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Editorial febrero 2020

Un elemento central de la batalla ideológica de nuestros días es la cuestión de la caracterización del imperialismo, como forma actual del sistema capitalista internacional. Tres datos paradigmáticos nos sirven para fijar la posición del PCPE:

1.- Las 2.153 personas más ricas del mundo controlaron, en el año 2019, más dinero que los 4.600 millones más pobres. Las mujeres realizan diariamente 12.500 millones de horas de trabajo sin ser remuneradas ni reconocidas (Oxfam).

 

2.- Hoy, a nivel mundial, se producen alimentos suficientes para 12.000 millones de personas. La actual población mundial está en el rango de los 7.000 millones de personas, de las cuales 900 millones pasan hambre. Como consecuencia de una alimentación deficiente cada año mueren seis millones de niños, esto es como si murieran por carencia de alimentos todos los niños de Japón en un año (FAO).

 

3.- El gasto mundial en armamento asciende a la cantidad de 1,62 billones de euros anuales. Cantidad con la que es posible poner fin a la situación de hambre mundial.

 

Esta condensada radiografía nos permite sacar conclusiones inmediatas:

a) El capitalismo internacional está sujeto a un acelerado proceso de concentración y centralización del capital, en manos de una cantidad cada día más reducida de gigantescos monopolios transnacionales. Este proceso, absolutamente imparable dentro de la lógica capitalista, supone una desposesión (expropiación) progresiva de la clase obrera internacional, y de los sectores populares. Como tal proceso es imparable, ello lleva a un empobrecimiento creciente de la gran mayoría social, cuyas vidas quedan sometidas y esclavizadas a la dictadura mundial de esos pocos monopolios.

b) El altísimo desarrollo de las fuerzas productivas, que se ejemplifica con lo expuesto arriba en el punto 2, permitiría hoy la solución a las grandes necesidades de la Humanidad. Pero es la propiedad privada de los medios de producción lo que impide que esas fantásticas capacidades productivas se pongan al servicio de la mayoría social. La apropiación privada, de la inmensa riqueza creada por la clase obrera, impide la aplicación de ésta a su función social, siendo el despilfarro de lo producido, y la desigualdad en las condiciones de vida, determinaciones irresolubles del sistema capitalista.

c) El capitalismo internacional, en su etapa imperialista, utiliza la guerra como instrumento de máxima violencia para mantener la acumulación de capital, y tratar de revertir la inexorable caída de la tasa de ganancia. Marx demostró que el desarrollo histórico del capitalismo hace cada vez más difícil mantener la tasa de la ganancia capitalista, y que ésta progresivamente disminuye.

Analizada así la realidad actual, la Humanidad se enfrenta a un bárbaro sistema antisocial, que tiene la disposición absoluta de destruir hasta las mismas condiciones de vida en el planeta con tal de mantenerse como sistema dominante y hegemónico. Tanto en su intervención desmesurada sobre la naturaleza que acaba con la biodiversidad, como mediante las guerras cada día más letales y contaminantes. Socialismo o barbarie, como dijera Rosa Luxemburgo, es la disyuntiva a la que se enfrentan los pueblos también en este momento histórico. Pero esa disyuntiva se da hoy en una fase de agravamiento superior, por las mayores dificultades del sistema capitalista para mantener el proceso de reproducción ampliada del capital, en un escenario duramente confrontado entre grandes potencias que se disputan los mismos intereses económicos, mercancías, o materias primas.

Gobierno de coalición socialdemócrata

El capitalismo español forma parte de esta misma lógica parasitaria y antisocial, pero con una dificultad añadida, que le viene de la profunda crisis interna que desde hace años soporta el bloque oligárquico-burgués dominante, crisis que está afectando de manera sensible a sus mecanismos de legitimación.

En esta situación el bloque oligárquico-burgués opta por un gobierno de la socialdemocracia. Pedro Sánchez asumió con disciplina este encargo, apenas cuarenta y ocho horas después de los resultados electorales del 10-N, en una nueva demostración de que, en momentos de dificultades del bloque de poder dominante, a la socialdemocracia se le asigna el papel de amortiguador de las contradicciones de clase, y se le usa como colaborador necesario a favor de la burguesía para desactivar la movilización social de protesta. Una de sus tareas será impedir la realización de cualquier huelga general durante su mandato.

Este es un gobierno que tiene claro que no puede tocar ninguna de las políticas estratégicas que impone la dictadura del capital en España, y que su papel se limita a la dulcificación de la dictadura de clase, con un barniz social que ilusione a las masas obreras y populares, reforzando su alienación.

El nuevo proyecto histórico del PCPE

En tal contexto, el PCPE es la fuerza política revolucionaria que, con mayor madurez, representa un sólido proyecto político alternativo a la actual dictadura de clase. La propuesta de República Socialista de carácter Confederal es el nuevo proyecto histórico necesario para nuestro país, que abrirá el camino a la clase obrera para la conquista del poder y el tránsito hacia un nuevo paradigma en correspondencia con las exigencias históricas, nunca resueltas por la burguesía.

La esperpéntica sobreactuación que protagonizan hoy las fuerzas políticas más reaccionarias (PP-Vox-Cs) es hija de la monarquía de los Borbones. Fuerzas que representan el más patético circo nacional de la decadente España, la de la pandereta, el incienso, los guardias civiles y los señoritos terratenientes. La España del crucifijo y la ignorancia frente a las ideas de la Ilustración, que tan bien describiera Benito Pérez Galdós sobre la corte de Fernando VI.

La dictadura del capital actual, bajo la forma de monarquía parlamentaria, lleva a la clase obrera a una constante degradación en sus condiciones de vida y de trabajo: el 48% de la fuerza de trabajo está infrautilizada (OIT), el paro juvenil medio es del 31,68%, llegando en algunos territorios al 44% (EPA INE 3T2019), hay 8,5 millones de personas en exclusión social, las mujeres tienen que trabajar 1,5 horas más al día para ganar lo mismo que los hombres (FOESSA 2019), 4 millones de trabajadores/as ganan menos de 860 euros al mes, trabajan y están en la pobreza (ADECCO 2019), etc.

La República Socialista será la forma del Estado capaz de construirse como resultado de la unión voluntaria de pueblos libres y soberanos, que se sientan protagonistas de ese proceso histórico revolucionario, en todos los órdenes. Superando así la huella histórica del secular fracaso burgués. Y convirtiendo, por primera vez, a sus pueblos en protagonistas de su propia historia. El carácter Confederal de esa República es un reconocimiento ineludible a la diversidad de quienes la conforman.

Un sólido y amplio bloque de alianzas sociales, en lo que ha de ser el Frente Obrero y Popular por el Socialismo, levantará el proceso de movilización que hará posible la victoria del imparable cambio histórico. Ahí la clase obrera ha de convertirse en clase hegemónica del bloque de alianzas, y lo conseguirá siempre que actúe bajo la conducción de su Partido de Vanguardia.

El PCPE se construye, tanto en lo político y como en lo organizativo, con la determinación de ser la fuerza determinante en el avance de este nuevo proyecto histórico.

El PCPE apunta directamente a la cabeza de la monarquía, situándose como vanguardia de la clase obrera y de los sectores populares, hastiados de tanta corrupción y de tanta explotación.

Un PCPE, fundido en el crisol de la lucha de clases, alejado de intrigas palaciegas seudorrevolucionarias de raigambre eurocomunista, y fortalecido como continuador de las mejores experiencias de las luchas del proletariado. Esa es la fuerza que derribará los muros de las más altas fortalezas del bloque oligárquico-burgués que nos oprime y nos explota.