Compartir

Para los y las marxistas, los resultados prácticos son la piedra de toque en la que se comprueba quién tiene razón y quién se equivoca, en cualquier ámbito de la realidad. En las sociedades humanas, y específicamente en la que vivimos actualmente, cuando cualquier persona empieza a ser consciente de la salvaje explotación a la que es sometida la clase obrera, la violencia y la alienación que se ejerce sobre la mayoría social, lo primero que debería realizar es un análisis de las experiencias prácticas de transformación social, buscando aquellas más fructíferas. Esta búsqueda nos llevará indefectiblemente a las revoluciones socialistas que se han producido a lo largo de la historia, las cuales se sustentaron en dos pilares fundamentales: una amplia movilización de masas obreras y populares, y una organización política en la que se encuadran los elementos más conscientes y preparados de las clases explotadas, es decir, un Partido Comunista.

Atendiendo a este segundo elemento, es fundamental definir cómo debe ser este Partido. El PCPE siempre ha tratado de aprender de las mejores experiencias del movimiento obrero y revolucionario, sin dogmatismos, sí, pero sin atender a los cantos de sirena de supuestas “innovaciones” que no solo no han demostrado su eficacia para transformar la sociedad, sino que han tenido el efecto de perpetuar el sistema capitalista e integrar en él a quienes pretendían (o decían pretender) hacerlo caer. El leninismo nos enseña que el tipo de organización deriva directamente de los objetivos de la misma, el fracaso de cada intento de reinventar la estructura organizativa revolucionaria reafirma la veracidad de este planteamiento: no puede ser igual la organización de quienes pretenden acabar con este sistema explotador que la de quienes plantean alternativas dentro del mismo.

Vivimos momentos de gran incertidumbre política y social. La pandemia ha desatado la crisis capitalista que venía gestándose, sacado a la luz muchas de las miserias de este sistema. Ante esta situación, el PCPE encara su XI Congreso con grandes expectativas, para que la clase obrera en España pueda contar más pronto que tarde con una organización capaz de hacer frente a quienes detentando todo el poder político y económico, pretenden perpetuar el actual orden social de explotación, por la persuasión o la fuerza. Es necesario, para este fin, pulir algunos de los ejes de la organización leninista que ya es el PCPE y desarrollar otros; varias iniciativas fueron ya incluidas en el X Congreso, otras aparecen fruto de la experiencia acumulada en este periodo. Los debates sobre el funcionamiento del Partido van a ser sin duda intensos y, mediante la participación democrática de la militancia, seguro que muy fructífera.

Un debate importante girará en torno a la puesta en marcha de un aparato central, que mejore la eficacia general del Partido, y facilite el desarrollo de las políticas esbozadas por la dirección. Surgen dudas importantes sobre cómo hacerlo; la experiencia del eurocomunismo y su instrumentalización del aparato, las corruptelas y traiciones vividas… generan resquemores en parte de la militancia. Es por toda esa experiencia negativa por la que hay que tomar precauciones, sí, pero no podemos aplicar aquello de “muerto el perro, se acabó la rabia”. Obviar su necesidad y postergar su puesta en marcha solo retrasa el que el Partido pueda estar en condiciones de intervenir en la sociedad con mayores posibilidades de éxito, ya que permite mejorar en el cumplimiento de los objetivos políticos marcados, refuerza los vínculos entre las células, los órganos intermedios y la dirección, de arriba abajo y de abajo arriba, genera una estructura de apoyo para todos esos órganos … En definitiva, permite avanzar en nuestra capacidad de acción colectiva y coordinada, para que el PCPE pueda ser una fuerza temible para los explotadores y un referente a seguir para las personas explotadas.

Otro objetivo del Congreso es acabar de una vez por toda con la retórica en el PCPE, entendida esta como la flagrante diferencia entre un discurso pseudorevolucionario altisonante pero vacuo y una práctica política alejada de los principios del marxismo-leninismo, es decir, el abismo que a veces se ha producido entre lo que se dice y lo que se hace. Se han dado pasos importantes en este camino, especialmente desde el X Congreso, pero aún hay que mejorar, y para ello es clave el conocer de dónde proceden esas prácticas equivocadas, analizar el fenómeno para poder erradicarlo de raíz. Además, la retórica puede manifestarse en diversas formas, no siempre fáciles de identificar en un primer momento, pero todas ellas se resuelven en última instancia mediante una aplicación más estricta del Centralismo Democrático, el trabajo ideológico y el trabajo de masas constante y paciente. La pedantería, el complejo de superioridad, el incumplimiento de acuerdos, la falsedad, la visión conspirativa de la política y el Partido, el débil compromiso militante… todos estos efectos de la retórica ha sufrido el PCPE, tanto a nivel de base como en las direcciones, y el XI Congreso debe completar el proceso de erradicación de estas prácticas nocivas y antileninistas.

Quienes acumulan cierta experiencia militante, saben lo dura que es la tarea y lo necesario que es aprender constantemente en distintos campos, tanto por el estudio como por el análisis colectivo de la propia experiencia, aumentando así las capacidades individuales y colectivas en el seno de la organización. Solo este proceso permanente coloca al Partido en condiciones de resolver con éxito las situaciones a las que se enfrenta en la cotidianeidad de la lucha social y política, y por eso la formación se sitúa como un elemento vital. En este sentido, hay que hacer autocrítica, ya que hay luces pero también muchas sombras en el trabajo de formación del Partido. Es por eso que el PCPE se plantea en su XI Congreso el refuerzo a esta labor, que permita preparar a sus miembros para la lucha, desarrollando una conciencia crítica y un conocimiento de la realidad sociopolítica, aprendiendo el conocimiento científico marxista y la experiencia histórica del movimiento obrero internacional… una formación integral para todo el cuerpo militante.

Tener un Partido preparado supone que sus miembros lo estén. Y lo deben estar en el sentido leninista del término, es decir, como “tribunos populares”, personas capaces de hacer frente a diferentes situaciones de la lucha con expectativas de salir airosas, con una visión de conjunto que les permite interpretar las situaciones concretas desde el paradigma de la lucha de clases… ¡y ser capaces de explicarlo a las masas, haciendo avanzar su conciencia! Esto requiere de conocimientos teóricos, experiencia práctica, actitudes y capacidades que el Partido debe reforzar y desarrollar, con una adecuada política de cuadros. A veces, en el pasado, se ha confundido el tener una política adecuada de cuadros con una segregación de la militancia, donde se fracturaba el Partido entre “la gente válida” y “los pegacarteles”. Esa visión distorsionada, fruto de la retórica imperante en parte de la organización, por suerte quedó atrás. La política de cuadros del PCPE debe fomentar la asunción general del Centralismo Democrático, el refuerzo del compromiso militante, la formación teórica y práctica, así como el intenso y sostenido trabajo de masas; con el desarrollo de esos ejes, el PCPE tendrá más y más cuadros revolucionarios al servicio de la clase obrera, que una adecuada selección colocará en las tareas adecuadas para hacer avanzar el proyecto.

Un Congreso es un momento clave para cualquier Partido Comunista. El PCPE tiene una oportunidad de oro en este XI Congreso para reorganizarse y reforzarse, dando pasos en la dirección de convertirse en la organización política que sea referente para la clase obrera en España. Contribuyamos todas y todos a esta tarea, y el futuro será obrero y socialista.

J.P.