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En la madrugada del 1 de mayo del presente año, un nutrido grupo de mercenarios entre los que se hallaban dos ex miembros de la fuerzas de los marines del ejército norteamericano, uno de los cuales había sido guardaespaldas personal del Presidente USA Donald Trump, desembarcó en el departamento de la Guajira a orillas del Río Orinoco en territorio de Venezuela. El grupo fue transportado hasta dicho lugar en lanchas patrulleras de la marina de Colombia lo que muestra la connivencia de este país en la denominada “Operación Gedeon”, operación planificada por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos con la aprobación de la administración Trump.

Dicha operación tenía por objetivo el secuestro del Presidente de Venezuela Nicolás Maduro y de altos dirigentes de este país con el fin de trasladarlos en un avión norteamericano  que estaba previsto aterrizase en el aeropuerto de Caracas con el fin de enviarlos a los Estados Unidos en un acto de piratería internacional. Paralelamente a estos hechos tenían previsto en colaboración con la contrarrevolución interna dar un golpe de estado y derrocar al gobierno legítimo de este país.

Toda la operación se fue al traste desde un primer momento por la reacción popular de los pescadores de la zona del desembarco que hicieron frente a la banda contrarrevolucionaria a la vez que alertaban a las fuerzas armadas bolivarianas poniendo fin a la acción terrorista.

Ocho mercenarios fueron muertos en los combates y una quincena fueron apresados por los lugareños en los primeros momentos y otros tantos en días posteriores.

Esta acción es la enésima intentona del imperialismo Norteamericano y su aliado Colombia junto a la contrarrevolución interna por poner fin a la conocida como Revolución Bolivariana.

Ha quedado demostrado por documentos incautados a los mencionados mercenarios así como por las declaraciones de los detenidos y las investigaciones posteriores de las autoridades venezolanas, que al frente de la trama se hallaba la Administración Trump , el gobierno de Colombia y el “autoproclamado” presidente de Venezuela , lacayo al servicio de los anteriores: Juan Guaidó.

Una vez más el pueblo de Venezuela y su Revolución Bolivariana han salido airosos de las tramas que sin cesar orquesta el imperialismo norteamericano y sus aliados contra este país.

Si hubiese que buscar un punto de arranque al proceso de transformaciones revolucionarias que vive Venezuela, habría que remontarse sintetizando los acontecimientos al conocido como “Caracazo”.

En el año 1989, el entonces Presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez,  toma una serie de drásticas medidas de recortes sociales que empeoran aún más las condiciones de vida de la empobrecida mayoría del pueblo venezolano. Esto, unido a las profundas desigualdades sociales donde la miseria convivía con una minoría oligárquica que nadaba en la opulencia. Junto a una galopante corrupción que corroía toda la administración del país. Esta situación explosiva, estalla el 27 de febrero de 1989 con un levantamiento popular en la capital. Los pobladores de las villas miseria que rodean Caracas confluyeron por miles en marchas sobre el centro de la ciudad. La policía y el  ejército cierran el paso a las columnas de quienes no tenían nada que perder, ametrallándoles sin piedad. Nunca se supo el número de muertos de la masacre, pero las fuentes más solventes hablan de que superaron los 500 muertos. La indignación suscitada por estos hechos, extendió las protestas a otros puntos del país. Estos acontecimientos pasaron a la historia de Venezuela con el sobrenombre de “El Caracazo”.

Si bien la  Revolución Bolivariana, no es un proceso de transformaciones socialistas en el sentido literal, sí tiene un profundo carácter progresista y antiimperialista. El que evolucione en una dirección socialista desde una óptica revolucionaria dependerá en todo caso del papel que jueguen los sectores más avanzados de la sociedad venezolana y sobre todo el Partido Comunista de Venezuela en este proceso.

Defender Venezuela en la coyuntura actual es un deber de solidaridad internacionalista que nos obliga a todos los y las comunistas y progresistas del mundo. Venezuela, como todos los pueblos del mundo que luchan por su libertad, tiene el derecho inalienable de decidir libremente su futuro sin injerencias del exterior tanto del imperialismo norteamericano como de los gobiernos de países capitalistas que en última instancia están subordinados al anterior.

Juan Manuel Hernández