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Fruto de diversas interpretaciones fundamentadas en la complejidad de los análisis realizados bajo el prisma científico del materialismo histórico, podemos debatir sobre la fecha de inicio del profundo ciclo de la crisis del capitalismo en el que estamos instalados, e incluso, sobre la capacidad del sistema para, en estas condiciones, iniciar o no un nuevo ciclo de reproducción ampliada del capital, pero sobre lo que las evidencias no permiten duda es sobre el carácter estructural y general de la crisis capitalista que afecta a nuestro país.

Afirmación que sustentamos en la incapacidad sistémica para superar ninguna de las contradicciones económicas, sociales y medioambientales que su propia existencia genera. Más allá de la realidad española, en su última fase de desarrollo, el capitalismo, pareciera llamado a exacerbar absolutamente todas y cada una de las colisiones provocadas con su existencia para propiciar en su contra la confrontación de clase más radical. La necesidad estructural del sistema de incrementar la tasa de explotación de la clase trabajadora, situando la desvalorización de la fuerza de trabajo hasta niveles en los que el salario no llega a alcanzar su capacidad de reproducción y generaliza la existencia de trabajadores pobres, muy especialmente entre la juventud y las mujeres trabajadoras, se suma al desarrollo sin límite de, en medio de una intensa confrontación interimperialista, las más variadas y multifacéticas estrategias para el dominio de los recursos naturales y las vías para su comercio. Una crisis de sobreproducción determinada por la caída tendencial de la tasa de ganancia que no tiene vuelta atrás y marca decididamente la necesidad del poder obrero y el Socialismo como única vía de superación de este escenario de Barbarie.

Esta afirmación, confirmada con la incapacidad manifiesta del capitalismo para abordar la crisis sanitaria de la COVID-19 como tal y, por el contrario, la disposición de los países socialistas para enfrentarla posicionando como única prioridad de su gestión la salud pública, nos obliga, sin más dilación a marcar, tanto a nivel internacional como nacional, una agenda para la transformación revolucionaria.

El nivel de contradicción entre la Humanidad y los monopolios, entre el Planeta y el imperialismo, no ofrece más margen de confianza en la posibilidad de una salida social y ecológicamente sostenible de la mano del capitalismo. En tiempos de crisis, el ilusionismo de la vieja y la nueva socialdemocracia tiene muy poco recorrido y muy pronto sus promesas se evidencian como una mentira más del sistema para mantener los consensos sociales que, aun, hacen viable su dominación. En España tenemos un claro ejemplo de ello con la gestión de poco más de un año y medio del gobierno de coalición formado por el PSOE, Podemos e Izquierda Unida/PCE.

Un gobierno sumiso a las necesidades de los sectores más avanzados económica y políticamente de la oligarquía española, y cuya principal misión, desde su constitución, no ha sido otra que propiciar los cambios que permitan la aplicación de las reformas estructurales estratégicas que estos demandan. Por causa de sobra conocida, finalmente todas estas medidas se recogen en el Plan presentado a la Comisión Europea para recibir los 140.000 millones de € de los Fondos de Recuperación y que, pese al oscurantismo de su contenido, se sabe que van a suponer una inyección multimillonaria de dinero público a los monopolios a cambio de un paso más en el imparable proceso de liquidación de las pensiones públicas, de la privatización de los servicios sociales mediante el nuevo “mantra” de la colaboración público - privada y una profunda reforma fiscal.

Nada, sin embargo, para los sectores más desfavorecidos de la población que, entre cortes de suministros básicos , desahucios, colas del hambre y pobreza generalizada, ven como la promesa de un Ingreso Mínimo Vital choca contra un laberinto burocrático que hace imposible a quienes realmente lo necesitan poder acceder a la prestación.

Igualmente, en la doble misión de recuperar unos mínimos consensos en torno al quebrado modelo de estructuración territorial del llamado Estado de las Autonomías -en relación sobre todo con Catalunya- y la desacreditada jefatura del estado con un rey huido a los Emiratos Árabes y otro salpicado por constantes evidencias de corrupción, el Gobierno de Pedro Sánchez, junto a los partidos de derecha, se alinea claramente en contra de los intereses del pueblo y, además de continuar legitimando la monarquía impuesta por Franco, sigue negando el legítimo Derecho a la Autodeterminación mediante un Referéndum que exige una amplia mayoría del pueblo catalán.

Nada esperábamos de este Gobierno, sabíamos que defraudaría las ilusiones puestas en él por parte de un pueblo trabajador necesitado de salir de la espiral de constante pérdida de derechos y deterioro de sus condiciones materiales de vida, agravada desde 2008 y muy especialmente, como consecuencia de los recortes sociales y de derechos impuestos durante los gobiernos del PP, pero la realidad ha superado las peores expectativas.

Para remate de esta radiografía del Gobierno de Coalición, mal llamado progresista, dos apuntes que reflejan muy bien su realidad:

  • Su entusiasta compromiso con la organización en España de la Cumbre Anual de la OTAN en el 2022, que la posiciona en un papel beligerante en la confrontación por la hegemonía mundial.

  • La renovación tácita con los EE.UU, para la permanencia de las bases militares yanquis en España, cuya misión principal no es otra que servir de plataforma de agresión contra los pueblos que no se pliegan a los intereses del imperialismo.

Y que demuestran que más allá de determinadas declaraciones, el único reflejo progresista del gobierno de coalición PSOE-UP (Podemos-IU-PCE), son los destellos de luz de la Razón al chocar frontalmente con la caverna política y mediática del sector más reaccionario y franquista de la oligarquía española que legítimamente representan el PP y el ultraderechista VOX.

Julio Díaz, Secretario General del PCPE


(versión en portugués)

Conjuntura da luta de classes na Espanha

Fruto de diversas interpretações fundamentadas na complexidade das análises realizadas sob o prisma científico do materialismo histórico, podemos debater sobre a data de início do profundo ciclo da crise do capitalismo em qual estamos instalados, e incluso, sobre a capacidade do sistema para, nestas condições, iniciar ou não um novo ciclo de reprodução ampliada do capital, mas sobre o que as evidências não permitem dúvida é sobre o carácter estrutural e geral da crise capitalista que afeta ao nosso país.

Afirmação que sustentamos na capacidade sistémica para superar nenhuma das contradições económicas, sociais e ambientais que a sua própria existência gera. Mais lá da realidade espanhola, na sua última fase de desenvolvimento, o capitalismo parece chamado a exacerbar absolutamente todas e cada uma das colisões provocadas com a sua existência para propiciar na sua contra a confrontação de classe mais radical. A necessidade estrutural do sistema de incrementar a taxa de exploração da classe trabalhadora, situando a desvalorização da força de trabalho até níveis em que o salário não alcança a sua capacidade de reprodução e generaliza a existência de trabalhadores pobres, muito especialmente entre a juventude e as mulheres trabalhadoras, suma-se o desenvolvimento sem limite de, no meio de uma intensa confrontação interimperialista, as mais variadas e multifacetadas estratégias para o domínio dos recursos naturais e as vias para o seu comércio. Uma crise de superprodução determinada pela caída tendencial da taxa de lucro que não tem retorno e marca decididamente a necessidade do poder obreiro e o Socialismo como única via de superação deste cenário de Barbárie.

Esta afirmação, confirmada com a incapacidade manifesta do capitalismo para abordar a crise sanitária da COVID-19 como tal e, pelo contrário, a disposição dos países socialistas para enfrenta-la posicionando como única prioridade da sua gestão a saúde pública, obriga-nos, sem mais a marcar, tanto a nível internacional como nacional, uma agenda para a transformação revolucionária.

O nível de contradição entre a Humanidade e os monopólios, entre o Planeta e o imperialismo, não oferece mais margem de confiança na possibilidade de uma saída social e ecologicamente sustentável da mão do capitalismo. Em tempos de crise, o ilusionismo da velha e da nova socialdemocracia tem muito pouco recorrido e muito rápido as suas promessas se evidenciam como uma mentira mais do sistema para manter os consensos sociais que ainda fazem viável a sua dominação. Na Espanha temos um claro exemplo disso com a gestão de pouco mais de um ano e meio do governo de coligação formado pelo PSOE, Podemos e Izquierda Unida/PCE.

Um governo submisso às necessidades dos setores mais avançados econômica e politicamente da oligarquia espanhola, e cuja principal missão, desde a sua constituição, não era outra que propiciar as mudanças que permitam a aplicação das reformas estruturais estratégicas que estes demandam. Por causa amplamente conhecida, finalmente todas estas medidas recolhem-se no Plano apresentado à Comissão Europeia para receber os 140 000 milhões de € dos Fundos de Recuperação e que, apesar do obscurantismo do seu conteúdo, sabe-se que vão implicar uma injeção multimilionária de dinheiro público aos monopólios em troca de um passo mais no imparável processo de liquidação das pensões públicas, da privatização dos serviços sociais mediante o novo “mantra” da colaboração público-privada e uma profunda reforma fiscal.

Nada, porém, para os setores mais desfavorecidos da povoação que, entre ruptura de aprovisionamentos básicos, despejos, filas da fome e pobreza generalizada, vem como a promessa de um Ingresso Mínimo Vital bate contra um labirinto burocrático que faze impossível a quem realmente o precisam poder aceder à prestação.

Igualmente, a dupla missão de recuperar uns mínimos consensos em torno do quebrado modelo de estruturação territorial do chamado Estado das Autonomias —em relação sobre todo coa Catalunha— e a desacreditada chefia do Estado com um rei fugido aos Emiratos Árabes e outro envolto em constantes evidências de corrupção, o governo de Pedro Sánchez, junto com os partidos de direita, alinha-se claramente em contra dos interesses do povo e, ademais de continuar legitimando a monarquia imposta por Franco, segue negando o legítimo Direito à Autodeterminação mediante um Referendo que exige uma ampla maioria do povo catalão.

Nada esperávamos deste governo, sabíamos que defraudaria as ilusões postes nele por parte dum povo trabalhador necessitado de sair da espiral de constante perda de direitos e deterioro das suas condições materiais de vida, agravada desde 2008 e muito especialmente, como consequência dos cortes sociais e de direitos impostos durante os governos do PP, mais a realidade superou as piores expetativas.

Para terminar esta radiografia do governo de coligação, mal chamado progressista, dois apontamentos que reflexam muito bem a sua realidade:

  • O seu entusiasta compromisso com a organização na Espanha da Cimeira Anual da OTAN em 2022, que a posiciona num papel beligerante na confrontação pela hegemonia mundial.

  • A renovação tácita com os EE. UU. para a permanência das bases militares ianques na Espanha, cuja missão principal não é outra que server de plataforma de agressão contra os povos que não se submetem aos interesses do imperialismo.

E que demostram que mais lá de determinadas declarações, o único reflexo progressista do governo de coligação PSOE-UP (Podemos-IU-PCE) são as luzes intermitentes da Razão ao colidir frontalmente contra a caverna política e mediática do setor mais reacionário e franquista da oligarquia espanhola que legitimamente representam o PP e o ultradireitista VOX.

Julio Díaz, Secretário Geral do PCPE

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