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Desde el lunes, coincidiendo con el día en que la multinacional tenía previsto retomar de manera parcial la producción tras el parón por el coronavirus, trabajadores/as de los centros de Nissan están en huelga indefinida para exigir un plan industrial.

Hoy la empresa, controlada por la japonesa Panasonic y la familia Pujol, argumenta que el nuevo ERTE es necesario para poder reanudar de forma gradual la producción “en un entorno incierto”. Con este nuevo ERTE pretenden “aprovechar” las prestaciones del Estado, fruto de los impuestos que pagamos trabajadores y trabajadoras, pero a la vez amenazan con llevarse la producción y cerrar definitivamente. Un chantaje y una hipocresía terribles.

El ERTE afectaría a una plantilla que desde hace meses viene sufriendo paradas productivas, recortes salariales y convenios a la baja, por un tiempo de entre 90 y 100 días y sin ninguna garantía de futuro después. Los sindicatos se oponen a la medida y han pedido a Treball que rechace el ERTE.

Pese a la dificultad de las movilizaciones actuales por la restricción de movimientos, montan guardia a las puertas del centro de trabajo y hacen pública su protesta.

NISSAN tiene que garantizar trabajo estable, bien remunerado y una producción que beneficie a la mayoría social trabajadora. NISSAN es una empresa que pertenece a los sectores básicos productivos: tiene que ser propiedad pública y los beneficios económicos tienen que servir para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras.

Frente a las medidas de la patronal y sus consejos de administración gobernantes, lucha obrera.

Es necesario, ahora más que nunca, que ante la nueva crisis capitalista, el ejemplo combativo de la plantilla de NISSAN se difunda y se amplíe. Toda la solidaridad para su lucha.

La unidad es la fuerza de la clase obrera.