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Foto: Fundación Anastasio de Gracia-Fitel

Cuarenta años atrás yo tenía tan solo 44. El 23 de febrero de 1981 cuando ya creíamos haber enterrado a la dictadura franquista, resultó que nos sorprendió Antonio Tejero ocupando el Congreso como lo hizo el 3 de enero de 1874 Manuel Pavía. Dijeron después que, a diferencia de Pavía, Tejero y sus secuaces fracasaron en el golpe de Estado. Creo que no, en principio el golpe iba dirigido al artículo 2 de la Constitución del 78 que enuncia el derecho de las Comunidades Autonómicas en España, y lo querían hacer desaparecer. El ejército regresó a sus cuarteles, sin bajar la guardia, e hizo implantar a la oligarquía de la incipiente plutocracia, a través de las Cortes, la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), con lo cual el desarrollo del derecho de autodeterminación de los pueblos de España quedó convertido en agua de borrajas.

¡Ay 23-F! No puedo olvidar esa fecha: eran las 18,20 horas. A mí me cogió en Badalona en el local del PSUC sito en la calle La Cruz, muy cerca del Ayuntamiento, cuando nos llegó la noticia que las emisoras de radio y tv estaban dando el inicio de un golpe de Estado. A medida que fue avanzando la tarde el local del partido se fue llenando de militantes y simpatizantes, hasta que se llenó. Inmediatamente conectamos con el Ayuntamiento y nos pasamos la tarde y la noche yendo y viniendo del local a la sede municipal y viceversa, hasta que fue por la mañana del día siguiente. De Santa Coloma de Gramanet nos vino la noticia que los fachas habían disparado a la casa consistorial.

Unos cuantos camaradas discutimos la situación y Vicente Sánchez (Arturo), propuso ir a una tienda de armas, ubicada cerca de donde estábamos, para apoderarnos de estas expuestas en el escaparate; con la misión de apostarnos frente al cuartel de la guardia civil existente en la playa. Pero esa idea fue desechada por descabellada, ¡menos mal! Nadie de nosotros sabíamos ni poner el dedo en el gatillo y además las escopetas que se exhiben en estos establecimientos suelen estar desprovistas de percutor. Excepto “Arturo”, nacido en Argelia, de padres valencianos, que vivió los acontecimientos de independencia de este país de Francia, que sí conocía el manejo de las citadas armas. El local del Partido había pertenecido antes a una funeraria y en el subsuelo había una nave que se entraba por una trampilla. En ese subterráneo, “Arturo” practicaba con su pistola. Por la mañana, de allí me fui al trabajo y al entrar en la portería para registrar en el reloj mi hora de entrada laboral, me encontré con la guardia civil arropada con sus capotes, de haber pasado la noche en aquel lugar. Habían tomado el centro de trabajo de Badalona-Sant Adrià Fecsa.

Unos días después el Comité Central del PSUC debatió toda esta situación y cada miembro del Cté. Central íbamos relatando la experiencia vivida. Yo expliqué la mía y lo de la tienda de armas de fuego. Recuerdo que el “Guti” se puso como un basilisco conmigo e intentó ridiculizarme. Un año más tarde le contaba este trance a Félix Ferre, que había participado en las tesis del Vallés y ganaron el famoso Vº Congreso del PSUC. Y éste me dijo: ¡Claro!, es que tú no sabes que él huyó hasta más allá de Figueras para alcanzar Francia, y solo regresó a Barcelona cuando se aseguró que todo había acabado, por eso le dio tanta rabia que contaras lo de tu resistencia.

Con el tiempo no hizo falta una asonada militar como la del 23-F, la dictadura del capital se inventó los Pactos de la Moncloa, los sobornos a las dos grandes centrales sindicales a base de regalías de miles de millones salidos de los presupuestos del Estado, para que cumplieran la misión de adormecer a los trabajadores a través de una política de pactos sociales. Los partidarios de Felipe González y de Aznar se hicieron cargo de las empresas del IBX-35, privatizando todo lo que pillaron hasta emborracharse de ricos, primero con decretos y leyes de una legalidad opaca, y luego, ciegos de avaricia, a través de la charca de la corrupción más obscena de la historia de nuestro país, encabezada por un rey bribón que hoy disfruta de privilegios de inmunidad en un paraíso de los sátrapas del Golfo Pérsico. Aunque, con diferencia, Antonio Tejero Molina, golpista a lo bestia, según sus vecinos de Málaga, vive de “puta madre”, cuando tenía que estar pudriéndose en la cárcel.

Y no pararon, no solamente consiguieron todo eso, hicieron retrotraer los aspectos progresistas, si es que los había, de la Constitución: Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana (ley mordaza), posterior a la de la “patada en la puerta” y a la de los ayuntamientos que les autoriza a interpretar el derecho de propaganda utilizando el abuso de poder contra las minorías políticas y ciudadanas. Recuerdo una vez que Santiago Carrillo nos reunió en un hotel de Madrid a un grupo de sindicalistas de toda España para decirnos que el farolillo rojo se había encendido, que tocaba un repliegue de las movilizaciones del proletariado. Hubo una discusión muy fuerte y posiciones mayoritarias de rechazo, pero la tesis carrillista se fue imponiendo en el partido.

El desarrollo de estos cuarenta años da un balance de España como uno de los países con la clase obrera más explotada del mundo: paro de la juventud cercano al 50%; pobreza alimentaria, sanitaria y energética. Secuestro de las libertades básicas de opinión y de reunión. Un poder judicial dando la espalda a la justicia social, que se nos puede comparar con un país bananero. Que hoy mismo, a través de las Cortes, le da la palabra al rey borbón para que haga un panegírico heroico de su padre evasor, que es aplaudido por los palmeros empedernidos del sistema donde succionan. ¡Hediondo y bochornoso!

Ahora, cuando veo las protestas callejeras de la juventud y observo como son condenadas sin hacer un análisis de las causas, que son las que las provocan, me pregunto ¿estoy otra vez en la dictadura? Estoy, me contesto, en la dictadura del capital. Quizás Pablo Rivadulla Duró, o Pablo Hasél, haya sido el piloto de este movimiento de solidaridad, pero ésta no tendría el mismo sentido si no fuera porque lo que los jóvenes reclaman es un cambio que acabe con los abusos sobre el derecho de opinión y sobre los grados de explotación que les priva del derecho al trabajo y les empuja a la pobreza.

Barcelona, 23 de febrero de 2021

Miguelo Guerrero Sánchez