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Pablo Casado y Santiago Abascal, durante un Pleno del Congreso.

Y el PP y Vox más. Los representantes de estas dos formaciones de credo integrista, como borrachos en farra, vociferan a por fía a ver quién de ellos lo hace más fuerte: Pedro Sánchez es un sinvergüenza -espetan los del PP- y el de Vox, explota con delirio mesiánico, es un psicópata. Y seguidamente, en el colmo de la contradicción perversa, hacen un acto de constricción compadeciéndose de los ministros y ministras cesados el 10.07.21, que hasta el día antes eran sus más odiados enemigos.

¿A qué vienen estos berrinches? Los dos bloques, PP-Vox y PSOE-U-Podemos, son contrincantes políticos en esto de compartir el poder político a través del bipartidismo. Esto hace no parar la cizaña entre unos y los otros, aunque los de la confesionalidad franquista sean más agresivos. La rivalidad consiste en provocar el desgaste del que ostenta el  gobierno para favorecer el cambio al otro aspirante cuanto antes. Es el juego de la alternancia política en la dominación del sistema.

Desde Moncloa se había cometido un fallo de cálculo para debilitar al PP a través de Murcia y Madrid mediante hostiles OPAs políticas, que no le salió bien al PSOE. Este jaleo, junto a las contradicciones de gestión de la pandemia de la COVID, liderado por el PSOE-U-Podemos, le daba alas a los de la caverna para arreciar su campaña de desagravio y victimismo contra las maldades de las “izquierdas” que sólo quieren su dictadura y romper a España, haciendo el juego a los separatistas catalanes que, en lugar de podrirse en la cárcel, son indultados. Gente endiablada a los que no les gusta la libertad de tomar una cerveza en una terraza de cualquier parte. Este es el programa sesudo que a la base de sus votantes dan. ¡Coño!, que risa me da.

Con lo que no habían contado es que el tal Sánchez, que preside el Gobierno y el PSOE, se daría cuenta del error de las OPAs por el que puede perder su precaria hegemonía. Él no admite esa responsabilidad achacable a Moncloa y aprovecha esa culpa para endosarla a quienes le asesoran  y, con ese subterfugio, desarrolla la idea reestructuradora del Gobierno, deshaciéndose de sus citados colaboradores y colaboradoras de la presidencia, en una maniobra bien calculada.

Pedro Sánchez, indudablemente, no se va a quedar aquí. Es una persona persuasiva y ambiciosa, capaz de haber roto el oráculo al pitoniso Felipe González. En su perspectiva de fortaleza dentro su ámbito de poder, está tomar las riendas de la reconstrucción del partido, aún disperso en feudos y banderías; Andalucía hasta hace muy poco bajo el susanato  Díaz, Aragón con Lambán y Castilla-La Mancha, con el no menos díscolo, García-Page. Y en la agenda del PSOE figura su 40º Congreso Federal para el próximo octubre, de cuyo resultado saldrá una reestructuración a fondo de los cuadros del partido y un diseño de propuesta cara a las batallas electorales de 2023: municipales, autonómicas y generales.

Para todo eso Pedro Sánchez necesita a elementos como Óscar López Águeda, rescatado éste de la influencia de las viejas glorias como Patxi López, y a Félix Bolaños García. Óscar López, amigo del alma desde su juventud en la escuela de verano de Galapagar, como “chicos de Pepe Blanco”, donde formaban el trío entre éste, Antonio Hernando y el actual padrino Pedro Sánchez.

Pero en el fondo, y entre tanto, no es la intención que cambie la política económica imperialista, madre de todas las iniciativas de los Gobiernos del sistema, ni este de la coalición liberal-keynesiana; como muestra un botón: la coruñesa Nadia Calviño Santamaría, pasa a ocupar la segunda presidencia del Gobierno, encargada al mismo tiempo de la economía y de las relaciones con la UE en donde se acuerdan los trueques de los préstamos hipotecarios, entre bancos, con recortes y aplicación de impuestos a las masas de trabajadores y trabajadoras y capas populares, para que éstas apechuguen con el pago de la deuda destinada a solventar los beneficios  de los oligopolios y las empresas multinacionales afincadas en nuestro país.

Toda esta gestión, que ahora no hacen ellos, es la que pone de los nervios a los filibusteros del PP y de Vox.

En esta vorágine, U-Podemos se postra ante su mejor postor para servirle como mamporrero, con la incertidumbre de por cuánto tiempo será. Sánchez ya ha soltado su órdago para navegantes que sobrevivan a las batallas de 2023: “Yo prefiero un chuletón al punto” -ha dicho-, como mostrando su oposición al keynesiano Garzón que, como ministro de consumo, nos alerta sobre la ingesta de la carne de vacuno.

Las derechas, de uno y otro signo, están a degüello presentando la parte más fea o desagradable de lo que a quien gobierna le obliga el sistema capitalista que, todos en definitiva, gestionan y defienden. Ninguno de ellos y ellas lo puede hacer mejor.

Solo un cambio radical de transformación social, del capitalismo al socialismo, puede acabar con las mentiras y proporcionar una vida plena de prosperidad, de paz y de igualdad  al pueblo trabajador.

Miguel Guerrero Sánchez

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