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Uno de los colectivos en primera línea de exposición al coronavirus ha sido el de cajeras de supermercados, mayoritariamente integrado por mujeres. Junto a temporeros, repartidores, reponedores, limpieza hospitalaria y viaria, entre otros, han salido cada día a trabajar y han cubierto las necesidades básicas de la población. Coinciden también en ser ocupaciones poco valoradas y en los altos índices de precariedad laboral.

El personal de supermercados enfrentó los primeros días de pandemia sin ninguna medida de seguridad, expuestas a un elevado riesgo de contagio y en jornadas extenuantes. Ritmos de trabajo muy intensos, enormes cargas de trabajo y mucho estrés y presión psicológica al trabajar poniendo en peligro su salud y la de su familia. ¿A cambio? Salarios bajos y condiciones laborales cada vez peores que ya arrastraban desde antes, como el trabajo en festivos y la ausencia de descansos.

La situación de este personal no es exclusiva de un país, en Francia el fenómeno es el mismo. El oficio de cajera es desempeñado en un 90% por mujeres y el material de protección no sirve o es insuficiente. Una de esas trabajadoras explica “tras el anuncio del confinamiento, las personas corrieron a los supermercados. Las cajeras estaban en la primera línea, sin protección, como en una trinchera”.

La situación de indefensión de este personal no se da sólo en el centro de trabajo por las condiciones laborales, sino que con frecuencia están expuestas a clientela que con absoluta falta de consideración las maltrata verbalmente. E incluso están expuestas al acoso entre su vecindario, que en una muestra descarnada de egoísmo, exige que abandonen la vivienda por temor al contagio.

En este contexto desde el sindicato LAB piden menos homenajes y más derechos y más protección para estas trabajadoras. Ellas tampoco viven de aplausos y necesitan condiciones laborales dignas.

Por ello, hasta que este personal pueda renovar los convenios y sin renunciar a la lucha empresa por empresa, exigen la aplicación de 10 medidas inmediatamente:

1.- Garantizar la Salud Laboral. Test y Equipos de Protección Individuales para todo el personal. Permiso retribuido al personal de grupos de riesgo. Complemento del 100% para la baja por enfermedad o aislamiento.

2.- Un día de licencia retribuida a la semana, mientras dure el estado de alarma.

3.- Sumar una semana a las vacaciones, a disfrutar una vez finalizado el estado de alarma.

4.- Transformar los contratos eventuales a fijos.

5.- Medidas para convertir las jornadas parciales en totales, garantizando mínimo 20 horas.

6.- Más contratación directa, eliminando las ETTs, para hacer frente a la sobrecarga de trabajo.

7.- Permiso Retribuido por cuidado, con medidas reales de conciliación de vida y trabajo

8.- Prohibición de abrir domingos y festivos.

9.- Restringir el horario comercial, mientras dure el estado de alarma.

10.- Priorizar productos KM-0, impulsando el consumo de productos locales.

Ahora es el momento de exigirlas porque está claro que son imprescindibles y sin ellas, un servicio básico para la sociedad no podría prestarse. ¿Qué pasaría si se pusieran en huelga para alcanzar esas reivindicaciones?

Unidas y en lucha arrancarán derechos frente al patrón.

Fuente. Redacción UyL. LAB.