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Desde hace 6 años, una de las estrategias del imperialismo en su guerra multidimensional contra la República Bolivariana de Venezuela ha sido el promover el éxodo de decenas de miles de venezolanos y venezolanas hacia el exterior, principalmente hacia los países vecinos (Colombia y Brasil) y de la región (Panamá, Ecuador, Perú y Chile). Los objetivos de esta política eran varios, en primer lugar, tensionar a Brasil y Colombia para que la opinión pública percibiera que la cuestión venezolana era una cuestión que les afectaba y justificar la implicación de Brasil y Colombia en planes golpistas y desestabilizadores, hasta el punto de llegar a justificar una guerra “humanitaria” en la que estos países jugarían el rol de la tropa que moriría, mientras los EEUU pondrían los drones y los misiles de crucero. La otra función de promover el éxodo masivo de venezolanos al exterior era el situar al Estado bolivariano como un Estado fallido, crear zonas de crisis humanitarias en las fronteras, y justificar, de nuevo, la necesidad de la intervención militar.

En las calles de cualquier ciudad de Colombia, Brasil, Ecuador o Perú se veían (y se siguen viendo) cientos de ciudadanos y ciudadanas venezolanas dedicándose a pedir en los buses y semáforos, los más afortunados se dedicaban a la venta informal o a los trabajos de salario mínimo, cobrando por debajo del salario mínimo. La inmensa mayoría vive en infraviviendas hacinados o en habitaciones de una tipología de hotel llamada “paga-diario”.

Un caso especialmente dramático es el de la mujer venezolana y las redes de esclavitud y explotación sexual. Miles de mujeres venezolanas se han visto obligadas a prostituirse y la inmensa mayoría han caído en redes de esclavitud. Hay el caso espantoso de la ciudad de Bogotá, en la zona de “tolerancia” de Santa Fe, en el que después de tirar una pared falsa, se encontraron a cinco mujeres venezolanas encadenadas y en condiciones de una brutalidad indescriptible.

Esta es la realidad de miles y miles de venezolanos y venezolanas regados por las tierras de América Latina, mendicidad, subempleo o esclavitud.

La pandemia de la COVID-19 ha impactado de forma brutal en los sectores más desprotegidos de las sociedades latinoamericanas, y con especial dureza con las y los venezolanos. Su precaria situación y su condición de migrante los ha dejado sin lo poco que tenían. Las medidas de cuarentena adoptadas y las regulaciones sobre transporte público o restauración, han provocado que miles de trabajadoras y trabajadores venezolanos, de un día para otro se vieran literalmente en la calle, sin la más mínima protección social.

Muchos de ellos emprendieron a pie la ruta del retorno a la patria. Los gobiernos burgueses, en especial los de Ecuador, Colombia y Brasil fletaron buses hacia la frontera con Venezuela, y el gobierno bolivariano, en un acto de profundo humanismo, fletó vuelos gratuitos para repatriar a quienes quisieran volver a su patria desde Perú, Chile o Panamá. Al retorno a casa, el gobierno garantizaba que los repatriados pasaran la cuarentena sin tener que desembolsar un real.

El reto del Gobierno Bolivariano ante el retorno de miles de sus ciudadanos está siendo enorme, más aun teniendo en cuenta que un alto porcentaje llega infectado por COVID-19 y la inmensa mayoría en unas condiciones socio-sanitarias preocupantes. Mientras gobiernos como el colombiano, cobra a sus conciudadanos hasta 4.000 € por repatriarlos, Venezuela lo hace de forma gratuita.

Pero lo más importante es que se vuelve a demostrar la superioridad de un proceso que aspira al socialismo frente al capitalismo, el humanismo de Venezuela Bolivariana frente a la bestialidad e incapacidad de atender las más mínimas necesidades humanas en países como Colombia, Brasil, Ecuador, Perú o Chile.

Ferrán Nieto