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Recientemente se han reunieron en Lisboa más de 70 partidos comunistas y obreros del mundo para celebrar la edición anual del Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO). La organización anfitriona, el PC Portugués, organizó el evento de forma eficiente, garantizando que los delegados y delegadas de los diferentes países pudieran desarrollar su trabajo en las mejores condiciones.

Cabe mencionar que a lo largo de los tres días de Encuentro estuvo muy presente la figura de Alvaro Cunhal, a cuyo acto público de homenaje celebrado el día 10 de noviembre en el atestado recinto lisboeta de Campo Pequeno acudieron los delegados y delegadas tras finalizar los trabajos del EIPCO.

Durante el desarrollo del EIPCO fue posible escuchar y conocer de primera mano las experiencias de lucha de un gran número de organizaciones que fueron abordando, de manera desigual, los diferentes elementos que se incluían en el larguísimo título que, por decisión del Grupo de Trabajo del Encuentro, presidía esta edición: “La profundización de la crisis del capitalismo, el papel de la clase obrera y las tareas de los comunistas en la lucha por los derechos de los trabajadores y los pueblos. La ofensiva del imperialismo, el realineamiento de fuerzas a nivel interanacional, la cuestión nacional, la emancipación de clase y la lucha por el socialismo”.

La mención a la longitud del título no es baladí y es sintomática de un asunto que el PCPE lleva años señalando como uno de los principales problemas que ponen en riesgo la utilidad de los Encuentros Internacionales y pueden, si no se atajan, llegar a convertirse en una seria amenaza para su misma existencia: la nula voluntad por parte de algunas organizaciones de discutir sobre cuestiones concretas en el seno de los Encuentros Internacionales.

Es bien sabido que hay organizaciones que utilizan estos ámbitos para exponer sistemáticamente el mismo tipo de intervenciones vacías de todo contenido práctico. Hay ocasiones en que algunas organizaciones realizan grandes proclamas basadas en la fidelidad a los principios para luego traicionarlas sin rebozo en el quehacer diario, lejos de los ojos y oídos de otros partidos. Lamentablemente esto es algo que se constata y que retrasa el muy necesario avance en la coordinación internacional estable y seria.

Es un hecho que la retórica está instalada en los discursos de algunos partidos, cómodos con su situación actual y que no necesitan en absoluto de un movimiento comunista internacional fuerte y cohesionado que pudiera poner en entredicho ciertos elementos de su práctica como la política esencialmente parlamentaria, la excesiva afinidad hacia las direcciones sindicales traidoras, su nulo o escaso trabajo de solidaridad con otras organizaciones hermanas que afrontan gravísimas situaciones de acoso y represión estatales o, simplemente, su sistemática negación de los principios básicos de funcionamiento que han definido a los partidos comunistas históricamente. Como hay quien no quiere oír este tipo de cosas, siempre estará dispuesto a que se debata sobre generalidades para evitar entrar a lo esencial y tener que reconocer su posición oportunista.

El PCPE siempre ha defendido la necesidad de recuperar la unidad ideológica en el seno del Movimiento Comunista Internacional, pero para ello es necesario que pueda haber espacios donde discutir de verdad sobre este tipo de cuestiones. Esto no es una necesidad únicamente para el PCPE, puesto que en los debates del Encuentro pudo verse que muchos otros partidos, que sí luchan a diario contra la explotación, que no hacen uso de la retórica y que tienen convicciones firmemente revolucionarias, expresaban ideas similares o encaminadas en el mismo sentido, demostrando una voluntad de avance que se echa en falta el algunos partidos con la capacidad suficiente como para influir, muy negativamente, en sentido contrario.

Otro síntoma claro de que los Encuentros Internacionales son todavía una herramienta débil del MCI es la imposibilidad de emitir una declaración final conjunta. Este hecho constata que queda aún mucho por discutir en el EIPCO y, a la postre, viene a confirmar nuestra postura acerca de la necesidad de programar una serie de debates sobre asuntos concretos y acuciantes. El EIPCO no logró aprobar ninguna declaración porque existen elementos que genera gran fricción entre los partidos participantes y que, en tanto no se aborden con método y adecuadamente, seguirán dificultando poder llegar a acuerdos. Lo que bajo ningún concepto es asumible es que haya partidos que quieran imponer al conjunto del Encuentro sus análisis particulares, y más que dudosos, sobre el carácter antiimperialista de países como Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica, o que pretendan dar un cheque en blanco a distintos gobiernos latinoamericanos que, por muy progresivos que puedan ser, no han puesto en entredicho aún las relaciones capitalistas de producción ni tiene pinta que lo vayan a hacer, en tanto que no se hace ni una sola mención a los partidos comunistas y obreros que luchan en esos países.

Por poner un ejemplo, no es aceptable que se nos pida que apoyemos a la Kirchner en Argentina sin que haya podido haber una discusión sobre el carácter de su gobierno y el verdadero calado de las reformas que está llevando a cabo, que no parecen ser nada profundas. Pero lo que es menos aceptable aún es que, además, se tilde de sectario o dogmático a quien se niega a prestar su nombre para tal fin sin un debate previo. Lamentablemente, hechos similares al aquí expresado se pudieron ver en Lisboa, lo cual es un síntoma muy preocupante del estado de salud de nuestro movimiento.

Para nosotros siempre será mejor que no haya declaración a que haya una que no es consensuada. El consenso no es que uno asuma completamente el discurso de otro, sino que consiste en llegar a ponerse de acuerdo en aquello en lo que ese acuerdo es posible. Si es escaso el acuerdo, será necesario discutir más para superar las diferencias, pero flaco favor se hace al avance de las posiciones si lo que se quiere es imponer una visión y no debatir sobre las razones que la sustentan.

No obstante, en el terreno práctico sí que se logró un avance al aprobarse unas líneas de trabajo para acciones comunes durante el próximo año, cuyo impulso queda en manos del nuevo Grupo de Trabajo, al igual que la decisión sobre la 16 edición del EIPCO, a cuya organización presentaron su candidatura el el PC de Turquía, el PC de Ucrania y el PC de Ecuador.

Ástor García