Compartir

 

Decía Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”

Está claro que el eurocomunismo, el revisionismo y el reformismo han llevado al PCE a flirtear con la social democracia. Nada extraño. Pero es que incluso entre la socialdemocracia hay posturas tradicionales y hay posturas postmodernas.

El PCE se alineó primero con el eurocomunismo, abandonó la lucha obrera para ocupar el espacio que el PSOE (partido neo liberal donde los haya) había dejado y después abrazó el postmodernismo neoliberal, las tesis capitalistas y la desorganización, eso sí, haciendo guiños al marxismo leninismo como caladero de votos. Oír a su secretario general alabar a John Maynard Keynes, incluso regalándole un libro a Rajoy, nos da las pistas de adónde iba el PCE.

No es sólo el abandono de una economía planificada y socialista, es la aceptación del capitalismo al que ellos llaman “bueno”.

Pero la vuelta de tuerca que da el órgano de prensa en su edición del 22 de junio es el colmo. Sólo les ha faltado pedir financiación a Rockefeller (si no la tienen ya).

El Mundo Obrero publica “El teletrabajo como emancipación”, ¡toma ya! Sin anestesia, sin vaselina acaso. Si Franco levantara la cabeza se frotaría las manos, si la levantara Stalin, le faltarían piolets.

El planteamiento no puede ser más infantil, el abrazo a la tecnología liberadora, pero al estilo Bill Gates, que seguro que también les ayuda en algo. El alma de cántaro no tiene otra idea que mezclar teletrabajo, emancipación y emigrantes, y se queda tan tranquilo, o sea que la mejor manera es que la gente no emigre y trabaje desde sus casas. Un digno aprendiz de Armesillas.

Pero ojo, que le añade un pincelazo ecologista, las ciudades quedarían más descongestionadas de tráfico y después añade “conseguir que el teletrabajo sea considerado un derecho laboral”.

En fin, el PCE se olvida que el teletrabajo ya existe, en forma de explotación hacia los pobres (ahí están los call center caseros) y que existe la regulación laboral del teletrabajo. Se olvida de absolutamente todo, incluso de que la solución a la emancipación obrera se llama sociedad socialista.

Este abrazo postmodernista olvida que el teletrabajo es una forma de esclavitud. El trabajador pone los medios de producción, no hay horarios, no hay representación sindical, no hay interactuación con el resto de trabajadores. También se olvida que el teletrabajo se puede dar en una sociedad que vive de la explotación del resto del mundo. Sí, es duro oírlo, pero es una realidad: Europa y EEUU dejaron de ser productores de nada, para ser “gestores” del trabajo esclavo en Africa, America Latina y Africa. Así, resulta muy bonito el teletrabajo, gestiono mis fábricas en Asia desde mi casita en Galapagar (se me ha escapado, perdón). Podemos fijar en nuestra retina al obrero de la construcción llevándose la hormigonera a casa….

El genio, o el infantil izquierdista, plantea que el teletrabajo es una forma de dar oportunidades laborales a personas de países en vías de desarrollo. Ahí va, y yo que pensaba que era la oportunidad de los gestores europeos y norteamericanos de gestionar sus “nuevas colonias” y resulta que no, que es favorecer el trabajo mediante una conexión de banda ancha en una aldea de Burundi. Pero si allí todos trabajan ya, produciendo mascarillas para Inditex y cobrando una miseria….

Hemos llegado a tal punto de alienación obrera que los revisionistas prefieren trabajar solos en casa, muy del estilo de quienes asaltando los cielos se van a vivir a los sitios pijos, que los pobres y los obreros huelen mal.

Es verdad que ahorramos tiempo de desplazamiento y el aliento del jefe en el cogote, pero eso es sustituido por cargas de trabajo más grandes, salarios más pequeños y “el aliento de la cámara y las reuniones online”. Eso sí, todo muy pijo, con muchos términos en inglés.

El párrafo final no tiene desperdicio. Si lo sacas del Mundo Obrero, podría publicarse en Expansión, Intereconomía o en el foro de Davos:

“En resumen, el sector tecnológico, a pesar de las crisis económicas y de las reticencias, sigue siendo una fuente de empleo en todo el mundo y lo seguirá siendo en el futuro. Nos ofrece nuevas posibilidades de mejorar nuestras vidas. Si se le da la importancia necesaria, el enfoque y la práctica postcapitalista, las posibilidades son inmensas.”

Afortunadamente, hay comunistas, que en los años 80, vieron la deriva y salieron del PCE. Seguro que aún hay muchos camaradas que abrazados a las siglas históricas no ven en qué se convirtió el PCE. Ya le quitaron la estrella, después se la pusieron, se quitaron los monos de trabajo y se pusieron las chaquetas, se pusieron las mascarillas y se bajaron los pantalones.

Se olvidaron de todo, humillando la memoria de Pepe Díaz o la Pasionaria, y a todos aquellos camaradas que dieron su vida por el socialismo, ya fuera en las trincheras de Teruel o en las de Sebastopol o en el maquis francés.

Se olvidaron de que sólo el Pueblo organizado salva al pueblo, se olvidaron de que esto es una cuestión de Socialismo o muerte. Se olvidaron de que existe el marxismo leninismo y se olvidaron que desde el PCPE seguimos luchando por la clase trabajadora.

Juan Luís Corbacho