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“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, afirma Carlos Marx (1818-1883) en la tesis 11 sobre Feuerbach. Desgraciadamente, el gran pensador materialista no pudo ver el paso del capitalismo al socialismo. Fue un revolucionario ruso, seguidor y defensor de las ideas revolucionarias del de Tréveris, Vladímir Ilich Lenin (1870-1924), quien, en 1917, con la victoriosa Revolución de Octubre, demostró en la praxis la exactitud del enunciado marxista: transformó revolucionariamente la vieja Rusia zarista en el primer Estado obrero del mundo.

No fue por casualidad que Lenin se convirtiera en un revolucionario ejemplar con el paso del tiempo. Él y sus cinco hermanos, tres chicas y dos chicos, se educaron en un ambiente culto y con valores solidarios con las necesidades del pueblo ruso. Unos valores que le infundieron desde su nacimiento el 10 de abril de 1870 en Simbirsk, a orillas del río Volga, sus padres, Ilia Nikoláievich Uliánov, profesor de enseñanza media, y María Alexándrovna, hija de un médico y adepta a la literatura y a la música.

Su carácter, pues, se formó en ese ambiente familiar progresista para la época y al contacto de la lectura de los grandes escritores rusos: Pushkin, Turguéniev, Tolstoi, etc., así como de los demócratas revolucionarios V. Belinski y D. Pisarev.

Marxista convencido

La arbitrariedad del Gobierno zarista, la opresión terrateniente y capitalista, unidas a la miseria y carencias de derechos de los obreros y campesinos, despertaron en el joven Lenin el odio hacia los opresores y la adhesión hacia los oprimidos. Rebeldía que se manifestó sobre todo en los últimos cursos del Liceo de Simbirsk, al que ingresó a los nueve años de edad. También en esos años su hermano mayor Alejandro ejerció una gran influencia en el dirigente revolucionario. El segundo de los hermanos estudiaba en la Universidad de Petersburgo para convertirse en científico, pero eligió como objetivo luchar contra el absolutismo zarista. Combate que lo llevó a ser fusilado por haber participado en un atentado contra el zar Alejandro III. Esta ejecución consolidó la decisión de Vladímir Ilich de consagrar su vida a la lucha revolucionaria. Una ardua batalla que no seguiría las pautas de su hermano ya que Lenin tenía muy claro que el camino a seguir difería totalmente del  de los atentados a los representantes del Poder zarista y al propio zar. Por eso a partir de ese momento mostró un gran interés por las ciencias sociales, ingresando en 1887 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Kazán y participando al lado de jóvenes revolucionarios en numerosas protestas estudiantiles. En una de ellas fue detenido y desterrado a la aldea de Kokúshkino donde Lenin pasó un año, durante el cual adquirió suficientes conocimientos como para, a su vuelta a la ciudad de Kazán, entablar contactos estrechos con varios círculos marxistas clandestinos. En esos círculos Vladímir Ilich estudió a fondo el marxismo, es decir la ciencia de las leyes que determinan el desarrollo de la sociedad, la que explica el mundo e indica las vías de su transformación revolucionaria. Una transformación  que exige además dos condiciones indispensables para su materialización: la creación de una fuerza capaz de hacer caer el Poder de la burguesía, es decir el proletariado, la clase de los obreros asalariados; y la organización política capaz de llevar a cabo la misión de esa clase social y que tenga como objetivo la construcción del socialismo. El joven Lenin vio en el marxismo el arma ideológica que podía liberar al proletariado y crear las condiciones para la victoria socialista. Lenin se había hecho ya un marxista convencido.

Escribir para la clase obrera

En 1889 Vladímir Ilich se trasladó a Samara donde vivió cuatro años. En esa ciudad Lenin continuó ampliando los conocimientos de las obras de Marx y Engels y tradujo al ruso el “Manifiesto del Partido Comunista”. Para imponerse en los círculos en los que Lenin participaba tuvo que enfrentarse a posicionamientos ideológicos de algunos revolucionarios que consideraban que correspondía al campesinado y no a la clase obrera el papel fundamental en la Revolución. Debate que no impidió que Lenin, a los 21 años, se licenciara en la Facultad de Derecho de la Universidad de Petersburgo. Ciudad con gran concentración obrera en la que se instaló en 1893 tras ejercer algún tiempo la abogacía en Samara. En Petersburgo, Lenin se entregó al trabajo revolucionario estableciendo contactos estrechos con los obreros más avanzados de las fábricas más importantes: Shelgusov, Bábushkin, Merkúlov. El objetivo era formar cuadros para el partido proletario. Siendo igualmente en ese tiempo cuando Vladímir Ilich conoció a Nadiezhda Konstantinovna Krúpskaia, maestra de escuela y su futura esposa y compañera. Lenin mostraba a los obreros de aquellos centros industriales cómo había que aplicar el marxismo. “Nada he deseado tanto ni nada me ha ilusionado tanto como la posibilidad de escribir para los obreros”, decía orgullosamente Vladímir Ilich. En 1895 Lenin viajó al extranjero por encargo del círculo de Petersburgo con la idea de conocer el movimiento obrero de Europa Occidental. En Suiza se entrevistó con J. Pléjánov y P. Axelrod y en París conoció a Paul Lafargue, yerno de Marx y destacado dirigente del movimiento obrero francés. También quiso entrevistarse con Federico Engels (1820-1895), pero éste se hallaba ya gravemente enfermo en Londres.

Alianza proletarios y campesinos

De vuelta del extranjero cargado de ilegales publicaciones marxistas que se difundieron por numerosas ciudades rusas, Lenin se incorporó a la lucha revolucionaria con energías renovadas. A finales de 1895 agrupó los círculos obreros marxistas de Petersburgo en una organización política única denominada: “Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera”, embrión del partido revolucionario marxista de Rusia. Fue la primera organización de ese país que ligó el socialismo científico al movimiento obrero. Hasta entonces las huelgas en las fábricas se declaraban al margen de la influencia y la dirección de los marxistas. Pero con la “Unión de lucha” y con su creciente influjo en la clase obrera ésta elevó su conciencia revolucionaria, dando lugar en el verano de 1896 a una importante huelga de más de 30.000 obreros y obreras textiles de Petersburgo cuya repercusión fue enorme en toda Rusia. Lo que no evitó sin embargo que Lenin fuese arrestado y encarcelado durante más de 14 meses. Tiempo durante el cual comenzó su gran obra “El desarrollo del capitalismo en Rusia”. Al término de ese encarcelamiento, el 13 de febrero de 1897, Lenin fue deportado tres años en Siberia Occidental. Allí, concretamente en la aldea de Shúshenskoe, comarca de Minusinsk, Vladimir Ilich se casó con Krúpskaia, prosiguió los estudios de las obras de Marx y Engels, elaboró el programa del Partido y concluyó su libro acerca del desarrollo económico de Rusia que se publicó en 1899. En ese libro, Lenin demostró fehacientemente que el capitalismo se afianzaba en Rusia con sus propias contradicciones, promulgando además la necesidad de la alianza del proletariado con los campesinos, sin la cual sería imposible el triunfo de la futura revolución. Después de la deportación se prohibió a Lenin vivir en capitales y en los centros industriales. El zarismo era consciente del peligro que suponía el líder revolucionario para su supervivencia. Por eso, y ante la posibilidad de ser asesinado, Vladímir Ilich salió para el extranjero comenzando así su primera emigración que duraría  más de cinco años.

José L. Quirante