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El inicio de 2021 ha vuelto a traer a nuestras casas una situación ya tan recurrente en la vida española casi como el debate de la tortilla de patatas con o sin cebolla. El de millonarios, empresarios, deportistas o famosos que cambian su residencia a un tercer país para evitar el pago de impuestos a hacienda. Si años atrás el punto de mira se colocaba sobre empresarios que se mudaban a Suiza, ahora podemos hablar de una nueva oleada de youtubers emigrando desde España hacia Andorra.

Por una vez, empezaremos dando la razón a las consignas del liberalismo económico más radical. Sí, los impuestos son un robo. En concreto un robo a la clase obrera, la única capaz de generar valor y por tanto de generar excedentes que permiten, aparte de producir la mercancía, pagar la vivienda y alimentación del obrero (lo que en Marxismo se llama la reproducción de la fuerza de trabajo), llenar los bolsillos de empresarios, ejecutivos y accionistas y por último pagar impuestos directos (sobre la renta, retenciones a la seguridad social, etc) o indirectos (IVA) con los que el estado mantiene los servicios públicos. Alguien en este momento dirá que las empresas también pagan impuestos y no todas están en paraísos fiscales, a lo que fácilmente cabría responder que las empresas pagan impuestos con la plusvalía extraída a la clase obrera, pues las empresas no generan dinero por el mero hecho de existir, lo generan porque hay gente trabajando en ellas.

Emigrar para pagar menos impuestos es un privilegio de la clase burguesa. Mientras empresarios, famosos, deportistas, banqueros y demás parásitos de la clase obrera pueden emigrar a cualquier parte del mundo, la clase obrera debe permanecer donde se le demande para trabajar y aceptar el pago de impuestos que se le imponga. Una vez más, el rico es libre de elegir qué hacer. En este caso, qué hacer con su dinero y donde elige vivir.

En la actualidad los impuestos sirven a dos objetivos fundamentales. El primero, y el que mayor porción del presupuesto estatal tiene asignado, es el mantenimiento de la dominación capitalista de una clase (la burguesa) sobre otra (la obrera). El cuerpo legal del administrativo del estado, el aparato legal, su sistema gestor y represivo, compuesto por funcionarios, burócratas, militares, policías y demás, se mantienen con impuestos, es decir, con plusvalías extraídas sobre el trabajo. Sí, es cierto que no todas las funciones desempeñadas por estos órganos son estrictamente funciones destinadas a mantener el dominio burgués, pero sí todas sus acciones van para el mantenimiento del sistema capitalista (la burguesía no va a regalar ningún céntimo que pueda ir a sus bolsillos).

El segundo de los objetivos que cumplen los impuestos es el permitir el correcto funcionamiento de la producción capitalista a gran escala (el llamado ciclo de reproducción ampliada del capital). La burguesía para poder mantener sus beneficios fluyendo, necesita una clase obrera con una educación y condiciones de salud mínimas, así como necesita de carreteras para que sus trabajadores lleguen a la fábrica y sus productos distribuidos. Es por este hecho por el que parte de la sanidad es privada (como la fisioterapia, dentistas o psicología), el acceso a la educación se paga, o por qué los centros turísticos están siempre limpios e impolutos, mientras a los barrios obreros apenas llega el camión de la basura.

Los impuestos en el capitalismo, por todo lo anteriormente descrito, en efecto son un robo. Sin embargo, los impuestos a día de hoy es el mecanismo que tiene el estado capitalista de dotar a la clase obrera de los servicios públicos mínimos y por tanto es nuestra obligación exigir a quien más dinero tiene que pague más y no se vaya con nuestro dinero a otra parte. Pues, recordemos, un youtuber o un artista, pese a no poseer un medio de producción, pueden llegar a obtener enormes cantidades de dinero que nacen siempre del trabajo de millones de personas que permiten que un libro o un stream de Twitch llegue a nuestros ordenadores. Quien se muda a vivir a Andorra para pagar menos impuestos está forzando a que el resto de la clase obrera sea aún más exprimida para cubrir el coste de mantener el sistema.

Ante este debate, ¿cual es la posición comunista? Frente al aumento de la sangría a la clase obrera a través de impuestos que propone la socialdemocracia como herramienta de redistribución de la riqueza, o el sálvese quien pueda del liberalismo, nuestra propuesta es la socialización de los medios de producción, la nacionalización de los sectores estratégicos y la planificación económica.

La historia enseña, y en ella tenemos claros ejemplos en las experiencias socialistas como la Unión Soviética, la República Democrática Alemana donde los impuestos a la población eran prácticamente inexistentes.

Julio Hernández