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Al inicio de la crisis del covid 19 la población originaria de Norteamérica, incluyendo a los nativos de Alaska, temían que el coronavirus pudiera afectarles más severamente que a otras comunidades. Recordaban que ya fueron diezmados por la pandemia de gripe de 1918-19 y que en 2009 durante la pandemia del H1N1 fueron golpeados desproporcionadamente, alcanzando una tasa de mortalidad cuatro veces mayor que la general. Los datos sobre los estragos del coronavirus entre la población pobre, vulnerable, afroamericana, trabajadores pobres, población nativa, emigrantes… muestran que el covid no entiende de clases sociales, pero el capitalismo sí. La preocupación se está materializando en una seria y grave amenaza para los pueblos nativos.

Desde los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. alertaron que toda la población originaria era particularmente vulnerable a las infecciones epidémicas, debido a las altas tasas de pobreza y a enfermedades crónicas subyacentes, como diabetes, enfermedades cardíacas y asma. Los pueblos nativos tienen las tasas más altas de pobreza y malnutrición de los Estados Unidos, lo que ha dejado a estas comunidades vulnerables a pandemias como la actual.

De hecho, las condiciones de profundo empobrecimiento y la falta de infraestructuras impuestas a los nativos americanos por el gobierno federal han contribuido a algunas de las peores tasas de infección por coronavirus del país. El brote entre la Nación Navajo es casi tan severo como los de Nueva York y Nueva Jersey.

Las autoridades del estado de Nuevo México, donde la Nación Navajo se ubica, además de en Arizona y Utah, confirmaron el aumento de casos entre los pueblos nativos de Nuevo México y que podría llegar hasta a aniquilar esas naciones. Parece además que el número de casos en la Nación Navajo puede aumentar exponencialmente debido a la crisis del agua que les asola, agravada por la sequia en una población donde el 40% no tienen agua corriente en sus hogares.

La situación sanitaria es crítica, una profesional de la medicina que trabaja en la Nación Navajo en el noroeste de Nuevo México hace unos días caracterizó la situación en los hospitales tribales como una crisis cada vez más profunda: "Hace un mes, nuestros primeros casos nos alarmaron; hace una semana, nuestro hospital estaba en el nivel de emergencia tres: una serie de lonas separaban nuestra sala Covid del resto del hospital. Ahora estamos en el nivel cinco: todo el hospital es esencialmente la sala Covid. En el nivel seis, quizás nos expandimos a un gimnasio escolar". Pero se puede agravar aún más porque algunos de los estados del suroeste siguen reabriendo los parques estatales y nacionales, en muchos de los cuales están las tierras tribales y de la mano del turismo y los desplazamientos pueden llegar nuevos casos a las zonas rurales ya abrumadas y saturadas.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la ayuda gubernamental es poca. Los pueblos indígenas de EEUU se están quedando sin ayuda federal después de un mes desde que se aprobara la Ley de Ayuda para el Coronavirus, Recuperación y Seguridad Económica (CARES). La Ley CARES, el mayor paquete de estímulo en la historia de los Estados Unidos, con cerca de 2.5 billones de dólares acabó mayoritariamente en manos de los empresarios amigos de la Casa Blanca y en grandes corporaciones. De los 2.5 billones de dólares, los gobiernos tribales de todo el país recibieron $8 mil millones de dólares en "fondos directos de ayuda de emergencia” pero dándose la circunstancia de que entre esos receptores se incluyeron empresas, al ser definidas éstas por la ley federal como "Tribu Indígena" y están recibiendo una ayuda desproporcionada. Esas empresas en cuestión son empresas de nativos de Alaska, que son propietarias de la mayoría de las tierras nativas de Alaska, controlan el empleo, la gestión de la tierra y la construcción, incluyendo la construcción de instalaciones de salud.

Y mientras los fondos para los pueblos nativos van a manos de empresas y los pocos que llegan no alcanzan para las necesidades de la población, las familias navajo y hopi organizaron un GoFundMe para recaudar efectivo y pagar agua embotellada.

Ese mismo pueblo navajo, en concreto la tribu Choctaw, en marzo 1847 al establecerse en Oklahoma se enteró de la Gran Hambruna de Irlanda. Tuvieron un gesto para con aquellos que a miles de kilómetros y a quienes no conocían sufrían hambre. Entregándoles lo que sería un equivalente actual de 150 dólares, para mitigar el sufrimiento del pueblo irlandés. 173 años después, el pueblo irlandés les devuelve aquel gesto solidario con otro equivalente.

Desde Irlanda el pueblo trabajador ayuda a recaudar 1,8 millones de dólares para la Nación Navajo que está gravemente afectada por Covid-19.

Gesto de internacionalismo y solidaridad que destacamos desde las páginas de UyL por la importancia de su ejemplo para el conjunto de los pueblos del mundo.

Redacción UyL