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“Que el imperialismo es el capitalismo parasitario o en descomposición se manifiesta, ante todo, en la tendencia a la descomposición que distingue a todo monopolio en el régimen de la propiedad privada sobre los medios de producción (...) La reacción política en toda la línea es rasgo característico del imperialismo.” V.I. Lenin.

Sirvan estas palabras de Lenin para caracterizar la situación actual que nos toca vivir, la realidad a día de hoy del sistema capitalista, envuelto en una profunda crisis estructural de la que solo podrá salir a costa de la depauperización total de la clase obrera y los sectores populares; y consecuencia de ello, restringiendo cada vez más los derechos ganados durante tantos años de lucha obrera, como el derecho de manifestación.

Que el capitalismo, en su fase imperialista actual, tiende a la reacción en todos los aspectos, lo llevamos viendo desde que comenzó la crisis actual con continuos recortes en los derechos laborales de los trabajadores y en los servicios públicos, provocando movilizaciones en todo el Estado, razón por la cual ahora tratan de reformar las leyes reguladoras de los derechos de manifestación y reunión en un claro intento de criminalizar las protestas y usar el monopolio de la fuerza por parte del Estado en contra de la mayoría de la población, la que vive de su trabajo y la que sale a la calle a luchar por el derecho al mismo.

Con la nueva legislación, manifestarse ante las sedes de las Asambleas Legislativas de las CCAA o del Congreso de los Diputados, podrá llevar la imposición de una multa que oscile entre los 30.000 y los 600.000 euros; no solo eso, sino que acudir a una protesta o manifestación encapuchado o cortar el paso de una vía pública con neumáticos u otros obstáculos podrá llevar sanción con una multa de hasta 30.000 euros (pensemos en el conflicto de la minería, con múltiples cortes de carretera); esa misma sanción se impondrá por insultar o injuriar a un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado, para quiénes ningún castigo hay por cargar y agredir a quiénes simplemente salen a manifestarse en defensa de sus puestos de trabajo, del sustento de sus familias, claro reflejo del carácter de clase del Estado, que usa a sus destacamentos especiales de hombres armados para disuadir de cualquier protesta, que los lanza contra los obreros y obreras sin importarles el detenerlos o el aporrearlos.

Estas medidas solo tratan de disuadir de la movilización, de buscar implantar la paz social bajo la amenaza del miedo, paz social que en un sistema como el capitalista solo beneficia a la burguesía, solo beneficia a quiénes viven de nuestro trabajo, a los Botín, Florentino, Koplowitz etc. que ven con buenos ojos el que se repriman las protestas para así mantener sus beneficios. Ante esta situación, a la clase obrera y los sectores populares del Estado español no les queda otra arma que la organización, la unión por la base de toda la clase, la constitución de un Frente Obrero y Popular que vaya aglutinando fuerzas, mejorando la correlación de las mismas para ir avanzando en la lucha, para desbordar los límites legalistas impuestos por el Estado, pues si el Estado nos explota y además nos reprime, ningún deber tenemos de respetar sus leyes y quienes afirman lo contrario prometiendo cambiar las mismas para mantener un estado social no hacen más que engañar a la clase obrera. Como decíamos, un Frente Obrero y Popular que con acumulación de fuerzas avance hacia la toma del poder y la construcción del socialismo en el Estado español acabando con la explotación y con la represión hacia la clase obrera.

Alexis Neira