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En el complejo panorama de la lucha de clases que la pandemia de la COVID-19 está generando, encontramos respuestas a preguntas que insistentemente se nos han venido planteando a los revolucionarios.

Nuestro “Comandante en Jefe” nos ha legado instrumentos y ejemplos en su dilatada, rica y comprometida vida, hasta que se detuvo, para descansar un momento, tal fecha como el 25 de noviembre de 2016.

Para ese día, varios cantantes pusieron sus voces para entonar una canción con este estribillo:

“Hombre, los agradecidos te acompañan
cómo anhelaremos tus hazañas
ni la muerte cree que se apoderó de ti”.

Porque Fidel es enciclopedia de la Revolución, en el sentido científico del término, es decir, en el aspecto demostrable de una táctica puesta al servicio de una estrategia, de un fin, de un objetivo alcanzable para el “destacamento revolucionario” que se presta y organiza para erradicar la explotación del hombre por el hombre, en resumidas cuentas, del capitalismo.

Por eso, y volviéndonos a apoyar en la mencionada canción a través de una estrofa,

“Aprendimos a saberte eterno”

Nos encontramos con las orientaciones precisas en los momentos de duda. También está Fidel para comprender la realidad, para teorizar dialécticamente el significado de un compromiso en defensa de las ideas, cuando el enemigo te da por derrotado:

Revolución es tener sentido del momento histórico…,

 es no mentir jamás ni violar principios éticos”.

Complicados momentos concurrían para transitar un camino sin los aliados naturales desde el triunfo de la Revolución, y había que sobreponerse a la nueva coyuntura de la lucha de clases a nivel internacional, con un cambio sustancial en la correlación de fuerzas. Y hay un reclamo del comandante,

“Los revolucionarios constituimos un ejército”.

Para destacar la necesidad de disciplina y unidad como elementos indispensables en la organización revolucionaria.

Y también advirtiendo a los enemigos de un posible tropiezo,

“Podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes,

pero no podrán matar al hambre, las enfermedades,

la ignorancia y la justa lucha de los revolucionarios”.

Significando que las miserias que genera el capitalismo no se pueden ocultar, son expresiones de la realidad del sistema, y no podrán impedir las revoluciones.

En Fidel encontramos siempre el aliento para levantarnos de los duros golpes del enemigo de clase. La confianza se encaja, pues, en esa faceta de “genética aprendida” de los revolucionarios. Qué mejor recuerdo de aquella sentencia de Fidel en Sierra Maestra cuando se encontraron los supervivientes del desembarco del Granma en el punto de seguridad acordado y, haciendo inventario in situ de los recursos humanos y materiales disponibles: “La victoria está asegurada”.

Muchos han sido los episodios revolucionarios que han tenido lugar en el siglo XX. La Revolución Rusa de 1917 es el hito más destacado de la primera mitad del siglo anterior. Pero, después de la Segunda Guerra Mundial, el proceso de liberación y descolonización trajo consigo la lucha por la independencia de las antiguas colonias. En este marco, el triunfo de la Revolución cubana el 1 de enero de 1959, catapultó al Movimiento de los No Alineados que tan importante papel desarrolló entre las décadas del 60 y 70. Ahí, de nuevo la Revolución cubana con Fidel, jugó un relevante papel, principalmente en Angola y Mozambique que libraban una feroz contienda contra el régimen del apartheid sudafricano. Es una clara demostración del principio de solidaridad internacionalista que Fidel siempre ha practicado.

Estamos pues en el largo camino de “La Historia me absolverá” con la que Fidel se defendió atacando. La historia de Fidel ha sobrepasado ese discurso. La práctica consecuente de la conciencia revolucionaria como valor humano, como valor del “hombre nuevo”, es fiel reflejo de su vida, de su existencia, de su eternidad.

Secretaría de Internacional