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“(...) El Gobierno Vasco era el auténtico representante de la burguesía vasca. Y la defensa de los intereses de clase de la misma se ponía a veces por encima de todo... por eso Aguirre no quería mezcolanzas con nosotros y rechazaba el mando único en el norte. No es ningún secreto que Aguirre – el mismo lo ha dicho y escrito repetidamente como representante del nacionalismo vasco – es anticomunista. Y arremetía contra los mandos salidos del pueblo y aún contra los profesionales cuando éstos militaban o simpatizaban con partidos obreros...”

*Juan Ambou: Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, el País Vasco y Santander.

Hace exactamente cuatro años comentábamos en uno de nuestros paseos por el barrio obrero de Ocharcoaga de Bilbao lo que estaba ocurriendo en plena campaña electoral del País Vasco. Mientras pegábamos unos carteles del PCPE por la zona, nos encontramos con el anuncio de la película anticomunista “Gernika” patrocinada entre otros por el Gobierno Vasco del lehendakari Iñigo Urkullu. A la par que intentábamos buscar las barandillas para la propaganda electoral donde las proporciones para la pegada eran mínimas por aquello de su talante democrático, nos encontramos con el nombre de una de las calles más curiosas en cuanto a su protagonista en EE.UU contra los comunistas del exilio. Sí, estamos hablando de Jesús Galíndez, mano derecha del otro lehendakari: José Antonio de Aguirre, en plena Guerra Fría. Así es nuestro “Oasis Vasco” todo un remanso de paz y armonía celestial, donde algunos llevan décadas haciendo sus mismas labores cotidianas en políticas antiobreras por su propia condición de clase burguesa.

Sus primeros pinitos comenzaron con el cierre del parque de atracciones de Archanda en Febrero de 1990, incluso algunos ayudaron a la destrucción del antiguo proyecto de hospital público de Lejona construido en 1978 y se siguieron acrecentando y creciendo bajo el nombre de los nuevos jóvenes burukides bizkainos (Jobubi) mientras en Cataluña aparecían sus homólogos, los jóvenes turcos del grupo de Mas, Puigdemont y otros personajes tan de moda en estos últimos años televisivos.

Al despedirnos del conjunto escultórico de la antigua embajada soviética en Madrid, que existe dedicado a Marx y Lenin en este barrio de impronta obrera y raigambre en las antiguas luchas vecinales de la periferia bilbaína; íbamos observando que pocas cosas iban a cambiar en nuestro País Vasco hasta llegar a esta primavera de 2020.

Cuatro años de luchas obreras en nuestro territorio en el que se ha destacado la gran huelga de las trabajadoras de Residencias de Bizkaia y su continuación en Gipuzkoa a través de ELA. (Evolución sindical a analizar, tras su capacidad de acoger en su seno todo aquello que se había perdido y olvidado en otras antiguas centrales sindicales que antaño si fueron de clase, y hoy son meras corporaciones al servicio de la clase empresarial). Todas aquellas reivindicaciones y denuncias que explicaban y proclamaban aquellas mujeres de las camisetas verdes, en sus consignas en las manifestaciones por las calles de nuestros pueblos y ciudades han vuelto a sentirse y estallar en estos últimos tiempos.

El gobierno de coalición entre el PNV y el PSE en el Gobierno Vasco, Diputaciones Forales y Ayuntamientos, además del pactismo sindical de UGT y CC.OO, ha propiciado una supuesta “paz social” que se ha resquebrajado contra la mayoría de la clase trabajadora de Euskadi. Las ententes y derivas de corte socialdemócrata y teorías del pacto por los despachos y sus sillones a nivel de todo el Estado incluida Bildu, además de Podemos e Izquierda Unida dejando en ridículo aquellas loas y alabanzas que hacía el señor Sánchez en su manual de resistencia sobre el famoso “pacto a la portuguesa”. Parece ser que los señores Garzón e Iglesias olvidaron que el PCP en Portugal posibilitó la estabilidad del Gobierno, pero sin coger ninguna cartera ministerial y siguiendo una línea acorde a su programa marxista - leninista de siempre, anti UE y anti OTAN y en defensa de un programa de mínimos para la clase obrera lusitana.

Con la llegada de los Carnavales, explotó una crisis muy importante dentro de los consejeros y asesores del Gobierno Vasco al desatarse el accidente y catástrofe del vertedero de Zaldibar que perjudica a las zonas metropolitanas y obreras de Ermua y Eibar, en la frontera de las provincias de Bizkaia y Gipuzkoa. Sustancias cancerígenas al lado de los barrios periféricos que aparecían flotando en el aire tras los incendios que se iban desarrollando en una central de residuos, donde el amianto formaba parte del asunto. Dos trabajadores muertos. Tres meses después seguimos sin saber dónde están Joaquín y Alberto.

Parece ser que nuestros representantes más preocupados entonces por la campaña electoral de abril, en la que pretendían perpetuar los pactos estatales, no contaban con un nuevo caos ecológico y de salud con la llegada de la pandemia tan de moda en estos últimos meses. Por si acaso nuestro “Gobierno de Izquierda” sigue sin contar con la ayuda internacionalista de Cuba y las contradicciones de clase han seguido aflorando en lo que una vez se denominó como “Gibraltar Vaticanista” por aquello de la fuerza de la Compañía de Jesús en el territorio.

Así es nuestra casa común ,tan ecléctica y heterógenea, que pasamos de contar con curas carlistas y reyes navarros adorados por los unos para construir su imaginería, y los otros hablándonos de la burguesía emprendedora que se enriqueció con la sangre y sudor de miles de trabajadores y trabajadoras del País Vasco. Condenados al olvido y al silencio por los unos y por los otros o incluso en algunos casos haciendo citas oportunistas desde sus bancadas del Congreso de los Diputados sobre la camarada Dolores Ibárruri, a la que nunca quisieron, ni apreciaron por ser en definitiva, comunista y prosoviética.

Lo que muchos nos temíamos a vuelto a aflorar en la burguesía vasca. Su antiobrerismo y sus apetencias empresariales han quedado patentes en los últimos movimientos del lehendakari Urkullu. La gestión en la crisis sanitaria está resultando un verdadero conflicto de intereses de clase. Siempre nos han hablado de la maravillosa Sanidad Pública Vasca, de la que nunca nos han explicado los diversos recortes sanitarios que se llevan realizando en favor de los hospitales privados y concertados desde 1992, donde se siguen derivando muchos tratamientos y pruebas. De todo esto saben mucho los Azkuna, los Inclán, los Bengoa (Que llegó a asesorar a Obama) o los Darpón. Sólo hay que leer los famosos carteles de “Atención al cliente, que no al paciente” en ambulatorios y hospitales. Por no hablar de las crisis y revuelos mediáticos que han sucedido en los concursos de oposición y el reparto de algunas plazas, asesores, etc, etc...

Con la aparición del ya renombrado “bicho” que tanto conocen los Soros, los Kissinger y los Gates de turno; las carencias de materiales en el sistema sanitario se comenzaron a notar a nivel nacional, y en nuestro caso también dentro de la Comunidad Autónoma Vasca. No es casual tampoco la última partida de 300.000 máscaras defectuosas, que iban para Eudel (La Red de Ayuntamientos del País Vasco).

Y mientras nos explicaban la importancia de dar palmas a las ocho de la tarde en nuestros barrios periféricos, se olvidaban todos ellos de las trabajadoras auxiliares, cocineras, de limpieza y lavandería de las Residencias.

Una vez más están siendo las grandes olvidadas, en materiales esenciales de protección, como son las mascarillas y los EPIs que han llegado con retraso en muchos casos con lo que ha llevado a contagios y bajas de estas operarias. Un fallecido de este sector, ya ha sido una de las primeras víctimas en Vitoria (Álava). Por otro lado el Gobierno Vasco más preocupado en buscar una fecha señalada para un nuevo tiempo de elecciones de cara al verano, ha obligado a muchos obreros a volver al tajo, y a su vez ralentizando las pruebas médicas para las auxiliares de geriatría. Incluso dando órdenes burocráticas a nivel institucional en las que se han dado más retrasos para que llegase al conocimiento de las propias afectadas en este juego de patronales y entes administrativos varios que son primos hermanos en definitiva.

Todo ello nos vuelve a demostrar, como la llegada de nuevos Ertes como el que acaban de realizar en el Hospital de la Virgen Blanca de Bilbao, que al igual que en el resto del Estado, la burguesía vasca, no se diferencia para nada de los otros sectores empresariales y politicastros del resto de pueblos de España.

Parafraseando a Shakespeare, algo huele a podrido en el País Vasco, y no es precisamente sólo el vertedero de Zaldibar, sino las apetencias de esta clase burguesa empresarial , que es la que realmente está gobernando en Lakua y Ajuria Enea al igual que en la Moncloa.

El pequeño Maxím