Compartir

Han transcurrido un poco más de tres meses desde que se implementaran en los países europeos las primeras medidas para combatir la pandemia de la Covid-19.

En este tiempo, más allá de las comedias locales de los voceros de los gobiernos y de sus instrumentos de comunicación, la situación de las mayorías sociales en los países capitalistas, ha pasado de la pobreza a la desesperación. Las desigualdades aumentan enormemente, y las riquezas continúan creciendo desaforadamente. La concentración y centralización del capital sigue su curso, pero ahora con muertos…, con muchos muertos. Cuando redactamos este artículo, los contagiados a nivel mundial superan los 9 millones de personas, y las muertes se acercan a 500.000, cuando todavía el continente africano no ha aparecido en esta escena macabra.

La pandemia azota también desigualmente. Las condiciones de confort o subsistencia determinan los porcentajes de contagio y mortalidad. Asimismo, la diferencia de afectados y defunciones registran diferentes indicadores si hablamos de países capitalistas o de estados socialistas, así como de gobiernos que defienden su independencia y soberanía contra intervenciones ajenas, o sea, del imperialismo.

¿Cuáles son las diferencias que configuran este panorama tan desigual? ¿Por qué se producen las mismas? No nos encontramos en un dilema de difícil solución o explicación. Estamos en una fase senil del capitalismo, en plena crisis general del sistema, donde la aparición de la pandemia agudiza su precario estado de salud. Sus constantes se van debilitando y sus patologías crónicas no responden a estímulos extraordinarios de sus órganos vitales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central Europeo, etc.)

Es desde esta perspectiva de donde podemos extraer la mejor lectura, una lectura de clase, de la clase obrera, del pueblo trabajador, que es la auténtica víctima de la Covid-19. Es obligatorio disponer de un buen arsenal argumentario para el debate diario que tenemos que afrontar en esta lucha sin cuartel que libramos del combate ideológico.

Más de 120.000 muertos se consignan en “el país de las libertades”, en EE.UU. Cerca de dos millones y medio de contagiados, con un incremento diario que no augura ninguna contención. A la pandemia se le agrega las grandes movilizaciones que se están produciendo en todos los estados por el asesinato de George Floyd a manos de la policía. Todo ello muestra la fotografía real de la “democracia” en la primera potencia mundial, donde las consecuencias de la casi inexistente seguridad social pública, provoca realidades más trágicas. Ni las básicas condiciones de las pólizas privadas pueden atenuar este marco.

En Europa, los datos tampoco muestran una esperanzadora situación. Con más de dos millones y medio de contagiados, la cifra de muertos se acerca a los 200.000. Ha tratado la propaganda del sistema de establecer que determinados gobiernos atajaban mejor la crisis sanitaria. Pero el regreso al trabajo para salvar la crisis económica, ha generado brotes y realidades por las condiciones laborales en las que se emplean los trabajadores. Alemania y Suecia son dos buenos ejemplos al respecto. El hacinamiento y la falta de medidas de seguridad, han generado brotes en granjas y otro tipo similar de instalaciones empresariales que demuestran la permanencia de su principio de “máximo beneficio con el mínimo coste posible”; lo importante (para ellos) es el capitalismo, no es la vida.

Similares situaciones se producen en distintos países latinoamericanos, desde el Brasil de Bolsonaro, donde las cifras son alarmantes, hasta el Chile de Piñera devastado clínicamente por la “experiencia” del liberalismo impuesto con el asesino Pinochet por los Chicago-Boys y su teórico Milton Friedman.

¿Dónde nos encontramos con la respuesta opuesta?, donde se aplican los conocimientos científicos a los objetivos perseguidos de priorizar la vida, pero con el componente desinteresado de la solidaridad. La utilización de la ciencia es el principal recurso para combatir la pandemia. El desarrollo en las últimas décadas tanto de la Ciencia como de la Tecnología, ha conseguido aumentar las respuestas exitosamente a los grandes desafíos que tiene la Humanidad en el momento actual del desarrollo de las fuerzas productivas. Las enormes posibilidades que proporciona el Big Data, crea las condiciones para focalizar los problemas, concretar los diagnósticos e implementar las soluciones de forma inmediata y eficaz. En el sector sanitario la fuente de alimentación científica de otras especialidades se antoja, pues, como fundamental.

Es menester destacar que la Ciencia, la Tecnología y la Solidaridad son los pilares que sostienen el edificio social. El trabajo en los medios de comunicación se ha centrado en los diversos datos que se iban produciendo sobre el coronavirus. De este trabajo también tenemos que destacar los silencios. Para ello, el caso de Vietnam es paradigmático. Ejecutando con celeridad todos los protocolos sanitarios que tiene el estado vietnamita, ha conseguido que el contagio no haya llegado ni a 350 personas y que la cifra de fallecimientos sea “CERO” muertos. De los contagiados, tan solo una veintena de casos permanece en proceso de cura.

La tan denostada y acusada República Popular de China, presenta un cuadro también destacable positivamente, a pesar de ser el país que originalmente lanzó la alarma. Con una población cercana a los 1.400 millones de personas, los casos confirmados son inferiores a los 84.000, y los fallecidos ascienden a 4.600. Los nuevos brotes que han aparecido, han mostrado la capacidad de focalización, respuesta y cuarentena de las autoridades e instituciones chinas para contener su propagación.

La Ciencia aplicada sectariamente no sirve a los intereses de la Humanidad. El valor de la Solidaridad es indispensable para que la ciencia llegue a todos los rincones del planeta. En este campo, Cuba siempre ha destacado desde el triunfo de la Revolución hace ya más de 61 años. Si el imperialismo se emplea en propagar las guerras multifacéticamente contra los pueblos, Cuba desarrolla todo su potencial solidario en todos los frentes y a cuantos países lo requieran. Al papel aterrador de las bombas y del ejército imperialista, Cuba responde con su “ejército de batas blancas”, omnipresente a través de sus doctores/as y sus enfermeros/as. Su despliegue con esta pandemia ha granjeado la simpatía y el reconocimiento de las poblaciones que los han recibido.

Aprendamos de las experiencias. Ciencia, conciencia, solidaridad y organización son los ingredientes indispensables para una buena alimentación y digestión.

Victor Lucas