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En primer lugar, a lo largo de toda la onda larga expansiva hubo un continuo incremento de la composición orgánica del capital. Este concepto se refiere a relaciones de valor (vinculadas a relaciones técnicamente predeterminadas), no a cantidades físicas. Además no se refiere al valor del equipo en comparación con la partida de los salarios industriales (capital variable), sino al precio del equipo utilizado más los costes de las materias primas y la energía, dividido por los salarios.

En segundo lugar las condiciones específicas propias del comienzo de una revolución tecnológica, de la puesta en marcha de nuevas ramas industriales que garantizan enormes rentas (superganancias) tecnológicas a las empresas más importantes, desaparecen paulatinamente a medida que la revolución tecnológica comienza a generalizarse. Generalmente el paso de una onda larga expansiva a una onda larga de estancamiento va asociado, en la historia del capitalismo, a tales cambios desde la introducción revolucionaria hasta la generalización de las nuevas técnicas.

Para que la innovación siga a las invenciones es necesario que las importantes reducciones en los costes (avances en la productividad) vayan acompañadas de la posibilidad de una producción masiva (es decir, de una rápida difusión de los productos innovadores). Por esta razón el progreso técnico parece desacelerarse cuando el paso de la invención a la innovación se hace más difícil (es decir menos rentable) y cuando la difusión de técnicas y productos radicalmente nuevos se hace más arriesgada, como resultado del desaceleramiento general del crecimiento económico. No se pueden disociar de esta situación la estrategia y la función de los monopolios. La necesidad de asegurar en primer lugar una amortización total de la gigantesca inversión de capital realizada durante la onda anterior hace que sea extremadamente improbable que se puedan introducir rápidamente desembolsos de capital similares en sectores competitivos ( por ejemplo para pasar de la energía nuclear y los equipamientos nucleares a la energía solar).

En tercer lugar cada vez resultan más difíciles ulteriores incrementos en la velocidad de rotación del capital.

En cuarto lugar el prolongado período de crecimiento acelerado creó unas condiciones de creciente desproporción entre la tasa de crecimiento de la capacidad productiva de equipamiento de capital fijo y de bienes de consumo, por una parte, y por otra esa misma tasa de crecimiento en el sector de las materias primas, que se encuentra más estrechamente asociada a las condiciones naturales, por lo que es menos flexible.

En quinto lugar, durante toda la onda larga expansiva se consolidó con firmeza una sobreproducción potencial (es decir, el desarrollo de la capacidad productiva creció más rápidamente que la capacidad adquisitiva de los consumidores finales).

En sexto lugar, dadas todas las crecientes contradicciones anteriormente citadas, el único medio que le queda al capital para neutralizar sus efectos sobre la tasa media de ganancia (es decir, para impedir una constante erosión de la rentabilidad) sería un constante y fuerte incremento de la tasa de plusvalor.

En séptimo lugar, en unas condiciones de creciente dificultad de realización, unidas a una rentabilidad decreciente, la función de la inflación, como medio de posponer la admisión de la realidad, podría ser operativa sólo en el caso de que las dosis de inflación aumentaran de ciclo en ciclo. Pero dado un determinado nivel de inflación, su continua aceleración llega a ser contraproducente por sus efectos sobre la expansión económica.

En octavo lugar el continuo crecimiento de la empresa multinacional, como forma organizativa típica de la empresa del capitalismo tardío, choca de forma creciente con la limitada eficacia de intervención económica por parte del Estado del capitalismo tardío, los planes económicos anticíclicos y muchas otras técnicas por medio de las cuales las contradicciones del sistema habían sido parcialmente reducidas durante la onda larga expansiva.