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Resulta curioso comprobar cómo cuando los actos de violencia (entre otros, el asalto a edificios públicos, con excavadora incluida) los organizan y provocan los manifestantes “proUE” ucranianos, parece que tienen la comprensión, por no decir el aplauso abierto, de los gobiernos e instituciones internacionales, a la cabeza de los cuales se sitúa, evidentemente, aquellos objetivamente interesados en el triunfo de las reivindicaciones de dichos manifestantes: los grandes monopolios empresariales, y los países miembros de la UE, junto a su correspondiente entramado burocrático.

Curioso es igualmente que se conceda exclusiva legitimidad a las reivindicaciones de aquellos que, ni en las urnas, ni en los sondeos relativos al famoso acuerdo comercial con la UE, cuentan con el respaldo de la mayoría del pueblo ucraniano. Parece que para la UE sólo cuenta la “democracia” y las urnas, cuando de estas emanan posiciones genuflexas a sus intereses.

El pueblo ucraniano no tiene por qué estar condenado a tener que elegir entre el capital de la UE y el ruso; entre uno u otro imperialismo. Pero clarificadoras son las palabras de un obrero ucraniano recogidas en un periódico español el sábado 30 de Noviembre: “Hemos comprado la maquinaria que los polacos desecharon cuando tuvieron que entregar su industria automovilística para ingresar en la UE. Lo mismo pasará con nuestra industria” “Esos estudiantes...cuando acaben sus carreras entenderán que no van a encontrar trabajo y van a tener que emigrar, como emigraron los letones porque su agricultura ha sido destruida por la UE”, “No podemos aceptar las condiciones que nos ponen, las rebajas de salarios y reducción de puestos de trabajo combinadas con las subidas de precios”.

¿No nos resultan familiares las recetan que desde la UE se ofrecen al pueblo ucraniano?

Por cierto, el Partido Comunista de Ucrania fue víctima en 1994 y 1998 de sendos pucherazos electorales clamorosos, y a pesar de ser incluso oficialmente la fuerza más votada, nunca pudo ejercer esa labor para la que le designó su pueblo.

No se escucharon entonces los hipócritas llamamientos de la UE sobre el respeto al pueblo ucraniano.

 

Juan Carlos Martínez Portillo