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Es difícil abstraerse de la propaganda. Todos los massmedia están en manos del gran capital.

La primera consigna de la pandemia fue acusar a China y minusvalorar el peligro de la epidemia. Al estilo de los hilillos de plastilina del Prestige, nos convencieron (me incluyo) del simple catarro, una gripe un poco más fuerte. Dentro de unos meses oiremos a nuestros inefables periodistas seguir hablando del virus chino, cuando no se sabe de dónde viene la cepa principal, igual que pasó con las armas de destrucción masiva de Irak, aquellas que cuando hasta la CNN decía que no estaban, los medios de comunicación de nuestro entorno seguían buscando.

El sistema capitalista empezaba a cimentar su defensa: no vamos a parar, esto no es nada, aunque el sentido común decía lo contrario. Bolsonaro mantiene la misma teoría del resfriadillo.

Pero es una enfermedad de clase, se preocupan ahora porque la pandemia no conoce de fronteras, ni de personalidades, porque ellos pueden ser los próximos. A la miríada de políticos infectados, se unen la de grandes deportistas (grandes por famosos, claro), incluso la familia Real Británica se ve afectada. No como la tontería del hambre, esa pandemia de la que mueren 8.500 niños diarios, pero esa no les afecta.

Los afectados en España tienen nombre y apellidos, o así nos lo hacen ver. Alrededor de 100 mil según los datos oficiales, cerca de 800 mil según los expertos en epidemiología y virología. Pero hay que seguir produciendo, el país no se puede parar. Los trabajadores deben infectarse por el bien del país, para cuando “ellos”, los de siempre, los ricos, puedan seguir con sus vidas normales no les falte su capital, y a ti, trabajador no te falte un duelo fúnebre…

Al momento de la redacción de este artículo, España supera el número de muertos de China, la vilipendiada China, la dictadura capitalista China, la dictadura comunista China, el capitalismo de Estado, la de las libertades recortadas. Esa misma China vive el momento de decrecimiento de contagios, murieron algo más de tres mil personas, con 1.400 millones de habitantes. En España con apenas 47 millones ya superamos esa cifra. Estados Unidos ya es el país con mayor número de contagios, y será el que mayor número de muertos tenga, pero no podían parar su economía (3,5 millones de estadounidenses se han sumado al paro en una semana).

Cualquier mapa de la pandemia indica a los países más neoliberales como claros focos de contagio, los cacareados países desarrollados ven cómo se mueren miles de sus habitantes, pero no puede pararse la economía porque lo que vendrá será peor.

Acabará la pandemia y con ella deberemos sacar las conclusiones que correspondan.

Sector por sector:

  1. El colapso de la sanidad recortada, como vivo ejemplo, la madrileña. Los recortes matan, el capitalismo mata.

  2. La inoperancia de la sanidad privada. Se aplican ERES y ERTES a esos hospitales privados en plena pandemia. Da para pensar: ¿qué curaban allí?

  3. Las residencias de ancianos privatizadas, con monjas abandonando a los ancianos a su suerte, con alcaldes reclamando ayuda para sus residencias públicas y enviándoles a Ejército y policías para controlarlo.

  4. El acaparamiento de productos por empresarios y también por particulares. Cómo nos han enseñado a ser individualistas, al sálvese quien pueda.

  5. La especulación del mercado como buitres acechando las necesidades para ganar dinero.

  6. La producción mantenida incluso sin ser necesaria: La construcción (los vilipendiados albañiles, los responsables de la crisis del 2008) tirando del carro al que ya no puede sumarse el turismo. Los call center funcionando a todo trapo, ahora que saben que estás en tu casa.

  7. La actitud de la población: chivata, reflejando su frustración en los pobres, como siempre, en los que no entienden. Insultando a viejos, atacando a los sin techo, a los inmigrantes sin papeles. Aplaudiendo a un policía por dar una bofetada a una persona en plena calle, como si fuera admisible.

  8. La insolidaridad manifiesta de la UE. Alemania negando recursos a otros países, los EEUU intentando comprar una vacuna a los alemanes. La falta de solidaridad, de empatía.

  9. La sanguijuela de la OTAN, que en plena pandemia mantiene ejercicios militares y pide mantener el gasto en material bélico.

  10. La falta de respuesta de la pseudo ciencia y las religiones. El Vaticano preparando la plegaria pócima que resuelva el asunto, los evangelistas haciendo cánticos y contagiándose unos a otros, y los otros, los de la medicina tradicional china buscando la vacuna y los antivacuna cagaditos de miedo, y los antifármacos comprando paracetamol a mansalva.

Frente al capitalismo más irracional, el de las declaraciones del vicegobernador de Texas: “Aquellos de nosotros que tenemos más de 70 años, nos ocuparemos de nosotros mismos pero no sacrifiques el país» o las del primer ministro del Reino Unido, aceptando las muertes en función del mercado, o las más cercanas de los de Vox, pidiendo quitar la sanidad gratuita a los sin papeles en plena pandemia o condicionando su apoyo al gobierno a la anulación de la autonomía catalana, o a Bolsonaro eliminando por decreto salarios y derechos laborales en medio de la pandemia.

Frente a toda esa basura, han plantado cara los olvidados, los ninguneados, los explotados, los bloqueados: China y Cuba, enviando apoyo médico y recursos a todos los países. Rusia ayudando a Italia y EEUU, lo que hay que ver….

La solidaridad cubana revestida con todo su internacionalismo proletario, siendo reclamados por quienes meses antes les expulsaban (caso de Bolivia, Brasil o Ecuador). A ver la memoria cómo funciona en los próximos meses o si nos harán tener la memoria de los peces.

China como referente mundial, aportando recursos a todo el planeta. La imagen de sus médicos con su bandera roja ondeando a sus espaldas.

La clase obrera, los castigados por todas las crisis, jugándose la vida: obreros de la construcción, médicos, auxiliares, enfermeras (todo el sector sanitario público, el otro ni está ni se le espera), cajeras, reponedoras, limpiadoras, camioneros, carteros, mensajeros…Y el resto confinados en nuestras casas, haciendo lo que se puede, esperando la sentencia de la muerte civil, la que vendrá cuando no puedas hacer frente a los pagos porque te quedaste sin ingresos.

Y el internacionalismo no es ni más ni menos que una vertiente del socialismo. China aplicó las medidas que como economía centralizada podía hacer, atajó la pandemia en sus fronteras, aplicó medidas socialistas cuidando la salud de los trabajadores. Venezuela, a la que negaron un crédito los del FMI para combatir la pandemia, da 6 meses de subsidio a sus trabajadores y 6 meses de moratoria en pagos, al igual Rusia, que aunque no es socialista, aún le quedan vestigios de cuando era la URSS. ¿Cómo habríamos vivido esta situación si aún existiera la URSS?

El capitalismo ha mostrado su auténtica cara. No estaba preparado para nada porque es incapaz y está agotado, la autorregulación del mercado, la supremacía del capital, todo se fue al garete en 15 días. ¿Y ahora qué? ¿Seguimos aplaudiendo con las orejas, riendo las gracias de los tertulianos, contertulianos, expertos de barra de bar? ¿Por qué mejor no acabamos de blanquear el capitalismo como hace el actual gobierno?. El capitalismo ha dado muestras de lo que es: un sistema de ricos para ricos, de defensa a ultranza del capital, un sistema que no ha servido nunca, ni sirve, ni servirá para la inmensa mayoría de la población. Un sistema que ha colapsado multitud de veces y que se sostiene con la plusvalía del trabajo. Nunca como hasta ahora es demostrable cómo la falta de producción obrera acaba con el capital. Nunca como hasta ahora esta “simulación de huelga general” demuestra que quien crea riqueza es la clase obrera, que sin ella, el sistema capitalista se hunde.

Ahora es el momento, mejor que nunca, para demostrar que un sistema socialista es un sistema humano, benefactor, protector de la mayoría, un gobierno del y para el pueblo. Ahí está Cuba, ofreciendo ayuda después de 60 años de bloqueo. 60 años y nuestro sistema neocapitalista no aguanta ni 15 días.

SOCIALISMO O MUERTE, PATRIA O MUERTE

Juan Luís Corbacho.