanzar al socialismo, el oportunismo pretende excluir el uso de productos químicos de síntesis (fertilizantes, plaguicidas, antibióticos, etc).”, fomentar  “agriculturas locales, orientadas a circuitos cortos de comercialización” como “ factor clave”, “ proteger los recursos y lograr que la pesca artesanal tenga porvenir” y, en general, hace una defensa encendida de la “pequeña producción”.

Los comunistas vemos necesario que el futuro incorpore la productividad de la gran producción socialista con el papel auxiliar de la pequeña empresa local, pero en las condiciones del capitalismo es imposible romper la propiedad de los monopolios y pretender una vuelta a un mundo idílico de la pequeña y mediana propiedad en condiciones de igualdad que, dicho sea de paso, nunca existió.

Conclusión

Izquierda Unida, con su programa de las siete revoluciones sin romper con el capitalismo, busca una acumulación de fuerzas en torno a su proyecto, lanzando discurso antes distintos sectores de la población con intereses concretos.

Como vemos, el programa que lanza es irrealizable en el marco del capitalismo e insuficiente o erróneo para la construcción del socialismo. Nuevamente, por tanto, se usará para movilizar votos para un programa que, aún siendo irrealizable, les permita lograr cierta cuota de participación en la  gestión del capitalismo.

A la clase obrera hay que decirle la verdad. No hay futuro -ni para nuestra clase ni para el Medio Ambiente- en el capitalismo, es necesario luchar por la toma del poder y la construcción del socialismo. Todo lo demás... ...es muy sucio.

Juan Nogueira