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Cuba es conocida y reconocida por todos los avances sociales que han sentado el ejemplo sobre la revolución socialista. Hemos visto el desarrollo de un nuevo tipo de sociedad, sin explotación de clase, que ha permitido hacer avanzar los derechos de cada persona cubana para mejorar las condiciones del país. Medicina, educación o cultura son campos reconocidos incluso por potencias capitalistas, incapaces de negar los datos objetivos de alfabetización o esperanza de vida. Pero hay un campo que puede no resonar tanto, el deporte, cuyo éxito también está basado en el asentamiento de una conciencia social y colectiva que trajo la revolución.

Antes de la Revolución de 1959 el deporte en la Isla era privilegio de las capas más pudientes de la sociedad y aquellas figuras que destacaban por sus condiciones físicas o aptitudes para determinada disciplina, eran captadas por clubes o entidades privadas que solventaban, en mayor o menor grado su preparación. El profesionalismo y la comercialización caracterizaban el panorama deportivo cubano cuatro décadas antes de revolución. Sin embargo tras el triunfo socialista, se tomaron importantes pasos para lograr una concepción del deporte como derecho del pueblo, asegurando el acceso de todas las personas, sin importar su situación económica, color de piel, credo o sexo. Podemos nombrar la eliminación del profesionalismo, la creación de la Dirección General de Deportes en 1959 y el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación – dependiente del Ministerio de Educación- en 1963 y la construcción de instalaciones deportivas en todo el país, en las cuales la sociedad cubana tuvo por primera vez la posibilidad de la práctica masiva de múltiples disciplinas, en busca de la recreación, el ejercicio físico y la calidad de vida, aspectos presentes en la actualidad desde los círculos infantiles hasta las residencias de mayores. Fidel Castro se ganó, de hecho, el calificativo de padre del deporte o deportista mayor entre la comunidad deportiva, elevando el deporte en la isla a niveles nunca antes soñados, mientras simultáneamente eliminaba el profesionalismo y desarrollaba el concepto de Deporte como sinónimo de educación, patriotismo, como elevación de los niveles de vida y de salud, como una de las actividades fundamentales en materia de desenvolvimiento social.

Tras la revolución las mujeres pudieron incorporarse al deporte por mejorar sus condiciones en diferentes ámbitos como el acceso gratuito a la educación, el establecimiento de círculos infantiles o guarderías, derechos reproductivos y laborales, reconocimiento constitucional de igualdad en todos los ámbitos, etc. Esto, junto a la nueva moral social patriótica del deporte ha llevado a las deportistas cubanas a lo más alto del panorama deportivo, logrando el mismo apoyo estatal, financiación y reconocimiento internacional que cualquier división masculina. Los triunfos de la comunidad deportiva cubana, y la proporción de mujeres participando, compitiendo y ganando medallas muestran estos avances. Hasta el 2019 Cuba ha obtenido 220 medallas en Juegos Olímpicos, de las cuales 49 corresponden a mujeres; para que nos hagamos un idea, solo 40 países han conseguido más de diez medallas de oro en los Juegos Olímpicos, y las mujeres cubanas han logrado doce. Si solo se tuvieran en cuenta los resultados de las atletas cubanas en olimpiadas hasta hoy, la Isla seguiría siendo uno de los primeros cinco países de América Latina con mejores resultados olímpicos.

El atletismo es una de las disciplinas que más destaca del deporte Cubano, especialmente el femenino. Este deporte tiene una combinación de elementos que solo se da en un modelo social distinto, en el socialismo: es practicado de modo general por la población, es decir es un deporte de masas, y a la vez es de alta competición y grandes marcas, y ello solo es posible por esa concepción patriótica del deporte que lleva desarrollándose en la sociedad cubana los últimos 60 años. En esta disciplina podemos encontrar nombres de mujeres resonados internacionalmente pero me gustaría destacar a Ana Fidelia Quirot, reconocida corredora conocida como “La tormenta del Caribe” que sentó un grandísimo ejemplo de valor y entrega incondicional al deporte. Tras sus muchas medallas desde 1987, sufre en Enero de 1993 un accidente doméstico con quemaduras de 2º y 3º grado en el 38% de su cuerpo. A pesar del golpe Quirós no se rindió sino que, con el apoyo profesional del personal médico y la constante preocupación y mensajes de aliento de todo el pueblo cubano, que siguió paso a paso toda la convalecencia, estaba compitiendo de nuevo en Noviembre de ese mismo año.

Quirós es el ejemplo de cómo los valores socialistas junto a la pasión sobre una determinada disciplina o materia tiene como resultado la persistencia natural a alcanzar los deseos más profundos de cada ser humano en beneficio tanto propio como colectivo. La recuperación y los triunfos de Quirós, como cualquier otra atleta cubana, no son triunfos solo individuales, sino triunfos de la revolución.

Tamara M. Lago