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Hay que preguntarse a quién sirve la educación, aun siendo pública, como en la actualidad. La educación es una herramienta más de la clase dominante, en la que los hijos e hijas de las familias trabajadoras se forman para desempeñar un papel, un papel que se basa en ser futura fuerza de trabajo, además de cultivar en las mentes más jóvenes su ideología. Un ejemplo claro del uso de la educación es la FP dual que se desarrolla en Madrid, donde el estudiantado pasa la mitad del curso realizando prácticas no remuneradas. Y esto no es nada nuevo, ya lo decía Marx definiendo la necesidad que tiene el sistema y cómo usa la educación para beneficiarse: “El sistema capitalista no precisa de individuos cultivados, solo de hombres formados en un terreno ultraespecífico que se ciñan al esquema productivo sin cuestionarlo”.

Esta última cita se puede utilizar para hacer alusiones a lo que está pasando actualmente. En plena crisis estructural capitalista es necesario, por parte de la clase dominante, retomar su tasa de ganancia, por ello la burguesía trata de destruir las fuerzas productivas y encontrar nuevos mercados en servicios públicos como la educación. Además, por la división del trabajo a nivel internacional, las instituciones como la UE hacen que el gobierno capitalista de turno lleve a cabo medidas que vayan destinadas a especializar a la futura clase obrera en servicios como el turismo, en el caso de España. En este contexto, somos el estudiantado, y más concretamente la juventud de extracción obrera y popular, y las familias trabajadoras y populares a quienes realmente nos afectan estas medidas de la burguesía.

Con la última medida, que es la LOMCE y está enmarcada siendo el colofón a un proyecto capitalista para destruir la educación pública junto con otras medidas como Bolonia o la Estrategia Universidad 2015, son los centros de estudios de enseñanzas medias los que más sufren sus efectos. Es, sobre todo, en esas clases masificadas de la ESO, Bachillerato o FP donde el estudiantado ve que estas medidas no mejoran la educación pública sino que la destruye. Con la LOMCE se intenta mercantilizar los centros de estudios, que sean prácticamente una empresa siendo los beneficios económicos su objetivo. Esto se consigue con medidas como la de convertir al Consejo Escolar en un mero órgano consultivo, así como atribuir amplios poderes al Director o Directora, que a su vez están elegidos por una junta de administración y no del propio centro.

Pero no solo atañe a los centros de estudios, se incorporan diversas reválidas para impedir a la juventud de extracción obrera y popular llegar a estudios superiores o la incorporación en la ESO de dos principales vías para cursar. Una de ellas, es la académica destinada al Bachillerato y la otra a la FP, que realmente será la vía que escogerá la gran mayoría por no poder pagar las reválidas. A su vez, la FP va a tener menor grado, haciendo que la futura fuerza de trabajo sea mucho más barata. Además, los trabajadores y trabajadoras de los centros de estudio también sufren esta medida. Podrán ser trasladados a otros centros así como modificarles la materia que impartan. Esto permite reducir el personal docente, que masifica a su vez las aulas, y hace menguar la calidad de la enseñanza.

Ante todo este panorama, el estudiantado de extracción obrera y popular solo tiene una alternativa: la organización en cada centro de estudio, la creación de un núcleo de resistencia que sea constante y que demuestre que esta juventud no se resigna a un futuro de servidumbre como mano de obra barata. La creación de una lucha estudiantil capaz de, a partir de esta misma, concretar paulatinamente una educación fuera de los márgenes del sistema, una educación que no esté basada en las exigencias de los capitalistas, sino en la eliminación de las clases sociales y con ello el desarrollo íntegro, tanto mental como físico, de las y los estudiantes. En resumidas palabras, la educación socialista.

L. Miguel Sánchez