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[Editorial Septiembre 2020]

La crisis internacional del sistema capitalista, en la que estamos inmersos ahora, traerá profundos cambios en el sistema de dominación, después de la Covid-19. Ninguno de ellos lo será a favor de la mayoría social.

Como hemos dicho en ocasiones anteriores, la actual crisis ya venía desarrollándose antes de la pandemia, como un nuevo coletazo del estallido financiero de 2007, que a su vez replicó la crisis de 1990 que se resolvió con pura ingeniería financiera, y anteriormente la de 1973. Llegó el virus y lo único que hizo fue acelerarlo y agudizarlo todo.

El origen de esta crisis se sitúa en la creciente necesidad del sistema capitalista mundial de intensificar todos los procesos de obtención de la ganancia, ante el imparable aumento de la composición orgánica del capital, que conduce a la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia. Esa intensificación de los procesos económicos conlleva todo tipo de acciones agresivas contra las mismas condiciones de vida necesarias para la especie humana. Se violentan los necesarios tiempos de reposición de los ecosistemas que, sometidos a la ley de la ganancia, sufren un alto grado de estrés que termina en deterioro y destrucción de los mismos.

Si a ello añadimos la intervención militar, la guerra imperialista, entonces el cuadro es demoledor. Los ejércitos de la OTAN están considerados el principal origen de la contaminación del planeta. Pero las intervenciones militares directas van dejando un rastro de contaminación y destrucción de larga huella ecológica. Desde el lanzamiento de las bombas de Hirosima y Nagasaky, pasando por el gas naranja y el napalm en la guerra de Vietnam que dejaron secuelas de nacimientos de miles de fetos deformes, durante décadas. El uranio empobrecido usado en Yugoslavia, Irak o Afganistán, que dejó un rastro de cáncer masivo en la población civil, además de la contaminación de los acuíferos en muchos casos, que es un factor de contaminación de consecuencias incontrolables. Mención particular la ocupación de Faluya por las tropas yankis, con uso de armamentos desconocidos y de consecuencias letales para la población, certificados en numerosos informes médicos.

España posee hoy un gran arsenal de armamento, cientos de tanques de última generación, decenas de aviones F-16 y novedosos barcos de guerra. Pero no tiene mascarillas, ni una atención primaria suficiente, ni residencias de tercera edad con los necesarios servicios de geriatría. El Gobierno gasta 20.000 millones anuales en compra de armamento, pero no hay presupuestos suficientes para atender a la salud del pueblo que, además, es entregada al negocio de las empresas privadas, tanto por gobiernos de PSOE como de PP.

Consciente de las graves dificultades para mantener su hegemonía, las fuerzas capitalistas han puesto en marcha un nuevo acelerado ciclo de reconversión. Teletrabajo, mayor concentración monopolista, desarrollo de nuevas estrategias de guerra multifacética contra toda disidencia, más recortes de derechos y libertades, nuevo ataque al derecho internacional, carrera armamentista, etc. Una nueva expresión histórica de la dictadura del capital.

El problema es el capital, y su dictatorial ciclo de valorización.

Si se acepta esta matriz de interpretación, sobre la que es posible establecer debates para su mejor interpretación, pero que no es posible negarla desde un análisis materialista de las condiciones de la lucha de clases hoy, entonces debemos aplicar ello a nuestra realidad diaria, y a lo que está por venir.

Durante la fase más aguda de la pandemia (el confinamiento) todo fueron buenas palabras: De esta crisis vamos a salir mejores. Y se promocionaron los aplausos de la tarde como un reconocimiento colectivo a los profesionales de la sanidad, como la expresión de una pretendida cohesión social solidaria

Pero el sistema capitalista no puede mejorar, por mucho que lo proclame. Hoy los monopolios farmacéuticos compiten ferozmente entre ellos para ver quien se hace con el negocio multimillonario de la prevención de la enfermedad. No hay ninguna colaboración de los avances que consiguen los diferentes laboratorios, ninguna puesta en común para obtener la mejor vacuna y en el menor tiempo posible. La dictadura de la ganancia capitalista lo impide.

Cuba, junto a China, Venezuela, Vietnam, y otros países, nos enseña un camino diferente. Otro mundo, el de la construcción de la sociedad socialista como sistema socio-histórico superior. Soberana 01, la vacuna cubana, es el resultado de la heroica lucha de todo un pueblo por la construcción de una sociedad de libertad y justicia social.

Hay otro factor determinante del actual desarrollo de las cosas, el altísimo desarrollo de las fuerzas productivas. Todo lo que usamos y/o consumismos en nuestra vida diaria es producto del trabajo de la clase obrera internacional, hoy más que nunca el trabajo lo es todo. Pero en manos del capital esas extraordinarias fuerzas productivas se convierten en un vector contra la Humanidad, puesto que son utilizadas por la burguesía como armas de una alta capacidad destructiva en su desesperada búsqueda de la ganancia (destrucción de la Amazonía, contaminación de los mares y agotamiento de los recursos pesqueros por la sobrepesca irracional, agostamiento de las tierras fértiles por los compuestos químicos agrarios, destrucción de las fuentes de agua potable, contaminación del aire, masificación de los asentamientos humanos concentrados con abandono de la mayor parte del territorio, y así un lago etcétera, todo ello subordinado a la lógica de la reproducción ampliada del capital).

Esas fuerzas productivas, altamente desarrolladas, están exigiendo ya una nueva superestructura. El socialismo, como paso histórico previo a la sociedad comunista, donde ese desarrollo de las fuerzas productivas tendrá la capacidad de crear unas condiciones de vida para la Humanidad, como nunca antes se ha conocido.

 

XI Congreso PCPE, 2, 3 y 4 de octubre. Un Congreso de la clase obrera

El XI Congreso del PCPE tendrá lugar en Madrid los días 2, 3 y 4 de octubre próximos. Aunque la evolución de la pandemia pueda presentar algunas dificultades nuevas para la celebración del Congreso, la Dirección del Partido tiene ya sus previsiones para cumplir con el objetivo.

Las células del Partido, y también la Juventud, han realizado desde principios de año un importante trabajo de debate de las Tesis y de redacción de sus enmiendas. La esencia democrática de los Congresos del PCPE se caracteriza por un mecanismo que sitúa a cada militante en igualdad de condiciones para hacer llegar sus propuestas al Pleno del Congreso. Son las células las que debaten, redactan y aprueban sus enmiendas, y éstas llegan a las sesiones del Congreso sin ningún tipo de intermediación. Ello es una garantía de que los acuerdos finales se toman de forma mayoritaria por los miembros del Congreso, que conocen la totalidad de las enmiendas redactadas en las células. La conclusión colectiva, que hacen los delegados y delegadas al Congreso, define la línea política del Partido para los próximos años.

Pero el XI Congreso no se puede entender como una cuestión interna del PCPE, su sentido va más allá.

Una parte fundamental del proceso del Congreso es que los materiales de convocatoria del Congreso sean conocidos y debatidos por parte de las organizaciones obreras y populares con las que el Partido, y también la Juventud, trabajan y colaboran en la vida diaria. La línea política aprobada por el XI Congreso, sus propuestas concretas para la lucha de clases, tienen que llegar a ser patrimonio de la clase obrera más consciente y combativa. Es en ese momento cuando adquiere todo su sentido completo el proceso congresual, y cuando el trabajo congresual alcanza su nivel de desarrollo máximo.

Después del XI Congreso hay que continuar con un intenso trabajo de explicación, y debate, de las Tesis aprobadas con el conjunto del movimiento obrero y popular. El objetivo es que las Tesis aprobadas se conviertan en herramientas útiles en manos de la clase obrera, en el combate por su emancipación. Corresponderá al nuevo Comité Central que se elija en el XI Congreso planificar una intensa campaña de difusión de las conclusiones aprobadas; pero también cada célula y cada Comité tendrán que llevar los materiales aprobados a las organizaciones obreras y populares de una forma directa.