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La serie "La Veneno" ha acercado a muchos hogares una realidad que poco a poco empieza a ser más conocida, pues hasta hace poco años era prácticamente un tabú.

La serie nos adentra en la vida de Cristina Ortiz Rodríguez, conocida como La Veneno, una mujer trans que desde pequeña tuvo que soportar el rechazo y la discriminación de su familia y su entorno por su identidad de género y tuvo que buscar su lugar en una sociedad que la hacía bascular entre el desprecio y el morbo televisivo de la época de los noventa.

Pero si realizamos un análisis más detallado de la serie podremos observar las contradicciones propias de una sociedad dividida en clases.

Por un lado están la propia Veneno y su amiga, conocida como Paca “La Piraña”, ambas mujeres pobres que acabaron viéndose obligadas a ejercer la prostitución; si el capitalismo nos impide llevar una vida digna a la clase trabajadora, para las personas trans, uno de los colectivos más vulnerables y precarizados, lo que cuesta es sobrevivir en muchos casos, debido a los mayores niveles de paro y exclusión laboral y social que sufren, además de la discriminación por su identidad y los escasos recursos públicos en materia de salud mental.

Al otro lado de la moneda vemos que quien tiene la suerte de nacer en una familia con recursos económicos cuenta con la opción de poder sortear estas calamidades con mayor éxito, como sería el caso de las actrices Daniela Santiago o Lola Rodríguez, también mujeres trans que dan vida a personajes de la serie, podrán acceder a estudios superiores y tener más posibilidades de inserción laboral, podrán tener acceso a los tratamientos de cambio de sexo o recibir ayuda psicológica si se necesita, sin tener que esperar meses y meses para 45 minutos de terapia.

Aún tratándose de la misma lamentable opresión, los caminos pueden ser muy diferentes dependiendo de la clase social a la que se pertenezca.

Luchar contra toda opresión debe ir unido a la lucha contra este sistema capitalista decrépito que engendra estas desigualdades, que se basa en la explotación y la injusticia, siendo conscientes de que cualquier supuesto avance que se haga desde las instituciones burguesas solo serán migajas para la clase obrera, para ello debemos organizarnos en nuestros barrios, nuestros centros de estudio, de trabajo, en el PCPE y su juventud, la JCPE, para construir una nueva moral y una nueva sociedad, sin opresión ni explotación.

Adeli Cerrillo