Compartir

Con “Norma Rae” el cine se viste de mujer. De mujer proletaria. Una película realizada por el siempre interesante director norteamericano Martin Ritt (1920-1990) en 1979. Un filme del que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que con el ineluctable paso del tiempo no ha cogido ninguna arruga. Por tanto, “Norma Rae” sigue produciendo las mismas intensas emociones y los mismos irreprimibles deseos de rebelión contra la explotación capitalista y el enfermizo machismo que el día de su estreno. Hace ahora 42 años. Entonces yo tenía 30 años y todos los molares para dentellar la vida, ahora rondo los 73 y, aunque los incisivos no están para tirar cohetes, sigo teniendo las mismas ganas de luchar y de vivir. Sentimientos que trasmite a la perfección esta cinta ejemplar.

Basada en hechos reales, los de Crystal Lee Sutton, y ambientada en un pueblo del sur de Estados Unidos a finales de la década de 1970, la película del realizador neoyorquino cuenta la historia de Norma Rae (sensacional Sally Field): una madre soltera, con dos hijos y trabajadora de una fábrica textil, que un día encuentra al líder sindical Reuben Warshowsky (Ron Leibman), venido de Nueva York a ese lugar para crear  un sindicato en la factoría con el que los/as obreros/as defiendan sus inalienables derechos laborales.

Ocasión para mostrarnos, con un sentido extraordinario de la realidad y sin hacer concesiones a la facilidad o al sentimentalismo, la toma de conciencia de esta trabajadora sensible, humana y con un pasado complejo, que, para imponerse, tendrá que hacer frente no sólo a los infames dirigentes de la fábrica sino también a su propia familia.

Mujer emancipada

La película obtuvo un Oscar a la mejor interpretación femenina para la magnífica Sally Field, y otro para la mejor canción: “It Goes Like It Goes”, de David Shire y Norman Gimbel; así como la confirmación del compromiso social y el talento cinematográfico de un cineasta que empezó su carrera como actor de teatro y guionista del Federal Theater Project y, en los años  50, como director de series para la televisión norteamericana, de la que fue expulsado tildado de comunista por el Comité de Actividades Antiamericanas en plena persecución macartista.

Posteriormente, y tras varios años de obligada inactividad televisiva y cinematográfica, Martin Ritt volvió al cine por sus fueros realizando “Donde la ciudad termina” (1956), un filme  en el que, con dominio e inteligencia, denuncia la corrupción y la opresión gubernamental norteamericanas. Siguiendo, entre otras películas, las excelentes  “El espía que surgió del frío” (1965), “Un hombre” (1967) y la estupenda trilogía social compuesta de “Odio en las entrañas” (1970), “Sounder” (1972) y “Norma Rae”, que con “La sal de la tierra” (1954), de Herbert J. Biberman, son las dos  mejores películas sobre la lucha sindical y la emancipación de la mujer trabajadora.

Rosebud