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Ahora que Bielorrusia se enfrenta a una componenda tramada desde Occidente, la advertencia para evitar lo peor puede ser una mirada reflexiva sobre lo ocurrido en la vecina Ucrania, o lo que se intenta imponer en la Venezuela Bolivariana, o en fecha más reciente, el golpe contra la Bolivia que sufre, luego de años de reivindicación y auge.

También en política existe el espejo retrovisor, ese que debe observarse a cada instante, si se conducen los destinos de un país, para advertir cuando una colisión premeditada puede arremeter contra una obra.

Ahora que Bielorrusia se enfrenta a una componenda tramada desde Occidente, la advertencia para evitar lo peor puede ser una mirada reflexiva sobre lo ocurrido en la vecina Ucrania, o lo que se intenta imponer en la Venezuela Bolivariana, o en fecha más reciente, el golpe contra la Bolivia que sufre, luego de años de reivindicación y auge. 

Veamos los ejemplos. En primer orden Venezuela, que el domingo 20 de mayo de 2018 eligió, de forma democrática y transparente, a Nicolás Maduro como presidente.

Según el Consejo Nacional Electoral  (CNE), con más del 98 % de las boletas contabilizadas, Maduro obtuvo 6 190 612 votos (67,8 %), mientras, en segundo lugar, figuró el candidato opositor y exgobernador Henri Falcón, con 1 917 036 votos (21 %).

Entonces se aplicó el plan previsto desde Washington: desconocer las elecciones y al mandatario electo.

Unos meses después, el 23 de enero de 2019, en medio del caos creado por grupos terroristas alentados por sectores radicales de la oposición, Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela. Rápidamente el Gobierno de Donald Trump, la Organización de Estados Americanos (OEA) de Luis Almagro, el llamado «Grupo de Lima», apéndice de esta última, y otros gobiernos, principalmente europeos, «reconocieron» al impostor Guaidó.

Sin embargo, valor, dignidad y guía política, han puesto un muro de contención, encabezado por la unidad cívico-militar, a la que tanto teme el imperio.

En el caso de Bolivia, el 20 de octubre de 2019 se efectuaron las elecciones generales. Con el 100 % de los votos escrutados, Evo Morales obtuvo una victoria irrevocable en primera vuelta, con el 47,08 % a su favor, mientras su rival, Carlos Mesa, alcanzó el 36,51 %.

Entonces irrumpió con toda su fuerza una oposición dividida, pero capaz de unirse en empeños como el de sacar del poder a Morales. Con el apoyo de sectores militares y oligárquicos, grupos opositores de tendencia fascista se lanzaron a las calles, mientras la OEA, con su secretario general Luis Almagro al frente, y cumpliendo un guion preparado por el Departamento de Estado norteamericano, cuestionó los resultados e incentivó el caos y la represión contra el partido más en el poder y sus dirigentes, en primer lugar contra el presidente Evo Morales, quien tuvo que abandonar el país.

Luego vinieron las comprobaciones de los votos en las urnas y la confirmación por entidades internacionales de su total transparencia. Pero ya el golpe de Estado marchaba y un gobierno de facto tomaba el poder. En el caso de Bielorrusia, el libreto preparado por Occidente no ha sido distinto. Se realizaron elecciones presidenciales y cuando se hizo el escrutinio, el actual mandatario, Alexander Lukashenko, obtuvo el 80,23 % de los votos, mientras que la candidata opositora Svetlana Tijanovskaya, solo fue favorecida por el 9,9 % de las boletas.

La diferencia era aplastante y convincente, pero, como ha afirmado esta semana el presidente ruso Vladimir Putin, todo estaba listo desde mucho antes para desconocer los resultados de las elecciones.

Usando a la OTAN como fuerza militar amenazadora, se han trasladado hombres y medios de combate hacia las fronteras de Polonia con Bielorrusia, y a las también vecinas repúblicas de Lituania y Letonia, como cajas de resonancia para incitar el desconcierto. Washington ha movido sus militares que estaban en bases de Alemania hacia Polonia y ha aplicado mecanismos de sanciones y amenazas al estilo de los usados en los casos de referencia citados en este comentario.

También la Unión Europea, que ha desconocido, sin evidencia real alguna, el resultado electoral, ya hace gala de esa práctica de sancionar a quienes no se someten a lo que diga Occidente.

Tal y como ocurrió en Ucrania en 2014, el mundo debe saber que el plan preparado desde Estados Unidos va dirigido contra Rusia, y por eso se quieren cortar vínculos económicos, militares, familiares, y de todo tipo, con el falso pretexto de extirpar la influencia de Moscú en naciones que una vez formaron parte de la entonces Unión Soviética, y que tienen un fuerte lazo de unión con Rusia.

Putin advirtió que «su nación no puede observar con indiferencia lo que está ocurriendo en Bielorrusia, porque es un país muy afín en los aspectos lingüístico, cultural, religioso y muchos otros».   

«Los problemas que han surgido hoy en Bielorrusia deben resolverse de forma pacífica», «o con el apoyo de la fuerza rusa, si resulta necesario», aseguró Putin.