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El pasado 1 de julio entró en marcha lo que sería el Tratado de Libre Comercio de América del Norte 2.0 mejor conocido como T-MEC. Este Tratado tiene su antecedente en 1994, sin embargo con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, se inician las renegociaciones. Desde agosto de 2017 el gobierno de Trump y del entonces presidente Peña Nieto discutieron los nuevos términos del tratado, las cuales fueron retomadas en 2018 bajo amenazas de los Estados Unidos, y con pistola en mano cual sicarios, se decían a grabar el acero y aluminio mexicano del 25% y el 10% respectivamente, además de endurecer las políticas migratorias contra los mexicanos, deportándolos o encerrándolos en jaulas. En la cumbre del G20 en Argentina, los tres países del norte del continente firmaron el T-MEC, y en junio del 2019 el congreso mexicano lo ratificó.

El pasado 8 de julio con la visita de López Obrador en su primera gira internacional, fue ratificado dicho acuerdo con la firma entre los mandatarios de México y los Estados Unidos. Bajo ese contexto, queremos decir que el T-MEC es una herramienta neoliberal e imperialista impulsada desde la Casa Blanca pero apoyada desde el gobierno de “izquierda” mexicano. Parece que no fue suficiente la amarga experiencia que durante 26 años tuvimos en México. Los duros golpes al campo mexicano registraron pérdidas de cerca de 3.5 millones de campesinos desplazados y en la pobreza, el ingreso de productos genéticamente modificados como el maíz, producidos desde los laboratorios de Monsanto, desplazaban a millones de mexicanos a la pobreza, la enfermedad y por consecuencia a la falta de apoyos, tuvieron que emigrar. Como olvidar el proceso de despojo y explotación de las mineras canadienses que destruyen todo a su paso, dejando muerte no sólo de la flora y fauna sino también de los líderes y comunidades, despojando de su derecho al agua, del bosque, de la selva, pero también de su cultura y tradiciones montando en sus centros ceremoniales verdaderos cráteres a cielo abierto que dejaba tras de sí las empresas mineras.

La firma del T-MEC implica una reorganización económica entre capitalistas de origen mexicano y norteamericanos distribuyéndose las diversas ramas de la economía nacional. Por ello no creemos en la tesis que guardan algunos sobre el necesario desarrollo de la burguesía nacional que haga frente a los grupos monopolistas e imperialistas, esta idea que con otras palabras pretende el gobierno de Obrador impulsar en nuestro país.

Esta idea fue desechada cuando la burguesía nacional entregó el desarrollo económico al imperialismo sobre todo norteamericano en los años ochenta, vendiendo más de 1200 empresas estratégicas nacionales.

La presencia de diversos magnates que acompañaron a López Obrador a la fiesta de gala que otorgó Trump, fueron los mismos que se quedaron con las antiguas empresas paraestatales mexicanas, las cuales fueron rematadas siguiendo los designios del FMI y el BM para adquirir deuda y salvar a banqueros y empresarios por parte del gobierno mexicano en los ochentas y noventas. Estos mismos personajes hoy acompañan del brazo al que en algún momento los llamó “mafia del poder”.

Entre la lista de los invitados a la cena de Gala se incluye al hombre más rico del mundo Carlos Slim dueño de American Móvil y grupo Carso; Ricardo Salinas Pliego dueño de la segunda mayor televisora TV Azteca y dueño de Banco Azteca aliado estratégico de City Group; de igual manera se encontraba Carlos Hank González dueño de Banorte; Bernardo Gómez directivo de Televisa, la televisora más grande de México y quizás de Latinoamérica, entre otros. Por su parte del lado norteamericano estuvieron dirigentes de empresas militares, del área energética como Shell, Sempra, Cabot Oil & Gas Corporation, de la industria acerera Nucor y automotriz como Ford y de telecomunicaciones como Intel.

El nuevo Tratado de Libre Comercio incorpora el proyecto Transpacífico, lo que abre una nueva etapa de la expansión capitalista. Estamos hablando de un negocio que implica 1.2 billones de dólares al año entre los tres países en lo que respecta a transferencias de tipo comercial. Para ello México es el alfil del cual el gobierno pone sobre la mesa dos proyectos estratégicos para el gran capital, tanto el Tren Maya como el Proyecto Transísmico, profundizan las relaciones de despojo trayendo no sólo consecuencias en nuestro país, sino en toda la región de Centroamérica. Dichos proyectos despojan de grandes extensiones de selva, bosque y playa a poblaciones indígenas, campesinas y pobres del sur y sureste mexicano, que en el caso del Tren Maya se impondrá la lógica capitalista del gran turismo pero además del traslado de mercancías que en este caso serán recursos naturales. En el caso del Proyecto Transismico implica la creación de Zonas Económicas Especiales, las cuales atraerán Inversión Extranjera Directa, se trasladaran mercancías de la costa del pacifico hacia el Atlántico con vista a los puertos de los Estados Unidos, se incluye además la instalación de empresas de extracción de gas, madereras y de contención de agua. Estamos ante la inminente guerra por los territorios y los recursos naturales, del cual ya ha cobrado vidas de diversos luchadores sociales.

El T-MEC es un tratado con menos desregulaciones que el de 1994, además existe una nula participación e injerencia de sindicatos y organizaciones en las decisiones finales de dicho acuerdo comercial. Este acuerdo se construye a partir de la lógica neoliberal, de generación de empleos mal pagados, subcontratados y por ende altamente precarizados como ha venido desarrollándose en nuestro país durante años. Es en definitiva un Tratado que defiende las grandes inversiones de los monopolios imperialistas del cual México queda cual colonia en este complejo entramado, sólo con participaciones de magnates de origen mexicano, que sin embargo corresponden a una lógica monopolista e imperialista internacional.

Para finalizar hay que señalar que el T-MEC viene a detener la supremacía china en la región o al menos eso intenta. México queda en medio entre los Estados Unidos y el país asiático. El gobierno de la Casa Blanca utilizará la mano de obra mexicana para competir contra China, ante ello quiero señalar que en el caso de los trabajadores mexicanos, laboran las mismas horas o más y realizan en el caso de la industria automotriz los mismos trabajos y con la productividad de los estándares requeridos en estas empresas, sin embargo reciben un sueldo diez veces menor que un obrero estadounidense.

Nosotros como comunistas luchamos por el derrocamiento del gobierno que desde el inicio de su gestión y mucho antes, se ha entregado a los grandes monopolios internacionales y los pocos burgueses, que aunque con poder económico, se han reducido a un puñado, tanto que caben en una cena de magnates en la Casa Blanca. Hoy más que nunca el socialismo se presenta como alternativa real en México.

Debemos aclarar que en política las formas son fondo, sin embargo para el gobierno de López Obrador prefiere entregar políticos corruptos de pasadas administraciones, que detener la violación a la soberanía nacional y el despojo a cielo abierto que realizan las trasnacionales en nuestro país. Mientras tanto, abajo y a la izquierda se resiste y junto con las organizaciones anticapitalistas, seguiremos defendiendo el territorio, el medio ambiente y la vida misma.

Saludos queridos compañeros del Partido Comunista de los Pueblos de España.

Salud y revolución social.

México, 26 de julio del 2020

Diego Hernández. Miembro del Comité Central del Partido de los Comunistas, México.